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Liechtenstein, un país liliputiense en el corazón de los Alpes

En pleno corazón de Europa, el minúsculo Principado de Liechtenstein es hoy uno de los países con mayor calidad de vida del planeta y ofrece al viajero contemporáneo algo difícil de encontrar: autenticidad sin artificios. En un mundo donde el turismo de masas ha homogeneizado muchos destinos, este histórico microestado conserva su carácter único, su ritmo pausado y su capacidad para sorprender.

Kapelle Steg, histórica capilla de montaña en Steg.

Kapelle Steg, histórica capilla de montaña en Steg. / David Rocaberti

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Esther Rodríguez

Al arrullo de los majestuosos Alpes y acariciado por las caudalosas aguas del Rin, este país de nombre impronunciable promete una experiencia de viaje única e irrepetible. Sus amables dimensiones, apenas 160 kilómetros cuadrados y cuarenta mil habitantes, son una invitación a recorrerlo sin prisa, disfrutando a sorbos de su irresistible esencia. Aquí el turismo de masas no tiene cabida y su alma zen se confunde con la apabullante belleza de una naturaleza dominada por elevados picos que alcanzan los 2.600 metros sobre el nivel del mar. Majestuosamente encajado entre Suiza y Austria, otra de sus peculiaridades es que, junto a Uzbekistán, es uno de los dos únicos países en el mundo aislados doblemente del mar. Desde Liechtenstein se han de atravesar dos fronteras como mínimo para llegar hasta él. Sus habitantes son gentes superhospitalarias, afables y tranquilas que disfrutan de una vida relajada donde la naturaleza, la calma, la cultura, la gastronomía y la viticultura son protagonistas absolutos.

Patio interior del castillo de Gutenberg.

Patio interior del castillo de Gutenberg. / David Rocaberti

Un reino en miniatura

El peso de la historia es otro de los superlativos de esta minúscula nación. Los actuales soberanos, los Príncipes de Liechtenstein, forman parte de una de las familias nobles más antiguas de Europa y de una dinastía de grandes empresarios. En la antigüedad, la región era un feudo de una de las ramas principales de la Casa de Habsburgo y su origen hunde sus raíces en la lejana Silesia. El actual jefe de Estado, Hans Adam II, pertenece a la Casa de Liechtenstein, fundada en 1608 por Carlos I, y tiene la potestad, entre muchas otras, de nombrar jueces o destituir ministros.

Uno de los rasgos más distintivos de la familia real es su estrecho vínculo con los ciudadanos. Es muy habitual coincidir con alguno de sus integrantes recorriendo las exclusivas tiendas del centro o disfrutando de la gastronomía y los caldos de la región en los establecimientos locales. Los habitantes de Liechtenstein se refieren a su príncipe simplemente como “der Fürst” (el príncipe).

Malbun, Liechtenstein.

Malbun, Liechtenstein. / David Rocaberti

Vaduz, la pequeña ciudad

Su capital, Vaduz, también de tamaño liliputiense, es conocida por los locales como la pequeña ciudad. A pesar de sus reducidas dimensiones, posee una gran relevancia financiera a nivel internacional. Este es el paraíso del menos es más. En la cima de una colina que se asoma a la localidad, el Castillo de Vaduz es su postal más emblemática. Desde 1939, esta fortaleza del siglo XII es la residencia oficial de la familia principesca. Se trata de una de las pocas familias reales europeas que disfrutan del privilegio de vivir en un auténtico castillo de la era medieval. Sus muros de piedra gris, torres cilíndricas y tejados puntiagudos evocan los cuentos de hadas. Aunque su interior no se puede visitar, ascender hasta sus colinas cercanas es altamente recomendable si queréis deleitaros con una imponente panorámica de Vaduz y el valle del Rin. Si el tiempo acompaña, podéis aprovechar para realizar una ruta a pie siguiendo el camino a Känzeli.

Castillo de Gutenberg dominando el horizonte de Balzers.

Castillo de Gutenberg dominando el horizonte de Balzers. / David Rocaberti

Iniciamos el camino de descenso para transitar su calle principal, Städtle, que atraviesa esta minúscula urbe de un extremo al otro. Conocida también como la milla del arte, en ella habitan seis museos y varias galerías de arte. El Museo Nacional (LandesMuseum) ofrece una visión completa de la historia y cultura del país, un punto de encuentro entre tradición y modernidad. Por su parte, el Museo del Arte exhibe una fascinante colección privada de arte moderno. Unos sorprendentes cubos negros y blancos os darán la bienvenida a este premiado edificio vanguardista emplazado en el centro de Vaduz. Para curiosos, coleccionistas y amantes de la filatelia, el Museo de Correos (Briefmarkenmuseum) es una de las joyas del país. Su colección de sellos postales únicos, documentos y máquinas de correo antiguas son una invitación para viajar al pasado y descubrir la fascinante historia de esta enigmática nación.

