Lombok, tan cerca y tan lejos de Bali

Carlos Hernández

Un pequeño estrecho de apenas 25 kilómetros le separa de la tumultuosa y popular Bali. Una corta distancia que, sin embargo, parece infinitamente mayor. Recorrer la isla de Lombok es profundizar en la Indonesia sin edulcorar, la verdadera, la que apenas recibe turistas salvo contados grupos de buceadores y amantes del surf.

Sus apenas 70.000 kilómetros cuadrados de superficie concentran buena parte de los paisajes que se pueden contemplar en toda Indonesia. Arrozales infinitos, restos de selva, playas de arena blanca que sirven de puente hacia exuberantes fondos marinos, tradiciones ancestrales y, por encima de todo y de todos, el GunungRinjani: el volcán que parece vigilar todo lo que acontece en la isla.

La localidad costera de Senggigi es un buen punto de partida para recorrer la isla. Situada al norte de la poco atractiva Mataram, capital administrativa de Lombok, cuenta con una amplia y hermosa playa. Las aguas cristalinas, un bosque cercano repleto de monos y un buen puñado de hoteles y restaurantes permiten al viajero preparar tranquilamente su ruta y comenzar a tomar el pulso a la isla. Para ello nada mejor que caminar poco más de un kilómetro hasta BatuBolong. El templo hinduista se encuentra en un enclave privilegiado junto al mar,en el que decenas de fieles realizan ofrendas, cada tarde, mientras contemplan la puesta de sol.

Los amantes de la fórmula ‘playa con marcha'' encontrarán su lugar preferido en Kuta, en el Sur de la región central o en las agobiantemente turistizadas islas Gili (al Noroeste). Pero si lo que se busca son playas de arena blanca poco frecuentadas, la mejor opción pasa por dirigirse al extremo Suroeste donde las bahías compiten en belleza y en tranquilidad.

Arroz e historia
Pero Lombok es mucho más que una serie de playas paradisiacas. En las afueras de Mataram, en la localidad de Gunung Sari se amontonan todas las mañanas multitud de pequeños carros tirados por caballos. Son el medio de transporte por el que llegan hasta aquí, cada día, vendedores y compradores de toda la isla. Es el mercado tradicional más grande de la región y también el que rebosa mayor autenticidad.

Sobre el suelo, al aire libre, se exhiben los chiles, todo tipo de verduras y coloridas frutas. Las mujeres regatean hasta la extenuación el precio del género, mientras las vendedoras se preocupan de remarcar las virtudes del mismo. A pocos metros se ofrece pescado aún vivo que se conserva en pequeños recipientes llenos de agua de mar. Como suele ocurrir en países en vías de desarrollo, la carne es la que menos apetitosa se presenta debido a la ingente cantidad de moscas que constantemente planea y aterriza sobre ella.

A un puñado de kilómetros, hacia el Sur, destacan los chillones colores de un peculiar cementerio. Es el camposanto donde reposan centenares de miembros de la comunidad china. Las tumbas están profusamente decoradas con estatuas de figuras humanas, dragones, flores y otros llamativos ornamentos. El cementerio sirve, a la vez, de silencioso homenaje a los centenares de chinos que fueron asesinados durante la violenta ola de disturbios sociales y étnicos del año 2.000.

Dejando atrás este triste recuerdo se toma la carretera hacia el este que llega al mismísimo corazón de Lombok. Las playas dejan paso a los inmensos campos de arroz y a las plantaciones de tabaco y bananas. La pequeña localidad de Tetebatu es una hilera de casas destartaladas rodeadas de verdísimos arrozales que se cultivan en terrazas. El agua fluye por rústicas canalizaciones que permiten inundar cada campo de acuerdo al momento del proceso de cultivo en que se encuentre.

Las espigas amarillas, denotan que el arroz está listo para ser recogido. Familias enteras se organizan para la recolección. Desde los ancianos hasta los más pequeños se afanan en golpear las plantas recién cortadas contra una consistente estructura de madera. La violencia del choque, hace que el grano de arroz salte desde la espiga hasta las telas que se han colocado sobre el suelo para recogerlo. Pese a la dureza del trabajo, el ambiente es casi festivo entre quienes participan de él. 2012 está dando buenas cosechas y eso es sinónimo de bonanza, alimento y, por tanto, de felicidad.

Tradiciones ancestrales
Felices se muestran también quienes participan en el ritual de la circuncisión. Son Sasaks, la etnia que primero pobló la isla deLombok. Han fusionado sus ancestrales tradiciones animistas con las normas de la religión mayoritaria y dominante: el islamismo. Los niños y niñas a los que ha llegado el momento de ser circuncidados, son colocados sobre unos palanquines que asemejan tronos, dragones o caballos de madera. A hombros de los adultos, la música tradicional Sasak acompaña al cortejo que recorrerá, de punta a punta, toda la localidad. Quienes menos parecen divertirse son los protagonistas de la celebración que acaban de ser circuncidados.

Y si Lombok es tierra de ritos y tradiciones, el altar mayor de la isla es, sin duda, su imponente volcán. El GunungRinjani, con sus casi 3.000 metros de altura, es venerado con respeto por los habitantes no solo de esta sino también de otras islas adyacentes como la mismísima Bali.

Peregrinos, en su mayoría de religión hinduista pero también Sasaks musulmanes, ascienden durante más de siete horas hasta la cresta del volcán. Allí realizan su primera parada contemplando un paisaje irrepetible. A un lado puede verse medio Lombok, el Oceáno Índico salpicado de islas y el GunungAgung, el volcán que se yergue sobre Bali. Al otro lado el panorama es aún más impresionante: el interior del cráter del Rinjani está cubierto por el Danau Segara Anak, el ‘Hijo del Mar''. Un lago turquesa del que sobresale un nuevo volcán que permanece despierto aunque, actualmente, su actividad se limita a verter un río de sulfuro sobre las aguas del ‘Hijo del Mar''.

El lago es precisamente el último destino de los peregrinos. Tras superar una escarpada y, a ratos, peligrosa bajada, se reúnen en la orilla para realizar ofrendas. Flores, frutas, patos asados y otros alimentos son ofrecidos a los dioses. Los más devotos, o mejor dicho, los devotos más pudientes se adentran en las aguas para arrojar joyas y dinero en la zona más profunda del lago.

Una vez cumplido el ritual, se inicia la última ascensión hacia lo más alto: la cumbre del Rinjani situada a algo más de 2.900 metros. Allí donde moran los dioses y muy cerca de las estrellas es donde más se siente la necesidad de que la autenticidad de Lombok siga resistiendo los embates del desarrollo turístico que ya devoró buena parte del encanto de su gemela, Bali.