Descubrimos el punto más al norte de la península ibérica: bienvenidos a Estaca de Bares

Conocemos la historia del punto más septentrional de la península ibérica

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Iago Casabiell Gonzalez

Latitud 43° 47′ 23.6″ N, longitud 7° 41′ 17.9″ W. No, no estamos leyendo el comienzo de un libro de Julio Verne. Son las coordenadas geográficas del punto más septentrional de la península ibérica: el cabo de Estaca de Bares. Un punto que, aunque parezca sorprendente, se sitúa en una latitud 400 kilómetros más al norte que la posición exacta de la ciudad de Nueva York.

Bruno de Aspe de la Iglesia

Pero Estaca de Bares es mucho más que una curiosidad geográfica. Puertos que se pierden en el correr de los tiempos, bases estadounidenses durante la Guerra Fría, migraciones de casi 300000 aves, semáforos marítimos, acantilados de vértigo… Todo un cúmulo de buenas historias que contar sobre este destacado rincón de la costa gallega.

Un cabo con mucha historia

Llegamos hasta el mirador de Coitelo y nos sentamos en el banco de Loiba – considerado el «Mejor banco del mundo», con permiso del situado en el municipio de Redondela – para admirar a nuestra derecha el contorno costero de uno de los accidentes geográficos más emblemáticos de España. La sierra de la Faladoira a nuestras espaldas y el océano Atlántico frente a nuestros ojos no dejan lugar a dudas de que nos encontramos en un territorio excepcional, delimitado hacia el norte por el municipio de Mañón, donde se sitúa el blanco de nuestras miradas: el cabo de Estaca de Bares.

Xunta de Galicia

Al oeste de donde se encuentra el banco, la desembocadura del río Sor nos perfila la silueta de un cabo que marca el extremo septentrional de la península ibérica, en una latitud que no correspondería con la realidad climática de la zona si no fuera por la acción suavizadora de la corriente del Golfo, distinguiéndolo de lugares tan dispares pero coincidentes en la misma franja latitudinal como la ciudad de Nueva York, conocida por su riguroso clima durante la estación invernal.

Cabo Ortegal | Bruno Bustabad Garcia / ISTOCK

Aunque Estaca de Bares no está considerado oficialmente cómo el punto en el que se unen las aguas del océano Atlántico y del mar Cantábrico – ese honor corresponde al vecino cabo Ortegal - es evidente que comparte con este esa misma naturaleza.  Contando con varios récords en lo referente a la velocidad del viento – con el fuerte Nordés Pardo - y la altura de las olas, no es de extrañar que el mar arremeta con dureza contra los acantilados. Este hecho, unido a las constantes nieblas, hace de vital importancia la existencia de un faro, como es el caso de la simbólica torre que, a casi cien metros sobre el nivel del mar, guía a los marineros durante los temporales.

Basilio

Edificada en 1850 en el montículo de Ventureiro – el nombre habla por sí solo -, su linterna es un auténtico emblema, como bien sabe Eugenio Linares, uno de sus fareros más queridos, que dedicó más de treinta años a guiar la vida marítima de esta zona. Seguramente el más fiel testigo de su inestimable trabajo ha sido El Estaquín de Sigüelos, el más grande de un grupo de islotes que forman parte del cabo y, oficialmente, el punto más septentrional de la península ibérica, situado enfrente de la punta de Estaca de Bares.

Otras historias de marineros se han cocido a fuego lento en el antiguo semáforo marítimo situado en el cabo. Convertido hoy en día en un atractivo hotel, esta construcción militar del primer tercio del siglo XIX se encargaba de entablar contacto con los barcos de la zona mediante un sistema de comunicación a través de banderas. En funcionamiento hasta hace unas décadas, fue también un puesto meteorológico y de observación militar, en consonancia con otras instalaciones cercanas, abandonadas actualmente, que forman parte de la historia más anecdótica de Estaca de Bares. En efecto, no muy lejos de allí nos encontramos con una antigua base militar estadounidense, formando parte del paisaje de la zona desde 1961. Fruto de los acuerdos de Franco con el presidente Eisenhower, sirvió como centro de control aéreo en el contexto de la Guerra Fría. Su sistema de radio de largo alcance (LORAN), uno de los dos de este tipo que han funcionado en España, fue la punta de lanza de unas instalaciones que estuvieron operativas hasta 1991.

Muniamara (Juan Muñoz)

Justo al lado, en una de las pendientes del cabo en la que aún se conservan las ruinas de los viejos molinos de agua de Bares – otra de las reliquias que hablan del rico pasado de este paraje -, se encuentra la Estación Ornitológica del cabo. Por este punto confluyen varias rutas migratorias de aves que hacen que sea posible el avistamiento de casi 300000 ejemplares de diferentes especies a lo largo del año, con el alcatraz como ave icónica de este puesto de observación. Todo un regalo para los aficionados a estos animales.

El puerto que quiso ser fenicio

O Porto de Bares es el núcleo de población más representativo del cabo – y el pueblo situado más al norte de la península ibérica -, a pesar de contar con menos de cien habitantes. Mientras que Vila de Bares se sitúa en la parte alta del acantilado, el puerto es el poblado que está en contacto directo con el mar y con la realidad pesquera de estas tierras. Lugar de historias y leyendas de los antiguos marineros, que viajaban a largas distancias para faenar, hoy en día permanece como un pequeño puerto pesquero en el que aún conservan sus amarres pequeñas barcas.

Wolffoxylady

El dique, conocido como Coído, es sin duda el referente histórico de Estaca de Bares por su importancia arqueológica y su antigüedad. Durante años se especuló con la teoría de su origen fenicio, pero las investigaciones más recientes han apuntado a la más que probable posibilidad de que se trate de un puerto de uso romano, como corroboran los objetos encontrados de esa época relacionados con una industria conservera en la zona.

Pelayo Arbues

Un lugar de gran importancia pesquera que aún hoy es el puerto más antiguo de Galicia en funcionamiento y el dique más antiguo de la península ibérica.

Mientras, su hermosa playa de kilómetro y medio de longitud presenta frente a la población una forma de media luna que la protege de los vientos. El bello paisaje de este arenal de finos granos blancos es uno de los mayores atractivos turísticos de la zona en los meses de verano. No obstante, su distinción con una bandera azul desde 1995 nos habla de la calidad de esta playa que se une a las otras dos principales que podemos encontrar en el cabo de Estaca de Bares, la de Esteiro y la de Vilela, otros dos magníficos ejemplos del litoral de este accidente geográfico tan prolífico en historias y diversidad de lugares.