Los verdes paisajes de Escocia desde la ventanilla del elegante tren Royal Scotsman

Elena del Amo

Hace ya más de dos décadas, desde abril hasta octubre se abre paso por tierras escocesas uno de los trenes más elegantes del mundo. Con varios itinerarios de una a siete noches a bordo, el prohibitivo Royal Scotsman va desvelando a través de la ventanilla sus paisajes de brumas, lagos, castillos e inspiradores páramos, mientras su interior alberga una especie de Gran Hermano de lujo integrado por millonarios llegados de cualquier rincón del planeta para vivir la experiencia y también de simples acomodados con algo muy especial que celebrar. Unas bodas de oro, una pedida de mano o que, por fin, llegó la jubilación son algunas de las excusas que buscan sus ocupantes para permitirse el dispendio -desde 1.263 a y 7.200 a por persona los recorridos de una y siete noches, respectivamente-. Aunque en su honor hay que decir que, comparado con otros trenes de su especie, los camarotes del Royal Scotsman son más amplios que la mayoría -sin literas y todos con cuarto de baño privado- y que todas las excursiones, así como todas las comidas, vinos, aperitivos o copas quedan incluidos en el precio. Además, su pequeña capacidad -para un máximo de 36 pasajeros por 16 de tripulación- facilita que el salón del coche Observatorio se convierta en un lugar de encuentro con otros pasajeros y que el excelente ambiente que se genera a bordo se recuerde como otro de los grandes alicientes del viaje.

Desde que en la estación de Edimburgo el pasaje es conducido por un gaitero hasta el tren, los días en el Royal Scotsman están repletos de sorpresas, que van variando en función del itinerario elegido: visitas privadas a mansiones o a alguna destilería de whisky, cruceros por algunos de sus lagos más idílicos, paseos guiados por los principales pueblos, ciudades o espacios naturales del recorrido, una invitación a una típica fiesta escocesa o veladas amenizadas después de una cena de alto nivel por una arpista o un narrador de historias. Y en todos los circuitos se incluye al menos una noche de gala en la que los hombres han de vestir esmoquin o, mejor todavía, un kilt alquilado para la ocasión en Edimburgo y con el que, a poca gracia que se tenga, hasta el más triste de los varones resulta irresistible.
Más información: www.royalscotsman.com