Masai Mara, caza al amanecer

Si hay una reserva idónea para realizar un primer safari esa es el Mara, como se le dice por estas latitudes al parque más popular de África Oriental.

Elena del Amo

Los precios razonablemente asequibles de los viajes a Kenia -más bajos que a cualquier otro destino en el que admirar la fauna africana- constituyen un factor decisivo. Pero, sobre todo, contribuye la abrumadora densidad de animales salvajes que mora en las onduladas sabanas ocres de esta reserva aposentada sobre las tierras de los masai, que es la prolongación natural de Parque Nacional del Serengeti, ya en Tanzania. Entre las fronteras de ambos países, ignoradas por los animales en su busca de pastos frescos, cruzan cada año entre julio y octubre cerca de un millón y medio de ñus, 250.000 cebras y medio millón de gacelas, seguidos en corto por leones y hienas complacidos ante tal concentración de carne.
Pero aunque la migración de los ñus despache uno de los espectáculos más sobrecogedores de la naturaleza africana, el Mara resulta imponente en todo momento. En sus 1.500 kilómetros cuadrados no es raro toparse en un día cualquiera de safari con los míticos big five o cinco grandes: el león, el búfalo, el elefante, el incluso aquí muy diezmado rinoceronte y el leopardo, el más esquivo y difícil de ver de todos. Además de estos protagonistas indiscutibles, por sus extensiones asoman todo el año grandes manadas de herbívoros, siempre alerta ante la entrada en acción de un guepardo o una manada de leonas. Impalas, gacelas de Thompson y de Grant, topis, cebras, ñus o jirafas se concentran por sus praderas sin bajar la guardia, alzando nerviosamente el hocico a cada instante para cerciorarse de que ningún predador se ha arrancado porque para ellos la velocidad es la única baza con la que garantizar la supervivencia.
Los mejores safaris, o al menos la mayor probabilidad de presenciar escenas de caza, tienen lugar al amanecer, cuando la sabana se despereza y los animales nocturnos están aún activos, y al atardecer. Son en estos momentos cuando los lodges proponen a sus huéspedes salir al encuentro de la fauna en todoterrenos o furgonetas que se echan a las pistas de la reserva guiadas por rangers que conocen los territorios de cada animal y que en cada safari salen a la caza (fotográfica, claro) de una especie todavía no avistada. Aunque cualquiera puede adentrarse en Masai Mara con su coche, la mayoría de sus visitantes lo hace en los vehículos de su lodge. Y es que, aunque no es misión imposible, resulta más sencillo perderse por sus caminos de arena que dar con una familia de leones retozando a la sombra de una acacia o que distinguir un ave concreta de las cerca de 450 especies con residencia fija. Aun así, el exceso de vehículos en algunas temporadas es algo que se le puede reprochar al Mara y, sobre todo, que éstos se aproximen más de lo debido a los animales, saliéndose incluso de las pistas, lo cual perjudica tanto a la fauna como a la también imprescindible flora de la reserva.
En las horas centrales del día es raro ver en acción a los predadores, aunque las manadas de herbívoros siempre asoman y el paisaje se antoja más grandioso ante la escasa presencia humana. De forma que cuando el sol ecuatorial cae a plomo sobre la sabana, la mayoría aprovecha para visitar alguna aldea masai próxima, para charlar sobre los hábitos de los animales con los naturalistas que algunos lodges tienen en nómina, para atrincherarse en la piscina a consultar los libros de fauna que prestan a los huéspedes o para decidir con qué alicientes aliñar la jornada siguiente, que en el Mara incluyen desde una caminata a pie en compañía de un guarda hasta una romántica cena en pareja en un claro junto al río o un safari en globo, en el que sobrevolar en silencio las manadas al despuntar el sol antes de tomar tierra frente a un desayuno con champán sobre la sabana al más genuino estilo de Memorias de África .
Los Lodges

Los cómodos lodges repartidos por el Masai Mara son un buen centro de operaciones para admirar la migración de ñus, gacelas y cebras, con leones y hienas siempre al acecho.