Unos cuantos motivos por los que Madeira es, un año más, la Mejor Isla del Mundo

El ecoturismo es la razón de ser de este destino, uno de los más seguros para este verano

Noelia Ferreiro
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Foto: Cristian Mircea Balate / ISTOCK

A nadie ya le sorprende que Madeira haya sido apodada ‘el jardín del Atlántico’, acaso por su condición de vergel en medio del océano, con temperaturas veraniegas durante todo el año. Tampoco que haya sido elegida, por séptimo año consecutivo, la mejor isla del mundo según los World Travel Awards, los premios más prestigiosos del sector turístico.

A nadie le sorprende porque, a poco que se sepa de ella, una idea viene a la cabeza al evocar a este encantador territorio portugués: la explosión de naturaleza, como si se tratara de una suerte de trópico pero en versión europea. Esto, claro, no sólo propicia una vegetación exuberante sino también otros elementos que completan el más espectacular de los paisajes: costas salpicadas de acantilados, milenarios bosques de laurisilva y abruptas montañas que se elevan sobre las nubes dibujando a los pies un manto de algodón

Senderismo, deporte estrella

Madeira, definitivamente, es un destino para desgastar los zapatos. Para sumergirse en esa naturaleza que se empleó a fondo no sólo en la isla mayor sino también en las restantes que conforman el archipiélago: Porto Santo (habitada también) y Desertas y Selvagems, dos pequeñas ínsulas mantenidas como parque natural.

Porto Santo | digitalg / ISTOCK

Lo más gratificante de recalar en este rincón es entregarse a las actividades de ecoturismo. Hacer senderismo por sus innumerables rutas señalizadas supone descubrir muchas joyas. Por ejemplo, el Cabo Girao, con algunos de los acantilados más altos de Europa. O el recóndito valle Curral das Freiras con su mirador Eira do Serrado y su deslumbrante panorámica de castaños.

Valle Curral das Freiras | brytta / ISTOCK

También los paisajes que jalonan la bellísima bahía D’Abra y la Punta de São Lourenço, en el extremo oriental, o los que ascienden hasta los tres grandes picos de la isla: el Pico Ruivo, el más alto, con 1.862 metros: el de la Torres, con 1.851 metros o el Arieiro, con 1.810 metros.

Punta de São Lourenço | PleskyRoman / ISTOCK

Al paso de las levadas

Otros bonitos paseos son los que recorren las características levadas, la gran seña de identidad del paisaje madeirense. Se trata de canales de irrigación que se construyeron en el siglo XVI para transportar el agua, y que hoy ocupan una red de nada menos de 3.000 kilómetros que pueden abordarse a pie o en bicicleta.

Similares a los acueductos antiguos, estas levadas fueron concebidas para aprovechar las fuentes de agua de ciertas regiones de la isla y poder surtir así a otras áreas habitadas y de producción agrícola. Se sabe que la primera en construirse data del año 1439 y que se creó para irrigar los campos de caña de azúcar.

brytta / ISTOCK

Pero también las levadas se emplean históricamente como represas e incluso como fuentes de energía hidroeléctrica puesto que el 14% de la electricidad de la isla está producida por el agua de estas acequias.

Bonitos trayectos

Más allá de su utilidad, las levadas trazan hoy hermosas rutas que son un caramelo para el senderista. A veces rasgadas en la roca sobre abismos de cientos de metros de profundidad, otras atravesando montañas a través de larguísimos túneles, todas ellas atesoran una naturaleza sin igual: cascadas estrepitosas, acantilados escarpados, coloridos cultivos y bosques de laurisilva que parecen extraídos de la prehistoria.

La Levada das 25 Fontes | gui00878 / ISTOCK

Todas merecen la pena pero es La Levada das 25 Fontes la más famosa de la isla. Un camino de 10 kilómetros ida y vuelta que, al paso de la llamada Laguna del Viento, atraviesa un fantástico valle desde el que emerge el agua que alimenta a estas 25 fuentes y que desemboca en una espectacular catarata.

Levada Caldeirão | David Balajka / ISTOCK

Otras hermosas rutas que siguen el curso de estas acequias son la Levada do Norte, Caldeirão Verde y Fajã do Rodrigues. En todas se constata que Madeira es, efectivamente, el jardín del Atlántico.