Los niños monjes

Los monjes budistas en Myanmar carecen de un gran prestigio. Prueba de ello son los más de 500.000 monjes que hay repartridos a los largo del país. Pero el hábito no hace al monje y el camino para conseguir la felicidad en esta vida es largo y alejado del materialismo.

Mariano López
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Foto: Tino Soriano

En Myanmar,el verdadero prestigio no lo posee el millonario sino el monje. Los monjes budistas, de tradicional túnica granate -rosa en el caso de las monjas- encarnan el modelo a seguir para quienes buscan la felicidad en esta vida y desean obtener méritos para avanzar hacia el nirvana en la siguiente reencarnación. Hay más de 500.000 monjes, repartidos en los 56.000 monasterios y miles de conventos y centros budistas del país. De ellos, 300.000 son novicios, en su inmensa mayoría hombres; el número de monjas no llega a las 45.000. El noviciado o sin pyu es la etapa más importante en la vida de un joven birmano. Suele emprenderse entre los 9 y los 12 años. En las familias más apegadas a la tradición, el niño ingresa en el noviciado el día de la luna llena de waso, a principios del verano.

Por la mañana, se le afeita completamente la cabeza. La madre guarda los cabellos en una caja que enterrará en la proximidad de una pagoda. El aspirante a novicio entra, ya rasurado, en el convento o monasterio donde recibe las primeras instrucciones: no podrá comer alimento alguno después de mediodía, tendrá prohibido cantar, jugar, utilizar cosméticos, sentarse en un sitio elevado, poseer dinero, mentir, robar, maltratar, tener relaciones sexuales, blasfemar y escuchar doctrinas heréticas. Cuando el candidato acepta y es aceptado, recibela sangha, la túnica granate que le distingue como monje. Luego, el maestro de ceremonias, el sayadaw, le concede el thabeit, el cuenco negro, de madera o metálico, con el que saldrá a pedir comida. A partir de ese momento, sus padres deben tratarle con respeto y nunca más referirse a él como un niño: al recibir el cuenco y la túnica, ha dicho adiós a su infancia.

El monje vive de la generosidad de sus fieles. Se levanta dos horas antes de que amanezca, desayuna y sale a pedir comida de puerta en puerta. Suele ser bien aceptado. Para los budistas, la donación cotidiana de alimentos a los monjes es un acto de bien. Unas horas después, el monje regresa y comparte la comida recibida con los otros monjes. Después de mediodía, los monjes no abandonan la comunidad. Tampoco ingieren alimentos, salvo agua, hasta el desayuno del día siguiente. Es tiempo de aprender, rezar y meditar. El noviciado de los más pequeños suele durar una semana, aunque se puede prolongar durante años. La tradición anima a cada joven a un segundo periodo de noviciado, al cumplir los 20 años. Solo después de esa edad podrá convertirse en un auténtico monje.