Manneken Pis: 400 años del ‘niño meón’

Bruselas rinde homenaje a la diminuta escultura que es el símbolo de la ciudad cuando se cumplen cuatro siglos desde su instalación

Noelia Ferreiro
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Es, con permiso del Atomium, el icono de Bruselas, un reclamo turístico imprescindible que, aunque a veces desconcierta debido a su pequeño tamaño, atrae a miles de visitantes. Hablamos del Manneken Pis, “el hombre pequeño que orina”, según su traducción del neerlandés, el travieso niño meón de la capital belga. 

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Apoyada sobre un pedestal en la esquina entre la rue l'Etuve y la rue du Chêne, a tiro de piedra de la Grand Place, esta escultura de bronce de apenas medio metro cumple este año cuatro siglos desde su instalación en 1619. Por eso la ciudad le rinde un homenaje con numerosos eventos. Entre ellos, la acuñación de una moneda conmemorativa de 2,5 euros con el Manneken Pis como protagonista. Diseñada por Jérôme Duquesnoy, arquitecto y escultor flamenco de la corte del archiduque Alberto y su esposa, la archiduquesa Isabelle, gobernadores de los Países Bajos, el origen de la famosa estatua es motivo de numerosas interpretaciones cargadas con un plus de leyenda. 

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El niño salvador y otras historias

Una de ellas es aquella que dice que durante las guerras entre belgas y holandeses, un niño iba paseando por el campo y, al encontrar una bomba a punto de estallar, consiguió apagar la mecha con su propia orina cuando la ciudad estaba siendo sitiada. Otra habla de otro menor que era el hijo de una familia burguesa, que se había perdido por la ciudad. Al encontrarlo, el niño estaba orinando tranquilamente y los padres decidieron hacerle una escultura para inmortalizar el feliz momento. Y no faltan otras historias que están tejidas de fantasía. Entre ellas, la que afirma que era un revoltoso muchacho que orinaba en la puerta del hogar de una bruja y que ésta, en venganza, lo convirtió en escultura para la posteridad.

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Más cuerda parece la versión que habla de un sencillo homenaje a las curtidurías de la ciudad, donde la orina de los niños pequeños, con un alto contenido en amoníaco, era comúnmente utilizada para suavizar el cuero. Y la más realista es la que atribuye su origen a ser simplemente una fuente con la que abastecer a este barrio de agua potable y fresca. El motivo de su forma tan curiosa no sería más que una demostración del sentido del humor belga.

Vestuario de celebrity

En torno al Manneken Pis existe una curiosa tradición que se remonta a finales del siglo XVII, cuando el emperador de entonces obsequió con un traje a la escultura. Desde ese momento, el atuendo del niño meón cambia cada poco tiempo. 

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Hoy día, más de 900 prendas conforman su extenso vestuario, que varía en función de los eventos folclóricos de Bruselas y de otros acontecimientos mundiales. Desde el vestido de Santa Claus en Navidad hasta el del propio Papa, pasando por el uniforme de fútbol de determinados equipos que vienen a jugar a la ciudad (en 2018 lució el del Atlético de Madrid en un acto impulsado por la asociación colchonera belga). Todos estos trajes se exhiben en el último piso del Museo de la Ville, ubicado en la icónica Grand Place.

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A lo largo de estos cuatro siglos, también esta escultura ha sufrido algunos calvarios. Como su eterna rivalidad con el otro Manneken Pis de la localidad belga de Geraardsbergen, que reivindica que es anterior al homólogo de Bruselas. O como su robo, en 1960, que alcanzó proporciones mediáticas. Tras ser recuperada la figura, se optó por resguardar el original y se sustituyó por una réplica

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