Los aficionados a las compras disfrutarán de este paseo por algunas de las boutiques más exquisitas de la ciudad. Una opción muy recomendable para no gastar grandes fortunas es comprar el Liechtenstein All Inclusive y beneficiarse de descuentos en muchos establecimientos, así como de degustaciones gratuitas de productos locales. En el número 35 de esta vía peatonal, os espera Hoi Laden, una coqueta tienda de souvenirs y de vinos locales donde os regalarán un imán elaborado con madera local y os darán a elegir entre una copa de uno de los vinos procedentes de la famosa Bodega del Príncipe (Hofkellerei des Fürsten von Liechtenstein), un zumo de frutas o un original gin-tonic. Bettina, la encargada, os recibirá con una sonrisa y os explicará todo lo que queráis saber acerca de la centenaria tradición vitivinícola del principado y sus delicados caldos.

Castillo de Gutenberg preside los viñedos de Burgweg, en Balzers.

Castillo de Gutenberg preside los viñedos de Burgweg, en Balzers. / David Rocaberti

Otra parada obligatoria a escasos metros de esta arteria principal es el casco antiguo, popularmente conocido como Mitteldorf. Aquí reposan varias casas con sus características fachadas centenarias consideradas monumentos de interés histórico. La más emblemática es la Casa Roja, ejemplo de la arquitectura tradicional de Liechtenstein. Aunque en sus orígenes (siglo XVI) fue una mansión privada, hoy es sede del Museo Nacional de Liechtenstein.

Nos despedimos de Vaduz con una visita a otro de los monumentos más significativos: la Catedral de San Florín, de estilo neogótico. Construida a finales del siglo XIX sobre los cimientos de una iglesia medieval, está consagrada a Florián de Remüs, un santo del siglo IX procedente del valle de Vinschgau.

Escultura Main Bronze, de Bernard Bezzina, en la calle Städtle de Vaduz.

Escultura Main Bronze, de Bernard Bezzina, en la calle Städtle de Vaduz. / David Rocaberti

Un mundo de posibilidades más allá de la capital

Pero, ¿qué hay más allá de la capital de Liechtenstein? Las reducidas dimensiones de este paraíso de la banca y de las grandes fortunas son el marco ideal donde habita una curiosa miscelánea entre pueblos de montaña que parecen suspendidos en el tiempo, infinidad de senderos y rutas de ciclismo o castillos de cuento que hablan de un pasado dominado por grandes terratenientes que habitaban un territorio extremadamente pobre, recóndito y abandonado. Os proponemos varias opciones para seguir explorando este incomparable microestado.

Pase Liechtenstein All Inclusive.

Pase Liechtenstein All Inclusive. / David Rocaberti

El viejo puente sobre el Rin (Alte Rheinbrücke)

El viejo puente de madera sobre el Rin es uno de esos lugares imprescindibles en la lista de prioridades de cualquier viajero. Construido a finales del siglo XIX y sometido a varias remodelaciones, es el único puente de madera que se conserva sobre el Rin alpino. Declarado Bien Cultural Nacional en 1954, su simbolismo radica más allá del encanto que le confiere el entorno bucólico que lo rodea. Durante mucho tiempo, fue una de las pocas vías de comunicación entre la localidad de Sevelen en Suiza y la ciudad de Vaduz, en Liechtenstein. En este sentido, ha desempeñado una función crucial para el transporte entre ambos países y la vida de los habitantes de este microestado. A su relevancia histórica se une la magia que lo envuelve: transitar su interior es similar a entrar en una máquina del tiempo que irremediablemente traslada nuestras mentes a una época en la que el Principado no gozaba del elevado nivel de vida actual y la conexión con el país vecino era imprescindible para sobrevivir. Además de ser un rincón superinstagrameable, atravesarlo a pie, a caballo o en bicicleta es una de esas experiencias que no se olvidan.

Castillo de Vaduz.

Castillo de Vaduz. / David Rocaberti

El castillo de Gutenberg

A escasos 10 kilómetros en coche desde Vaduz reposa uno de los rincones más impresionantes y ocultos de Europa: el castillo de Gutenberg. Propiedad de la Casa de Liechtenstein, es, junto al de Vaduz, uno de los dos castillos del Principado que han sobrevivido al devenir de los tiempos. Nos trasladamos a la pequeña localidad de Balzers y ascendemos a pie por una empinada senda conocida como Burgweg. En lo alto de la colina, se erige orgullosa esta fortaleza de estilo alemán. Las vistas sobre los valles que lo rodean son realmente impactantes. Aunque no existe ningún documento ni plano oficial sobre sus orígenes, se construyó sobre una antigua iglesia y torreón militar y desde 1314 perteneció a la Casa de Habsburgo. En el siglo XVIII pierde su función militar y se queda en ruinas. Hoy en día, este impresionante escenario acoge infinidad de eventos culturales y artísticos y, aunque no está abierto al público de forma general, sí es posible visitarlo en tours organizados. Si tenéis la suerte de adentraros en esta fortaleza, os impactará conocer cautivadoras historias como la de Egon Rheinberg, que decidió reconstruir el castillo en torno a 1905 y residió en él unos 30 años. Con la intención de sufragar los costosos gastos de mantenimiento, tuvo la genial idea de montar un restaurante en su interior donde se servía comida y bebida. Su éxito fue tan descomunal, que tuvo que ampliar la sala donde se servían las comidas tirando algunas de las habitaciones del castillo. Otra de las curiosas anécdotas es la que narra que aquí vivió Medea de Novara, una popular actriz de cine mudo casada con un director de cine mexicano.

