Si no sabes si estás en el mar o en el cielo, estás en las islas Berlengas

El paraíso portugués a un paso de Lisboa

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: TPopova / ISTOCK

Portugal cuenta con un pequeño archipiélago poco conocido fuera de sus fronteras pero que es todo un paraíso natural. Declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco, las islas Berlengas son uno de esos lugares íntimamente vinculados con tierra firme pero que, al mismo tiempo, conforman un reducto de espacios salvajes y paisajes increíbles en los que en ocasiones es difícil distinguir si uno se encuentra a ras de mar o en el mismo cielo.

Islas Berlengas | Luis Fonseca / ISTOCK

Un entorno protegido en el que las visitas están limitadas cada día para defender sus ecosistemas de la acción antrópica, siendo una muy interesante opción para vivir una experiencia completamente diferente si nos encontramos en los alrededores de la ciudad de Lisboa.

Un archipiélago cargado de belleza natural

Las islas Berlengas se encuentran muy próximas a la costa peninsular lusa, a tan solo una decena de kilómetros del cabo Carvoeiro, que constituye el extremo de una pequeña península en la que se sitúa la turística localidad de Peniche.

Este archipiélago bañado por las aguas del océano Atlántico se compone de tres grupos de islas comprendidas en un territorio mayor de mar que abarca un total de casi 10000 hectáreas. De ellas, Berlenga Grande es la mayor de todas ellas, representando las dos terceras partes de las tierras emergidas del archipiélago, con un kilómetro y medio de largo por casi uno de ancho.

Islas Berlengas | Cris Freitas / ISTOCK

Ocupadas desde la Antigüedad y lugar de paso frecuente para numerosos pueblos que han surcado estas aguas, estas islas formadas de roca granítica están consideradas de manera extraoficial como la primera área protegida del planeta, ya que en 1465 Berlenga Grande quedó exenta de ser territorio de caza gracias al rey Alfonso V de Portugal. Un anecdótico precedente ocurrido siglos atrás que va en consonancia con el reconocimiento del archipiélago como Reserva Natural y su posterior declaración por la Unesco en 2011 como Reserva de la Biosfera.

La gran riqueza de los ecosistemas de las islas Berlengas, unido a su belleza paisajística y la transparencia y color de sus aguas, hacen de ellas un paraíso cercano que merece mucho la pena conocer. Es bien admirada su biodiversidad marina y su enorme variedad en lo que respecta a la avifauna, con el arao común como especie más sobresaliente – el símbolo del parque natural -, así como su singularidad botánica, con numerosas plantas endémicas.

Puente de acceso a la Fortaleza de San Juan Bautista | Luis Fonseca / ISTOCK

Dada esta particularidad y la necesidad de protección del archipiélago para su conservación, el acceso al mismo está fuertemente limitado, reduciéndose a tan solo unas pocas centenas de visitantes al día, que se concentran en la isla de Berlenga Grande gracias a las frecuentes lanzaderas que la unen con la población de Peniche, en una travesía que no se prolonga mucho más allá de la media hora de duración.

La Fortaleza de San Juan Bautista

Las cristalinas aguas de tonos verdosos de las aguas que rodean las islas Berlengas son el marco perfecto para la mayor de ellas. Berlenga Grande representa la postal más identificada de todo el archipiélago. Un hecho que se debe en gran parte a la preciosa estampa junto al océano de la Fortaleza de San Juan Bautista, un complejo defensivo construido en el siglo XVII que se ubicó en el espacio donde se situaba un antiguo monasterio. Un hermoso viaducto de piedra conecta la fortaleza con el resto de la isla, creando un paisaje espléndido en sintonía con las aguas verdosas del entorno marítimo.

Fortaleza de San Juan Bautista | TPopova / ISTOCK

Esta construcción defensiva de extraña planta irregular, que antiguamente jugó un importante papel estratégico en estas aguas, ha sido hoy en día reconvertida en albergue, sumándose a la oferta de alojamiento junto con el camping que se sitúa frente al fuerte y el típico barrio de pescadores – Bairro Comandante Andrade e Silva - próximo a ambos, donde algunas de las casas se ofrecen a los veraneantes.

En lo más alto de la isla, oteando el horizonte y frente a la fortaleza, unido por senderos con el camping, se encuentra el faro del Duque de Bragança, una torre construida en el siglo XIX que se sitúa a 121 metros sobre el nivel del mar, desde donde se obtienen unas magníficas vistas panorámicas.

Faro del Duque de Bragança | Jose Luis Alvarez Esteban / ISTOCK

Mientras, en los alrededores, es imprescindible realizar una excursión en barco que nos conduzca a descubrir las bonitas grutas de la isla, que suponen una de las atracciones turísticas más populares de las Berlengas. Una de ellas es la Gruta Azul, bajo la Fortaleza de San Juan Bautista, pero la más afamada es seguramente el Furado Grande, una gran abertura en la roca de decenas de metros de longitud y gran altura que impresiona.

Paseos en barco que se complementan con otras de las actividades más reclamadas en el archipiélago, como son el esnórquel y el buceo, que permiten admirar la gran riqueza natural que se oculta bajo las aguas de este paradisiaco punto que conserva Portugal.