Lisboa íntima, espectacular y cálida

Alberto Mateo

El Tajo, después de recorrer mil kilómetros desde la sierra turolense de Albarracín por llanuras y barrancos, llega cansado a Lisboa y, como si quisiera echar una siesta antes de entrar en el Atlántico, se abre en un gran estuario al que los portugueses llaman Mar da Palha. Ahí, el río Tajo y Lisboa se abrazan para darle un toque romántico a sus bellezas, y por eso son muchos los cronistas y poetas que nos hablan de amores enloquecidos entre ambos.