Maldivas, descalzos en el paraíso

Te soplamos las tres formas de olvidarte del mundo en este archipiélago de postal, con su cogollo de atolones diseminados por el índico, al que Iberia comienza este mes a operar vuelos directos.

Elena del Amo
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Foto: mbbirdy / ISTOCK

Descalzarse para no dejar de rozar la arena ni al ir a cenar, y no volver a acordarse del mundo hasta finiquitar el último día de escondite en las Maldivas. No es casualidad que “no shoes, no news” o, lo que es lo mismo, sin zapatos ni noticias lleve años oficiando como el grito de guerra de este puzle de anillos de coral que, casi al ras del Índico, se desparrama a ambos lados del Ecuador.

Este archipiélago al sur de la India suma exactamente 1.192 islitas, en su mayoría deshabitadas y dueñas de una fotogénica ecuación de círculos concéntricos de colores. Al central, tapizado por el verdor de los cocoteros, lo abraza una franja de playa como el talco, y esta a su vez queda orlada por una laguna de transparencias turquesas protegida de mar abierto por una barrera de arrecifes.

Cada día, una inmersión

Casi dos centenares de ellas albergan aldeas de pescadores, y aún no alcanzan esta cifra las que contienen ni más (¡ni menos!) que un único hotel. Hasta no hace tanto, instalarse en alguna de estas islas-resort era prácticamente la única opción cuando se elegían las Maldivas. Se fueron sumando pequeños barcos concebidos, sobre todo, para que los buceadores pudieran desplazarse a lo largo y ancho de sus 26 atolones y emprender cada día una inmersión diferente por sus fondos de primera. La última en aterrizar ha sido la fórmula low-cost de las guest houses, donde alojarse en casas particulares y vivir de cerca el día a día de los inquilinos de esta esquina del paraíso.

Malé, capital de la República de Maldivas. | niromaks / ISTOCK

De no trabajar en los hoteles, gran parte del ni medio millón de maldivos son pescadores. Un tercio de tan escueta población se concentra en Malé, la capital de este país donde el 99 por ciento de su territorio es agua.

Aunque la única ciudad del archipiélago suma buenos puñados de hoteles y algunos alicientes, como su mercado de fruta y pescado o el viejo bazar, instalarse para unas vacaciones en este cogollo atestado de edificios tiene poco sentido.

Vista aérea de los atolones de Maldivas. | NanoStockk / ISTOCK

Para empaparse de vida local, mejor hacerlo en las aldeas diseminadas por su barbaridad de atolones; algo que, hasta hace unos años, era poco menos que misión imposible.

La fórmula de la guest house

Y es que, al apostar por el turismo en la pasada década de los setenta, las autoridades de esta nación musulmana se cuidaron muy mucho de proteger a sus vecinos de las señoras en biquini y demás perversidades de allende los mares. Incluso las visitas a algunas de estas islas habitadas se hacían con cuentagotas, y siempre en excursiones de visto y no visto organizadas por algún resort de las proximidades.

Hoy la cosa ha cambiado y van aflorando cual champiñones las guest houses, donde los maldivos hacen de anfitriones a quienes no pueden pagarse un hotel de más o menos lujo o, simplemente, prefieren conocer la cara más real de las Maldivas. Las mejores entre su ya centenar de guest houses podrían considerarse un hotel boutique, mientras otras se acercan más a un desenfadado bed and breakfast con, en ambos casos, facilidades para salir a bucear, a pescar o contratar una escapada hasta un islote desierto en el que jugar a ser robinsón por un día.

Hidroavión en el embarcadero de la isla Halaveli. | Robert Pavsic / ISTOCK

Otra de las ventajas de esta fórmula low-cost es la posibilidad de utilizar los transportes locales, ahorrándose los desplazamientos prohibitivos de las islas-resort. Eso sí, se pide a los huéspedes —a las huéspedes, sobre todo— respetar las costumbres locales y vestir más recatadamente de como lo harían en aquellas.

Decenas de guest houses, clasificadas por categoría, atolones y distancia del aeropuerto de Malé se pueden encontrar en la página web

Los cruceros mastodónticos no lo tienen fácil para desembarcar en este archipiélago tan particular que sus casi dos centenares de islas habitadas —al margen de no contar con servicios para tanto pasajero ni atesorar gran cosa que ver— tienen un acceso bastante restringido. Por su parte, sus cerca de 150 islas-resort están concebidas exclusivamente para sus huéspedes, mientras que la capital, con tanto bloque de edificios, sería muy capaz de arruinar la imagen de paraíso perdido de las Maldivas.

Arrecife de coral en Maldivas. | SHansche / ISTOCK

Son varios sin embargo los cruceros que incluyen en sus itinerarios el placer de navegar entre la estampa perfecta de sus islas antes de continuar rumbo hacia otros destinos del Índico. Más suculentos, sin embargo, los llamados liveaboards, unos barquitos pequeños con los que ir recalando por varios de sus atolones.

