Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Ni Marrakech, ni Fez: la ciudad más fascinante de Marruecos está enclavada entre las montañas del Rif y teñida de un azul intenso

La combinación perfecta entre una cultura viva, naturaleza en estado puro y un azul embriagador.

La ciudad perfecta para los amantes de la naturaleza y la cultura marroquí.

La ciudad perfecta para los amantes de la naturaleza y la cultura marroquí. / Istock / AnetteAndersen

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Si alguien pregunta por qué todo el mundo habla de Chefchaouen en bajito, como si no quisieran que se llenara de turistas, la respuesta es sencilla; porque este lugar tiene algo que no se puede copiar. No es solo una ciudad pintada de azul, es una ciudad que piensa en azul. Y, sin embargo, no hay dos tonos iguales. Situada en el norte de Marruecos, encajada entre montañas como si alguien la hubiera dejado caer sin querer entre dos colinas del Rif, Chefchaouen enamora y atrapa a cualquiera que esté dispuesto a entregarse a la causa. Nada aquí ocurre rápido, y eso es parte del encanto. Así que, ya lo dijo Cristian Castro: "Tan puro y tan azul que embriagó el corazón".

Como el mar, azul

No vamos a mentir; sí, lo primero que haces al llegar es sacar la cámara. Da igual cuántas fotos hayas visto. En cuanto subes la mirada y ves una escalera añil con macetas colgadas en la pared, un gato durmiendo junto a una puerta de madera azul… zas. Caíste. Pero lo interesante es que, después de la primera hora de euforia fotográfica, Chefchaouen te obliga a disfrutar. A dejar de hacer fotos y empezar a mirar de verdad. Y eso, indudablemente, lo convierte en un destino turístico de primera.

Chefchaouen, la ciudad azul de Marruecos.

Chefchaouen, la ciudad azul de Marruecos. / Istock / StefanoZaccaria

El origen del azul no está del todo claro. Algunos dicen que fue idea de los judíos sefardíes que se refugiaron aquí en el siglo XV, que asociaban ese color al cielo y lo usaban como recordatorio espiritual. Otros, que fue una manera de espantar mosquitos. O simplemente de alejar el calor. Lo que está claro es que el azul ha impregnado el ADN de esta ciudad, hasta el punto de que se pinta y repinta cada año. Y no hay una única tonalidad. Hay azul cielo, azul cobalto, azul pastel, azul eléctrico, azul grisáceo, azul lavanda… Cada calle parece una paleta de acuarelas.

. Escalera azul y pared decorada con macetas de colores, en Chefchaouen.

. Escalera azul y pared decorada con macetas de colores, en Chefchaouen. / Istock / emicristea

Lo más bonito no está en las guías

Lo fácil es quedarse en el casco histórico. Y no está mal. La plaza Uta el-Hammam, con su mezcla de turistas y propios, las tiendas de artesanía. Por su parte, la Gran Mezquita es un ejemplo perfecto de la arquitectura islámica, aunque su entrada está limitada para musulmanes. Otro de los elementos más emblemáticos de la ciudad es la kasbah con sus muros ocres, que data del siglo XV y cuyo propósito era defender la ciudad de las invasiones portuguesas. Pero lo más interesante está más arriba, en las callejuelas empinadas donde los gatos son los reyes, la cotidianidad es la protagonista y la artesanía te conquistará.

Jardín con una fuente de agua dentro de la Kasbah de Chefchaouen.

Jardín con una fuente de agua dentro de la Kasbah de Chefchaouen. / Istock / James Andrews

Y, si sigues subiendo, el premio es doble. Desde el Mirador de la Mezquita Española, una construcción sencilla y blanca situada en la colina que domina la ciudad, se obtiene una de las mejores vistas urbanas de Marruecos. Chefchaouen se extiende como una colcha azul entre olivos, con las montañas del Rif recortando el horizonte.

Vista panorámica de Chefchauen al atardecer.

Vista panorámica de Chefchauen al atardecer. / Istock / Travel_Motion

Tampoco me olvido de los amantes de la naturaleza. Si te consideras de este club, aquí vas a estar en tu salsa, pues es una de las puertas de entrada al Parque Nacional de Talassemtane (una maravilla, si me preguntas). Además, te recomiendo encarecidamente visitar las cascadas de Akchour u Oued Kannar.

Cascades d'Akchour, Montañas del Rif, Marruecos.

Cascades d'Akchour, Montañas del Rif, Marruecos. / Istock / JulianSchaldach

Un zoco distinto

Chefchaouen no compite con Fez ni Marrakech. No quiere hacerlo. Su medina es pequeña, manejable, y aunque hay tiendas para turistas, la sensación es distinta. Aquí no te gritan para que compres, no hay diez vendedores persiguiéndote por cada babucha que miras. Y eso, quieras que no, se agradece. La mayoría de los puestos ofrecen artesanía local; mantas tejidas a mano, jabones de argán, especias que perfuman el aire, bolsos de cuero que huelen a taller... Y si quieres una experiencia más auténtica, solo tienes que levantarte pronto y colarte en el mercado diario. Pocas veces verás tan clara la conexión entre la ciudad y su entorno rural.

Vibrante escena callejera en Chefchaouen con coloridos puestos de mercado, artículos hechos a mano y una torre histórica en el fondo.

Vibrante escena callejera en Chefchaouen con coloridos puestos de mercado, artículos hechos a mano y una torre histórica en el fondo. / Istock / Detlef Voigt

Así que, ya sabes, si buscas un viaje distinto, en el que disfrutar de la riqueza cultural marroquí unido a la magia de uno de los lugares más fascinantes del planeta, "la ciudad azul" es tu sitio ideal.