La magia de Corralejo: bienvenidos al Sahara de las Islas Canarias

Este Parque Natural de Fuerteventura conforma un espectacular paisaje desértico que contrasta con el azul turquesa del Atlántico

Noelia Ferreiro
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Un paisaje con reminiscencias al mayor desierto del mundo ocupa la parte septentrional de Fuerteventura, dibujado por más de 2.600 hectáreas de arena infinita que se extiende en forma de campos de dunas móviles. Es el Parque Natural de Corralejo, al que se considera el Sahara de la más alargada de las Islas Canarias.

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Pero ocurre que no sólo es la inmensidad desértica lo que distingue a este lugar sino que a su magnetismo hay que sumar también la serenidad del océano. La arena dorada contrasta con el esmeralda del océano porque las dunas acaban sumergidas en el mar. Y cuando ambos elementos confluyen, nada puede ser más hermoso.

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Entorno virgen

Ninguna construcción interfiere en la naturaleza de este parque que condensa la belleza árida del norte de la isla y en el que, para acceder, hay que tomar la carretera que une Puerto del Rosario con la localidad de Corralejo (la FV-1) y que lo atraviesa en su totalidad. En cualquier punto es posible estacionar el coche para detenerse a observar sus maravillas.

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Son 35 kilómetros los que separan a la capital, Puerto del Rosario, de estas dunas que, gracias a los vientos alisios, se mueven, crecen e incluso llegan a desaparecer. Aquí podemos tomar el sol, darnos un chapuzón refrescante o aprender a volar una cometa. E incluso entregarnos a toda suerte de deportes náuticos puesto que el lugar dispone de todo lo necesario para disfrutar de vela, pesca, surf, windsurf o kitesurf.

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Isla de Lobos

Si el día es claro (que lo es en el 95 % de los casos), en el horizonte se vislumbra la costa sur de Lanzarote, precedida de la Isla de Lobos. Vale la pena coger un taxi acuático para acercarse a este pequeño paraíso y emprender una ruta de senderismo o explorar los fondos marinos con aletas, gafas y tubo. Después, de vuelta a la isla majorera, la ruta por el litoral septentrional nos reserva muchas sorpresas.

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Y es que esta franja costera cuenta con dos sectores armoniosamente contrastados. Si en la parte norte, junto al gran núcleo turístico de Corralejo, destaca el mayor campo de dunas de las Islas Canarias, bañado por las aguas del Atlántico, en la parte sur encontramos un terreno volcánico, de colores ocres y rojizos, de relieves rugosos y dramáticos. Un lugar en el que hay que dejar atrás el bañador para calzarse las  botas y ascender los 300 metros del volcán Montaña Roja.

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Belleza monótona

El Parque Natural de Corralejo es ese rincón como de otro planeta que distingue a la magia de Fuerteventura. Pero más allá de su innegable belleza, más allá de su conservación y más allá de su gran valor científico, este paisaje también regala uno de los atardeceres más bonitos del archipiélago. Especialmente si uno se adentra lo suficiente y se deja llevar por la sensación de encontrarse en mitad del desierto y saber que al otro lado, siempre, estará el mar.

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Áridos, inhóspitos, desérticos, estos campos de dunas son la esencia de la hermosa monotonía de esta isla, sólo apta para los que gustan de la soledad, el silencio y la contemplación.