Iglesia de Triesenberg.

Iglesia de Triesenberg. / David Rocaberti

Aventura, naturaleza y pueblos de cuento

Colmada la parte cultural, es momento de descargar adrenalina y zambullirse en este paraíso de los deportes alpinos y la naturaleza. Si sois amantes de la aventura, las actividades al aire libre y los deportes de montaña, este destino se convertirá en uno de vuestros rincones predilectos. Más de 400 kilómetros de rutas de senderismo debidamente señalizadas según el nivel de dificultad recorren todo el país. A pie o en bicicleta, descubriréis espacios naturales protegidos, la sublime belleza de los paseos a lo largo del Rin, valles infinitos con muchísimo encanto o elevadas cumbres que rozan los 2.600 metros de altitud.

Una de las experiencias más recomendables para senderistas experimentados es la famosa Ruta de los Príncipes, una vía circular que discurre por terreno alpino entre paisajes de gran biodiversidad. Pero si lo que deseáis es caminar de forma más liviana disfrutando de la naturaleza y la fauna del lugar, el Liechtenstein Trail es vuestra ruta. A lo largo de 75 kilómetros divididos en cinco etapas, el viajero descubrirá los lugares históricos más destacados transitando por todos los 11 municipios del Principado: desde Balzers hasta Schaanwald.

obra Raumableiter en Vaduz.

Obra Raumableiter en Vaduz. / David Rocaberti

Existe también la posibilidad de realizar caminatas temáticas y tours guiados. En Malbun, la aldea más elevada de Liechtenstein, el relax, la paz y un entorno pintoresco digno de la ensoñación más exigente están asegurados. Antes de llegar a esta localidad alpina, os recomendamos una parada en el idílico pueblo de Triesenberg, salpicado con simétricas casas de madera decoradas con hermosas flores rojas en sus ventanas, con los imponentes Alpes como telón de fondo.

Un país de grandes vinos y gastronomía de calidad

Y cuando el apetito asome, este pequeño Principado atesora una deliciosa gastronomía local influenciada por las herencias culinarias de los países vecinos, Austria y Suiza. Muchos restaurantes ofrecen recetas tradicionales y, aunque los precios son un poco elevados, la calidad del producto es extraordinaria. Muchos de ellos forman parte de la prestigiosa guía gastronómica Gault & Millau y sus exquisitos platos se maridan con vinos locales que solo se pueden probar in situ, ya que no se exportan. Uno de los templos culinarios más recomendados es el restaurante Vivid, en el interior del Hotel Schatzmann, en la localidad de Triesen.

El imponente castillo de Vaduz se ilumina al anochecer, custodiando la capital, Vaduz, desde su privilegiada posición en lo alto de la montaña.

El imponente castillo de Vaduz se ilumina al anochecer, custodiando la capital, Vaduz, desde su privilegiada posición en lo alto de la montaña. / David Rocaberti

Otra de las grandes sorpresas del país alpino es su tradición vitivinícola milenaria. Los restaurantes del país han desarrollado cartas de vinos que destacan las producciones locales, creando maridajes que combinan los sabores alpinos con los matices únicos de los vinos de la tierra. A lo largo de todo el Principado más de cien viticultores producen caldos que se pueden degustar y comprar in situ. Además de la famosa Bodega del Príncipe, destacan la bodega Castellum en Eschen y la bodega Cantina de Harry Zech en Schaanwald, entre otras.

La bodega del Príncipe de Liechtenstein

Una de las atracciones más famosas del país alpino es la bodega del Príncipe, conocida como Fürstliche Hofkellerei, muy cerquita del centro de Vaduz. Previa reserva a través de su web, el acceso es gratuito y con el Liechtenstein All Inclusive podréis degustar dos de sus caldos free of charge. Este es el lugar para aprender sobre la ancestral cultura vitivinícola del país, pasear entre viñedos y probar excelentes variedades de vinos elaborados con las uvas pinot noir, riesling o chardonnay, que maduran en el valle del Rin. Pertenece a la familia principesca desde el siglo XV y en la actualidad una de sus sommeliers más reputadas es la princesa regente Marie (hofkellerei.com).

Como reza un popular refrán catalán, al pot petit hi ha la bona confitura (en el bote pequeño se encuentra la buena confitura). Así es la esencia de Liechtenstein: un país en miniatura donde la calidad se escribe en letras mayúsculas. El que fuera en sus orígenes un territorio eminentemente agrícola y con muy pocos recursos es, desde hace décadas, el país con una de las rentas per cápita más altas del mundo, donde prácticamente no existe la inflación ni el desempleo. Su excelente oferta cultural, idílicos escenarios naturales, su moderna arquitectura y una gastronomía gourmet regada con grandes vinos locales convierten a este destino en una de las últimas joyas de la vieja Europa.