Málaga, capital española de los museos

Manuel Mateo Pérez
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Hay ciudades que creen en una idea y la llevan a cabo. Málaga es una de ellas. Hace años apostó por la cultura y hoy es, no solo la capital artística de Andalucía, sino una de las ciudades más visitadas de España por esos mismos argumentos. Es el resultado de un proyecto de ciudad, de una ilusión hecha realidad. Sus responsables lo supieron desde un principio: Si éramos capaces de crear centros de arte de referencia, los visitantes –hasta entonces abstraídos tan solo por los encantos del sol y la playa– hallarían motivos sobrados para no dejar de venir. La idea había que materializarla. La apertura del Museo Picasso Málaga supuso un antes y un después en la historia de la ciudad. Y de modo paralelo germinaron otros proyectos museísticos de primer nivel que hoy hacen de la capital de la Costa del Sol un imán irrenunciable para los amantes del arte a nivel internacional.

Málaga no es solo una ciudad encantadora, una ciudad patrimonial y con una historia aplastante. A sus encantos monumentales une desde hace años una ruta por algunos de los museos más importantes de este país. Este es un itinerario no solo para los amantes del arte con mayúsculas. Es un paseo para todos aquellos con intereses culturales y curiosidad por las cosas bellas.

Hay que comenzar al lado de la calle Granada, a un paso de la plaza de la Merced. El 27 de octubre de 2003 el Museo Picasso Málaga abrió sus puertas en el Palacio de Buenavista, en la calle San Agustín donde nació uno de los artistas más importantes de la historia del arte de todos los tiempos. Su inauguración fue el punto de partida que convirtió a Málaga en uno de los destinos internacionales más deseados para el turismo cultural. Con los años llegaron a la ciudad otros proyectos museísticos que apuntalaron el carácter artístico de la capital de la Costa del Sol.

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El Picasso Málaga es una de las grandes instituciones artísticas de España. La generosidad de la familia Picasso permitió reunir un total de 233 obras complementadas con la cesión temporal en comodato de otras cuarenta y tres. Un paseo por sus salas permite disfrutar de algunas de sus más reconocidas primeras obras, su vinculación con la ciudad que le vio nacer, el talento versátil de un creador único, la sensibilidad frente a sus gustos, sus apetencias, sus iconos, sus fantasías y sus fantasmas, la importancia que dio a su familia y a su círculo de amistades más cercanas, la manera de observar a los clásicos e interpretarlos, el valor del retrato, la composición, el cubismo, el bodegón, el desnudo…

El Centre Pompidou es el último gran proyecto museístico abierto en Málaga. Está en el Cubo, en una estructura de vanguardia situada en Muelle Uno, frente al puerto. Abrió sus puertas a finales de marzo de este año y su compromiso es estar aquí como mínimo cinco años. Sus responsables lo tienen claro: El ejemplo del Pompidou parisino, uno de los centros de vanguardia internacionales que atesora más de cien mil obras de arte, invita a universalizar este modelo. Málaga ha sido la primera. El Pompidou ofrece un recorrido permanente de varias décadas por obras de arte de calidad innegable realizadas el siglo pasado y este.

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Málaga posee una treintena de museos, pero hay dos de visita irrenunciable. Se trata del Centro de Arte Contemporáneo y del Museo Carmen Thyssen. El CAC Málaga, abierto en el antiguo matadero, a un lado del cauce del río Guadalmina, es un centro plural, cosmopolita, agitador y moderno como pocos. Desde el principio de su inauguración un revulsivo para una ciudad adscrita desde sus orígenes históricos a las corrientes de la modernidad. En pocos lugares como en Málaga un centro de arte contemporáneo tuvo tanto sentido.

El Museo Carmen Thyssen es el epicentro de la pintura paisajística, de los grandes bodegones, los paisajes románticos y de un interesante costumbrismo asentado a lo largo del XIX y de principios del XX. Su colección permanente nos invita a recorrer los grandes nombres de la pintura nacional, desde la Santa Marina de Zurbarán a algunas de las pinturas más intimistas de Julio Romero de Torres. Hay una atención expresa por la pintura andaluza en el Carmen Thyssen. El paisaje romántico está representado por obras de Genaro Pérez Villaamil o Manuel Barrón. El costumbrismo lo enarbolan Domínguez Bécquer y Manuel Cabral Aguado Bejarano. La pintura preciosista representada por Marià Fortuny. Las obras de Darío de Regoyos, Joaquín Sorolla, Francisco Iturrino o Ignacio Zuloaga elevan la pintura española a la categoría de la gran obra europea de su tiempo.