¿Una isla paradisíaca en Alemania? No nos hemos vuelto locos. Bienvenidos a Mainau

Un regalo visual para el mes de mayo en mitad del lago Constanza

José Miguel Barrantes Martín
 | 
Foto: MissPassionPhotography / ISTOCK

Al suroeste de Alemania, haciendo frontera con Austria y Suiza, el lago de Constanza es una de las masas de agua dulce más importantes de toda Europa. Sus 63 kilómetros de largo y los 14 de ancho nos dan una idea de sus dimensiones, al mismo tiempo que nos permiten imaginar el poder regulador del clima de la zona por parte del lago, suavizando los rigores de unas condiciones marcadas por la cercana presencia de la cordillera de los Alpes.

Lago de Constanza. | no_limit_pictures / ISTOCK

Los dos brazos que extienden el lago en su parte occidental nos sorprenden con sendas islas que constituyen, junto con la de Lindau, en el sur, las tres porciones de tierra que sobresalen del nivel de las aguas del Constanza.

Panorámica de la Isla de Mainau, en Alemania. | rusm / ISTOCK

Una de estas dos islas, la de Mainau, se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los lugares de visita imprescindibles de la zona. Su belleza y su espectacular jardín botánico, que inunda la isla de especies vegetales y, sobre todo, de flores, hacen de ella el regalo visual perfecto para el mes de mayo, cuando se encuentra en todo su esplendor.

Barco en la Isla de Mainau, Alemania. | BasieB / ISTOCK

Las flores como absolutas protagonistas

La gran abundancia de flores y conjuntos florales que exhibe la isla de Mainau – se conoce popularmente como «La isla de las flores» -, han hecho de ella un punto exótico dentro del conjunto del territorio de Alemania, así como del resto de Europa, al encontrar en su interior especies que no corresponden a estas latitudes.

Isla de Mainau, Alemania | BasieB / ISTOCK

La bonanza del clima del lago ha propiciado este vergel en mitad de sus aguas, y su carácter isleño le ha conferido un ambiente especial que le otorga aún más un toque distinguido.

Isla de Mainau, Alemania | Kerrick / ISTOCK

Conectada con la circunscripción de la ciudad de Constanza por un puente, el fácil acceso a la isla está garantizado. La entrada, que no es gratuita al tratarse de un espacio privado, da paso a un hermoso jardín botánico de 45 hectáreas, con construcciones históricas como el castillo y la iglesia u otras dependencias como el magnífico invernadero o la Casa de las Mariposas, así como establecimientos de restauración.

Entrada al invernadero y Casa de las Rosas en la Isla de Mainau. | BasieB / ISTOCK

Abierta todos los días desde el amanecer hasta el atardecer, la mejor época para su visita es durante la primavera, aunque no sólo en esta estación se dan las floraciones.

Vistas del jardín botánico de Mainau, en Alemania. | Flavio Vallenari / ISTOCK

Especies tropicales, aves exóticas, flores de todo tipo, destacando las orquídeas, los tulipanes, las 12000 dalias, los narcisos o los rosales – con 8000 plantas -, son algunos de los ejemplos de la riqueza ornamental de este jardín botánico en el que se celebran a lo largo del año varios festivales de gran importancia.

Fuente en la Isla de Mainau, Alemania | MarkusBeck / ISTOCK

Una historia ligada a la nobleza

Ocupada desde muy antiguo, la isla comenzó a florecer en torno al castillo, reconvertido en palacio en la actualidad.

Palacio de Mainau, Alemania | Flavio Vallenari / ISTOCK

La historia de los jardines comenzó en el siglo XIX con Federico I de Baden – que murió en la misma isla -. Tras él, y tras pasar a manos suecas, el siguiente gran propietario fue el conde escandinavo Gustaf Lennart Nikolaus Paul Bernadotte, que utilizó Mainau como lugar de residencia hasta su muerte en 2004 – también en la isla -.

Floración en la Isla de Mainau, Alemania | BasieB / ISTOCK

En la actualidad, una fundación que gestionan dos de los hijos del conde, Bettina y Björn Bernadotte, administra la isla y sus instalaciones, con eventos tan relevantes como la reunión anual de ganadores de los Premios Nobel. Con más de 60 ediciones hasta la fecha, tras la Segunda Guerra Mundial fue elegida como escenario ideal y punto de reunión de los ganadores del premio y los jóvenes investigadores destacados de cada momento, con un tema central cada año, tomando el palacio barroco como punto de reunión; un espacio espectacular para el debate científico, rodeado de flores y las aguas de lago de Constanza.