Sumergirse cada noche

Se chartean generalmente por semanas para grupos cerrados de familiares o amigos, aunque en muchos puede reservarse un camarote sin más. La mayoría son una opción exclusiva, aunque pocos alcanzan el lujo extremo del yate Four Seasons Explorer, de la prestigiosa cadena hotelera. Mención aparte merecen los barcos, por norma mucho más informales, consagrados al buceo, donde el lujo es poderse sumergir cada día ¡y también cada noche! en unos fondos diferentes: en busca de enjambres de mantarrayas y de algún descomunal tiburón ballena por atolones como los de Baa o Alif Dhaal, en compañía de los tiburones tigre que dan fama al de Addu, entre thilas o montes de coral infestados de multitud de peces tropicales…

Vistas desde la infinity pool de uno de los resorts de la isla. | bogdanhoda / ISTOCK

Las Maldivas figuran entre los cinco mejores lugares del mundo para el submarinismo. Una de las empresas con más solera en el destino es la bilbaína Blue Force (blueforcefleet.com), cuyo barco, con capacidad para 24 pasajeros, fue hace unos años galardonado como el mejor de los construidos en Maldivas. La experiencia de su tripulación les permite cambiar prácticamente cada semana de itinerario en busca de los mejores avistamientos, como las inmersiones por los atolones menos trillados del hemisferio sur o sus Manta Expeditions de septiembre.Una selección de liveaboards, en maldives.com/live-aboards.

Quedarse en una isla-hotel es la opción más frecuente y, aunque en los folletos de las agencias estas islas-resort parezcan diferir en poco más que en el precio, la experiencia en unas y otras puede ser radicalmente distinta. De hecho, dar con la que más se ajuste a lo que busque cada cual resulta más vital en Maldivas que en casi cualquier otro destino, donde al hotel se va a poco más que a dormir. Aquí, salvo de contratar a precio de oro alguna excursión —a bucear o hacer snorkel, a visitar alguna aldea local, a salir en barco al encuentro de los delfines, a disfrutar de una barbacoa en un banco de arena posado sobre la inmensidad del Índico…— no se saldrá de la isla elegida, y en ella no habrá ni un poblado al que escaparse ni bar o servicio alguno que no pertenezca al hotel.

Las Maldivas figuran entre los cinco mejores lugares del mundo para practicar submarinismo. En sus fondos hay 250 especies de coral y más de 1.000 de peces. | Bicho_raro / ISTOCK

Por eso, más allá de que no hay color entre alojarse en una cabaña decorada con gusto o un bungalow sobre el agua y un edificio de pisos, quienes busquen tranquilidad absoluta no deberían optar por las que presumen de discoteca o karaoke por la noche —que las hay—, con paseos en banana acuática o puñados de opciones deportivas y de ocio para pequeños y grandes. Por las mismas, quienes puedan agobiarse con solo un buen libro, su pareja y mucho mar, no deberían elegir una isla diminuta a la que en cinco minutos se le ha dado la vuelta, con poquísimos huéspedes con los que charlar y menos actividades a disposición.

Islas para todos los gustos

El tamaño en Maldivas sí importa, y, por norma general, cuanto más pequeña sea la isla, más hedonista para unos y, para otros, más aburrida. Las hay, además, de ambiente más joven, más pensadas para novios, para familias o adults-only; con todas las comidas incluidas o no, lo cual una vez en el destino supone un extra más que considerable; con o sin centro de buceo, con spa, con club para niños, con actividades de yoga... Es cuestión de pensar qué es lo que se busca realmente, e informarse al detalle para ir sobre seguro.

Recorrido en bicicleta por una de las islas. | lncreativemedia / ISTOCK

Entre las islas-resort más lujosas que comercializan las agencias, las villas sobre la playa o el agua de las vecinas The Residence Falhumaafushi y The Residence Dhigurah (cenizaro.com), con entre ambas más del doble de habitaciones que el también cinco estrellas Six Senses Laamu (sixsenses.com), de 95 villas y suites.

Con el sello de Design Hotels (designhotels.com) están el exquisito Patina Maldives de Fari Islands y el Finolhu (finolhu.com), toda una rareza en este archipiélago donde impera la norma de una isla, un hotel: sus 125 villas privadas se extienden a lo largo de cuatro islas, sumando sus playas cerca de dos kilómetros de largo.

Hidroavión sobre uno de los atolones de Maldivas. | Jag_cz / ISTOCK

Más pequeños son el resort Kihavah y, sobre todo, el Naladhu, ambos de la firma Anantara (anantara.com). Este último cuenta con apenas 20 residencias de estilo colonial, aunque con acceso a las instalaciones del más grande y orientado a familias Dhigu Resort. También para quienes busquen un escondite pequeño y tremendamente exclusivo están las 34 villas sobre el agua del Como Cocoa Island (comohotels.com) o los 44 pabellones y bungalows de Huvafen Fushi (huvafenfushi.com); los dos Banyan Tree, Vabbinfaru e Ihuru (banyantree.com); el Gili Lankanfushi (gililankanfushiresort.com) o Nika Island (nikaisland.it), donde hasta cuidan el detalle de reducir la iluminación en la noche para que nada impida alzar la mirada y toparse con la Vía Láctea.

También hay lugar para los resorts más asequibles, los ya más grandes Fun y Sun Island (villahotels.com) o, entre tantos otros, el Sheraton Full Moon (marriott.com), con 176 habitaciones, bungalows sobre el agua y villas con vista al mar, muchas de ellas con piscina de inmersión privada. Por su parte, están los que cuentan con la seguridad de que siempre habrá algún miembro del personal que hable español. Hablamos de los todo incluido Riu Palace y Riu Atoll (riu.com), de cinco y cuatro estrellas respectivamente.

Todos ellos se pueden consultar en un práctico buscador donde, además, aparecen las diferentes actividades que ofrecen: visitmaldives.com/en/resorts.