Marvão, el enclave veraniego de Portugal para los amantes del romanticismo

Todo el encanto del Alentejo en una pequeña villa medieval fortificada

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Rui T Guedes / ISTOCK

A unos cuarenta kilómetros al sur del curso del río Tajo, formando parte ya de la región de Alentejo, Marvão se descubre, desde lo alto de la Sierra de São Mamede, como un enclave sosegado protegido entre murallas que se antoja como uno de los rincones rurales más románticos de Portugal.

Una villa medieval coronada por la presencia de su emblemático castillo, desde donde poder contemplar unas vistas panorámicas formidables de todo lo que alcance la vista a nuestro alrededor. Un punto privilegiado para rendirse al encanto de Portugal con el telón de fondo de un amanecer o una puesta de sol como en pocos sitios podrás contemplar.

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Todos los ingredientes para enamorarse

Marvão es una villa singular donde las piedras rezuman historia. Una población que hunde sus raíces en la ocupación romana de la zona, de la que son fieles testigos en la actualidad las ruinas de la ciudad de Ammaia, a unos ocho kilómetros al sur.

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El nombre de Marvão, de etimología árabe, nos deja adivinar el origen y el motivo del actual emplazamiento del castillo, viajando al pasado hasta una época de conquistas y reconquistas que convirtieron esta fortaleza en un lugar estratégico de gran importancia. Hoy en día, la fortificación medieval es el alma de la villa. Una construcción defensiva que confiere ese aspecto de enclave inexpugnable aunque al penetrar en su interior y recorrer sus murallas percibimos con sorpresa todo el encanto que encierra este recinto medieval.

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Los aires del Alentejo se dejan sentir desde las alturas de este punto elevado ofreciéndonos una panorámica circundante que nos permite divisar el horizonte hacia todos los puntos cardinales. Tal y como escribió el Premio Nobel de literatura José Saramago en su obra Viaje a Portugal, «desde Marvão se ve toda la Tierra», y no pudo estar más acertado al expresar la inmensidad de las vistas que desde este enclave podemos disfrutar. Un regalo para nuestros ojos que nos permite contemplar además tanto los amaneceres como las puestas de sol mientras sentimos el palpitar del corazón del Parque Natural de la Sierra de São Mamede.

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Mientras, al pasear por las calles empedradas de la villa, vamos hallando a cada paso pequeños rincones secretos que se iluminan con las fachadas blancas de las casas. Marvão es uno de esos lugares que te hechiza a golpe de instantes, donde el tiempo parece ralentizarse al compás de la tranquilidad que se masculla en su ambiente.

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Un destino cercano con muchas posibilidades

La proximidad de Marvão a la frontera con España, a no mucha distancia de la ciudad de Cáceres, hace de esta población portuguesa un destino cercano que nos va a envolver, sin embargo, en la magia del país vecino.

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A poca distancia de Portalegre y Castelo de Vide, y de fácil acceso a sus inmediaciones a través de la N-521, conserva, a pesar de todo ello, un cierto aislamiento en mitad del Parque Natural de la Sierra de São Mamede que evita su masificación aun tratándose de uno de los pueblos más bellos y atractivos del Alentejo.

Por otro lado, el hecho de no estar permitido el acceso de los vehículos al núcleo principal de la localidad – existe un aparcamiento al pie de la muralla en la entrada para este fin -, es una enorme ventaja a la hora de disfrutar de su encanto sin las molestias del tráfico rodado.

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Una vez que penetramos en su interior, la arquitectura alentejana nos recibe en un entorno amurallado excepcional que, con la presencia intermitente de varias iglesias y capillas a nuestro paso, nos va conduciendo poco a poco, rincón tras rincón, hacia el punto culminante de la villa: el castillo.

El castillo del siglo XII es, sin duda, el gran protagonista de Marvão. La antesala de la fortaleza y su torre del homenaje, los jardines de Santa María, son una joya que crea un paisaje urbano a la altura de una obra maestra. Al acceder al interior y encontrarnos en el gran patio central, nada nos hace adivinar que nos encontramos a 850 metros de altitud en mitad de la sierra, salvo cuando nos aventuramos a recorrer las murallas y comenzamos a divisar a nuestro alrededor el Parque Natural.

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No podemos olvidarnos tampoco de un importante evento que se celebra durante el verano cada año en el interior del castillo y otros rincones de la localidad. El Festival Internacional de Música Clásica será la guinda al pastel - si las fechas de nuestra visita coinciden con esta cita - y el colofón de una experiencia cargada de romanticismo bajo el embrujo de la siempre inspiradora región de Alentejo.