Marialva, el pueblo de la Doncella de los Pies de Cabra

Una de las más singulares aldeas históricas de Portugal

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: vector99 / ISTOCK

La Región Centro de Portugal es una caja de sorpresas. Recorrer las carreteras de esta vasta extensión del país vecino supone toda una aventura que agudiza los sentidos a cada instante, haciendo de nuestro viaje una experiencia cargada de emociones. Emociones que vienen de la mano del encanto especial que rezuman sus pueblos y paisajes, del sabor de lo auténtico y de las leyendas que envuelven cada pequeña historia que aprendemos a nuestro paso. Marialva reúne todo ello. Una de las doce Aldeas Históricas con las que nos podemos topar en este territorio de Portugal, con su enorme atractivo y las huellas del pasado impregnadas en cada rincón.

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Una reliquia que aún vive

La pequeña freguesía de Marialva es una aldea escasamente poblada ubicada al oeste pero a la misma altura que el Parque Natural de Arribes del Duero. Situada en el distrito de Guarda, forma parte de las más atrayentes rutas por las Aldeas Históricas de Portugal, a pesar de que su pequeño tamaño y su marcado despoblamiento no nos hacen imaginar esa idea. Su dilatada historia como lugar poblado nos remonta al siglo VI a.C., acumulando desde entonces una ajetreada existencia al amparo de la colina sobre la que se basó su asentamiento. Pueblos prerromanos, romanos, árabes, cristianos… han dejado su impronta sobre ella, legándonos unas trazas del pasado que se han convertido en su conjunto en la reliquia viva que constituye hoy en día Marialva.

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Declarada Monumento Nacional en 1978, la notable merma de población que ha sufrido a lo largo del siglo XX ha supuesto una sentida pérdida para su futuro como aldea pero ha ensalzado el enorme encanto con el que se muestra ante nosotros.

La ciudadela fortificada, una de las tres partes de las que se compone la freguesía, junto con el arrabal y la dehesa, es un fantasmagórico recinto de calles y edificios en ruinas con el castillo en lo alto a más de 600 metros de altitud. Una perfecta conjunción de elementos antiquísimos con toda la esencia medieval, que piedra a piedra nos conquista de principio a fin de nuestra visita.

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La leyenda de la Doncella de los Pies de Cabra

Si existe un hecho que ha dado relevancia a Marialva ese es la cuestión de su propio nombre. Unas historias apuntan a los árabes como los culpables de que se conozca así; otras, a los castellanos; otras, al rey de Portugal Alfonso II tras donar la población a una amante llamada María Alva… Y, sin embargo, es una leyenda huérfana de trazas históricas la que ha dejado poso tras el paso del tiempo sobre el origen del nombre. Según ella, un noble que iba de paso cayó enamorado de una joven doncella llamada María Alva que vivía en este lugar. Cegado por su atracción, ya pensaba en las nupcias para contraer matrimonio con ella, encargando a un zapatero un bonito calzado para la dama.

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Al no conocer la talla del pie, el zapatero tuvo la idea de extender harina a los pies de la cama donde dormía la joven, para así conseguir la huella cuando se levantase a la mañana siguiente. Cuál sería la sorpresa del zapatero al observar que las huellas correspondían con las pezuñas de una cabra. Sin embargo, guardó silencio y no reveló el secreto al decidido noble. Al recibir la doncella el calzado, viendo que su secreto había sido desvelado, subió a lo alto de una torre y se arrojó al vacío. No es de extrañar que esta población sea el fruto de tan insólita leyenda, pues esta pequeña plaza militar a orillas del río Alva fue durante mucho tiempo un lugar inaccesible que alimentó todo tipo de historias.

El recinto del castillo y las murallas, comenzado a levantar a principios del siglo XIII sobre el antiguo castro romano, conservó vestigios de los antiguos moradores y fue poblándose con el tiempo con otros muchos edificios como torres, casas, o las más recientes Iglesia de Santiago y la Capilla del Señor de los Pasos, con su bellísimo techo decorado. Por encima de todas las construcciones destaca la Torre del Homenaje – la única parte que se conserva del castillo -, fiel testigo del paso de los años de todo este conjunto por el que caminar se torna una experiencia casi espiritual, tras atravesar su entrada principal por la Puerta del Ángel de la Guardia.

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En el centro del recinto, una bella picota de granito del siglo XV se ha convertido en el símbolo de esta ciudadela medieval que nos sumerge de lleno en un ambiente sobrecogedor entre las ruinas y lo apartado y solitario del lugar. Una imagen ancestral que nos devuelve unas espléndidas vistas desde la falda del risco, especialmente desde los dominios de la capilla de Santa Bárbara, dando lugar a un mirador espectacular sobre la dehesa, donde se encuentra la parte del pueblo más nueva. Ya fuera del recinto, en el arrabal, no hay que dejar de pasar junto a la capilla de Nuestra Señora de Lourdes para no perderse las sepulturas excavadas en la roca.

El trazado medieval del arrabal – surgió en el siglo XIII – es aún perfectamente visible y callejear por él significa adentrarse en la historia. Frente a la capilla de Nuestra Señora de Lourdes, un bonito crucero con escalones nos marca la senda para llegar hasta la calle principal del arrabal, donde descubriremos excelentes ejemplos de casas señoriales y otras viviendas al más puro estilo tradicional de la zona, con sus típicas columnas sosteniendo los portales.

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Un escenario perfecto para el animado mercado medieval que se celebra anualmente en Marialva y en el que, como no podría ser menos, se representa la leyenda más popular de la aldea, la de la Doncella de los Pies de Cabra.