Lugo, o el privilegio de tomar 'os viños' entre huellas romanas

Un paseo por la ciudad más antigua de Galicia

Noelia Ferreiro
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Foto: Mercedes Rancaño Otero / ISTOCK

Es un museo romano al aire libre con su poderosa muralla única en todo el mundo. Pero también es una colección de restos medievales, de pintorescas callejuelas y de animadas tabernas que le dan la fama de ser uno de los mejores destinos para entregarse al arte del tapeo. Lugo, la ciudad más antigua de Galicia, es en definitiva una parada obligada para todo aquel que disfruta de las pequeñas cosas.

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Emplazada a orillas del Miño, a medio camino de la meseta y la costa, la que fuera Lucus Augusti fundada por los romanos quince años antes de nuestra era contiene una de las grandes joyas de la península ibérica: ese cinturón de piedra declarado Monumento Nacional y Patrimonio de la Humanidad. Porque murallas romanas puede que haya muchas, pero como la de Lugo ninguna. Y no sólo por las vistas soberbias que proporciona sobre el casco histórico, sino también -y sobre todo- porque se trata de la única en el mundo que conserva íntegro su recorrido.

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Joyas únicas

Más de dos kilómetros de muro, que en su día estuvo coronado por 85 torres, permiten hoy un paseo a lo largo de todo su perímetro durante las 24 horas del día. Para ello está el adarve, al que el viajero puede auparse desde la puerta que más le convenga para contemplar la maraña de cúpulas, torres, plazas y callejuelas donde los romanos dejaron su huella: las termas que edificaron al descubrir junto al río un manantial de aguas sulfurosas (hoy es un hotel balneario), el puente después modificado a un kilómetro de la muralla, los restos de construcciones que se han museizado in situ o piezas arqueológicas como los famosos mosaicos.

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Más allá del legado romano,  Lugo es también una ciudad medieval con auténticas obras maestras del románico, el gótico y el barroco. La catedral, que empezó a construirse en 1129, destaca sobre el resto, junto a la iglesia gótica de San Pedro el Ayuntamiento, que es uno de los mejores edificios del barroco civil gallego.

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El mejor momento: el aperitivo

Claro, porque como rezaba un viejo eslogan de los años 60, “Para comer, Lugo”. Era una forma de hacer justicia a una de las mejores gastronomías del norte: la que tiene entre sus platos típicos no sólo excelente marisco y jugosa carne gallega, sino también empanadas de diferentes rellenos, truchas procedentes de los ríos cercanos, caldos reconfortantes y, por supuesto, el pulpo a feira.

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Todo ello puede degustarse sin pagar un céntimo cuando se sale a tomar os viños. Porque en Lugo el aperitivo es una religión que se practica por partida doble: con cada consumición se ofrecen dos tapas: una fría y otra caliente, algo más elaborada.

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El chateo por la Rúa Nova o Rúa da Cruz, donde la abundancia de las tapas merece fama universal, es desde siempre la actividad lucense por excelencia. Y aunque las tabernas del centro suelen ser las más concurridas, también fuera de las murallas existen zonas interesantes: los barrios de La Milagrosa o Aceña de Olga, además de tapas exquisitas, cuentan con animados locales.