Los Ángeles, capital del sueño americano

Desmesurada, cosmopolita y muy americana. Esta sería una buena descripción para Los Ángeles... si sólo hubiera una. Y es que las siglas "LA" defi nen un conglomerado de lugares tan variado y excéntrico como las diferentes tierras que integran la vecina Disneylandia. Bajo el manto de la eterna juventud se esconde la auténtica esencia de California.

Juan Manuel Bermejo

La hemos visto mil veces en cine y cien mil más en televisión. Conocemos, casi de primera mano, la vida de sus habitantes, desde los hampones de Inglewood hasta los neumáticos vigilantes de las playas de Santa Mónica, pasando por los millonarios de Bel Air o las historias de soñadores del medio oeste que acuden a Hollywood para obtener su derecho constitucional a la fama. Sabemos hasta el código postal de uno de sus barrios más caros, Beverly Hills. Por eso al pisar por primera vez sus calles todo resulta bastante familiar. La realidad difi ere en poco de la que vimos a través del encuadre de una cámara. Pero sólo al abrirlo, o mejor aún, al girar la cámara se puede descubrir la realidad más fascinante de esta ciudad, la que se esconde en los camerinos de la fábrica de sueños .

Quizá una de las películas que mejor refleja el look de la ciudad real sea Pulp Fiction , dirigida por Quentin Tarantino. Y no porque el viajero sea testigo de permanentes refriegas entre matones apocalípticos sino por esas calles de aceras vacías, palmeras y luz esplendorosa por las que se mueven con soltura los desquiciados protagonistas entre complejos de apartamentos de tres plantas y un patio arregladito tras cuyas puertas uno se imagina que ocurren las historias narradas por las producciones de Hollywood.

A diferencia de Nueva York, su gran rival, no puede decirse que Los Ángeles haya recibido mucho de la tradición urbanística europea; a no ser que se considere la división geográfica entre los ricos de las colinas y los pobres de la llanura como una reminiscencia del feudalismo. Las muy marcadas diferencias entre las urbanizaciones fortificadas de las hills o de Orange County y la dura realidad de zonas como South Central ha estado presente en cada uno de los conflictos ocurridos, desde los disturbios de Watts en el año 1965 hasta los más recientes de 1992. Situada en una enorme planicie sólo delimitada por las montañas del norte y por el Pacífico al oeste, su crecimiento ha sido extensivo y, salvo en algunos centros de negocios, los edificios no suelen superar los cuatro pisos de altura. Pero son sus desmesuradas proporciones y la variedad de sus sensibilidades las que convierten a Los Ángeles en una fascinante ciudad moderna.

Sus datos son propios de una megalópolis del siglo XXI. El área metropolitana de Los Ángeles, que agrupa a la ciudad y a otros cuatro condados circundantes, tiene una población de 17 millones de personas. Su potencia económica, derivada de negocios tan dispares como el cine, la moda, la aeronáutica militar o la biotecnología, sitúa a esta zona, sin contar el resto de California, en el décimo puesto de la clasificación mundial, por encima de México y un puesto por debajo de España.

Por ello, la segunda ciudad más grande de Estados Unidos, tras Nueva York, sigue siendo ahora, tal y como hace un siglo, una tierra prometida a la que acuden personas de todo el mundo en busca de cumplir el sueño americano. La población de origen latino supera ya el 47 por ciento del total y un alcalde hispano, Antonio Villaraigosa, gobierna la ciudad por primera vez en más de un siglo.

Pese a que la superficie del Condado de Los Ángeles es similar a la de todo el Principado de Asturias, gran parte de los puntos de interés se encuentran en una franja relativamente estrecha que va desde el Downtown, al Este, hasta Santa Mónica, en el Pacífico. El tópico que dice que Los Ángeles no tiene un centro sino muchos sigue siendo cierto, pero en los últimos años el Downtown ha hecho méritos para recuperar su sitio como corazón de la ciudad.

Fue aquí donde 44 pioneros, los Pobladores, fundaron en 1781 el Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles. El asentamiento pasó de manos españolas a mexicanas, de las que fue arrebatado por el ejército norteamericano junto con el resto de California. Downtown conserva, sin embargo, una parte del legado hispano en la zona llamada El Pueblo, ubicada alrededor de Olvera Street. Se trata de un lugar agradable, y hasta cierto punto atípico, ya que constituye uno de los pocos rincones de la ciudad donde se pueden utilizar las piernas como medio de locomoción sin sentirse un bicho raro.

Downtown fue también el primer refugio de las distintas oleadas de inmigrantes, por lo que alberga lo que fueron y, en ocasiones, aún son las distintas zonas de infl uencia. Del Chinatown de los años 30 retratado por Roman Polanski aún queda el espíritu, aunque una gran parte de sus habitantes viven ahora en barrios periféricos. De menores dimensiones que sus homólogos de Nueva York o San Francisco, Chinatown es un sitio perfecto para merodear en sus tiendas y disfrutar del auténticodim sum y del delicioso pato laqueado. Actualmente es también el barrio de moda entre los artistas angeleños, muchos de los cuales ya han trasladado aquí sus estudios.

Si la construcción de edificios emblemáticos es un signo de la prosperidad de una ciudad, Grand Avenue constituye el refl ejo de la pujanza de Los Ángeles y de la recuperación del Downtown. En poco más de tres manzanas se suceden varios nuevos edifi cios de vanguardia, como la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, un excepcional ejemplo de arquitectura religiosa moderna proyectado por Rafael Moneo, o el Walt Disney Concert Hall, diseñado por Frank Ghery, espectacular aunque sospechosamente parecido al Museo Guggenheim de Bilbao. Vanguardista fue también, en su época, el rascacielos art decó que alberga el Ayuntamiento y que, entre otras cosas, fue la pista de despegue para el Superman televisivo en sus escapadas del Daily Planet .

Hollywood será siempre, por mucho que se revitalice el Downtown, el barrio más famoso de Los Ángeles, incluso más que la propia ciudad. Tanto es así, que parte de los habitantes de este glamouroso enclave inició en el año 2002 un movimiento de secesión que no llegó a cuajar. Hace tiempo que los grandes estudios, excepto el de la Paramount, se trasladaron a las afueras y durante décadas Hollywood ha vivido una crisis de la que empieza a recuperarse. Aunque algo falto de la elegancia de antaño, el visitante no tendrá problemas en poner un poco de su parte. Las gigantescas letras de Hollywood harán el resto.

Hollywood Boulevard hace las delicias de cualquier mitómano y de muchos aficionados al cine, a la música y al show business en general. El Hollywood Walk of Fame (que es una marca registrada de la Cámara de Comercio local) extiende sus estrellas por la acera hasta un total de más de dos mil. Cada año se seleccionan nuevos homenajeados y se realizan ceremonias en la calle con presencia del famoso en cuestión. Entre los que recibirán su estrella en 2007 se encuentran los actores Michael Caine y Michelle Pfeiffer, además de personalidades de la televisión, la música y la radio norteamericanas.

Más exclusiva aún y, sobre todo, más personal es la acera frente al exótico Grauman''s Chinese Theatre. Sólo los más grandes de la industria han dejado las huellas de sus manos y pies (y en ocasiones de su nariz, sus gafas o sus armas) en el cemento junto a dedicatorias escritas a dedo. La tentación de comparar los propios pies y manos con los de los mitos resulta irresistible para la mayoría de los viandantes. Junto al antiguo teatro está la entrada del Kodak Theatre, sede de la ceremonia de entrega de los Oscar y parte de un gigantesco centro comercial.

Si bien pocas estrellas siguen trabajando en Hollywood, muchas de ellas aún viven en el barrio de ricos más famoso del planeta, Beverly Hills. La opulencia entendida al estilo americano, es decir, combinada con el exhibicionismo, tiene su centro en Rodeo Drive, donde tan divertido como comprar, y mucho más barato, es ver escaparates y observar el variado muestrario humano. No es fácil codearse con los famosos en Beverly Hills, aunque sí pueden observarse las rejas que guardan de miradas intrusas sus opulentas mansiones. Sólo hay que proveerse de uno de los recuerdos más típicos de Los Ángeles, el Map to the Stars Homes , y conducir hasta lugares tan dispares y a la vez similares como la mansión Playboy o la casa del difunto Walt Disney.

El ya mítico Sunset Boulevard conduce entre grandes palmeras hasta la pieza restante del rompecabezas de Los Ángeles, el Pacífico, el océano que otorga a la ciudad la cualidad de confín en el lejano oeste. Allí se une con la Ruta 1, que viene desde Alaska, recorre la costa californiana y alcanza el Cono Sur como parte de la Panamericana. También comunica las llamadasBeach Cities , los lugares donde el espíritu hedonista de la ciudad se une con la despreocupación de la vida playera.

Algunas de las mejores playas y también de las más exclusivas son las de Malibú, meca del surf y alternativa marítima a Beverly Hills para muchos famosos. Más al sur, Santa Mónica constituye la playa natural de Los Ángeles. Su papel tradicional como patio de recreo de la ciudad puede observarse aún en el muelle, que alberga un clásico parque de atracciones. La faceta liberal y artística de Santa Mónica contrasta con el conservador Orange County, y esto se aprecia en las galerías, bares y tiendas de segunda mano de Third Street Promenade y Main Street.

Junto a Santa Mónica se levanta Venice, uno de los extravagantes proyectos a los que fue muy dada la California de principios de siglo. La idea era construir una réplica de Venecia, canales incluidos, que cobijara a artistas en general en un ambiente más europeo. La idea no llegó a completarse, pero, a pesar del fracaso inicial, los 60 acabaron por consagrar la zona a la bohemia y en la actualidad la ciudad posee una rica vida cultural. El Ocean Front Walk, un paseo marítimo que recorre Venice Beach, es un auténtico teatro en vivo por donde desfila gente superlativa en belleza, excentricidad o músculos.

Frente a las playas del Océano Pacífico se empieza a sentir cómo se levanta el verdadero peso de la tradición sustituido por la cultura de la eterna provisionalidad. Una sensación liberadora que ha convertido a la ciudad de Los Ángeles en un refugio de intelectuales, soñadores y aventureros.