León, una ruta entre Reservas de la Biosfera

Hasta siete Reservas de la Biosfera hay en la provincia de León, la mayor concentración de este tipo de espacios declarados del planeta. Pero León también atesora comarcas y pueblos históricos bajo la influencia de la Cordillera Cantábrica.

José Miguel Barrantes Martín
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La provincia de León y, más concretamente, el norte de su territorio administrativo, se ha convertido en una especie de baluarte de la protección de los excepcionales espacios naturales con los que cuenta la península ibérica. Los aproximadamente doscientos kilómetros que abarca esta demarcación de Este a Oeste están ocupados mayoritariamente por alguna de las siete reservas de la biosfera de la Unesco, presentando la mayor concentración de este tipo de espacios declarados del planeta.

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No hay que obviar, de todas formas, que el caso de León representa la punta de lanza de un territorio con una riqueza natural envidiable, como es España, que con las recientes incorporaciones se consolida como el país con mayor número de reservas de la biosfera del mundo, con un total de 52. La gran densidad de estos espacios que ostenta la provincia de León es la excusa perfecta para descubrir los múltiples rincones que atesora esta singular franja bajo la influencia de la Cordillera Cantábrica, con la presencia de comarcas y pueblos históricos.

Hablando de comarcas históricas, las primeras referencias que tenemos de Babia aparecen ya en el siglo XII. Un territorio de larga tradición trashumante que bajo la característica silueta de Peña Urbiña -la montaña más alta del sector occidental de la Cordillera Cantábrica- parece haber enamorado a quien lo transitaba ya desde la Edad Media. No obstante, una de las leyendas que explica la célebre expresión estar en Babia alude a la nostalgia bucólica que sentían los pastores tras regresar de estas tierras pasada la estación veraniega, pareciendo quedar absortos en sus recuerdos.

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Justamente ese importante pasado trashumante, que se fraguó con la creación del Consejo de la Mesta en el siglo XIII, nos ha legado una arquitectura tradicional compuesta de hórreos, chozos y majadas con ejemplos como los de Casa de Mieres, Torrestío o los alrededores del Lago de Babia. Los extensos pastos desnudos de masa boscosa que tapizan las laderas y los prados de estos paisajes montañosos salpicados de lagos y lagunas, como el lago Chao, las lagunas de la Mata o la de las Verdes, son la nota predominante de la comarca y representan auténticos remansos de paz que tanto se relacionan con las leyendas sobre Babia.

Lindando por su parte occidental, el valle de Laciana ocupa también una extensión con elevadas altitudes medias, si bien en este caso las manchas forestales presentan grandes densidades y forman algunos de los bosques más espectaculares del norte de España. Robledales y abedulares a la cabeza, se ven acompañados de una gran diversidad de especies como nogales, enebros, álamos, avellanos, hayas, castaños… mientras el curso del río Sil discurre agitador en su tramo alto por el municipio de Villablino.

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Un valle marcado asimismo por la trashumancia y la vida en las brañas, así como por la minería del carbón, que quiere dar un salto hacia la conservación y puesta en valor de sus recursos naturales con las señas de identidad del oso pardo y el urogallo, como bien muestra el Centro del Urogallo de la localidad de Caboalles de Arriba.

Valle de Omaña y Luna

Alejándonos ya de la alta montaña, al sur de Babia y el valle de Laciana, los valles de Omaña y Luna forman la más extensa de entre las reservas de la biosfera leonesas. Aquí, transitando desde el clima atlántico hacia el mediterráneo, se dan cita grandes bosques —algunos de los mayores abedulares de la península, en Omaña—, comenzando a destacar otras especies de menores requerimientos hídricos como las sabinas.

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Por otro lado, la gran importancia geológica y arqueológica de estas tierras, especialmente en el valle del río Luna —curso fluvial que se convierte en el río Órbigo tras confluir con el río Omaña—, se une a la presencia del gran embalse de Luna, que ha dado lugar a un formidable paisaje creado por la acción antrópica, en el que destaca la silueta del esbelto puente del Ingeniero Carlos Fernández Casado. Un recuerdo de otro triste episodio similar al de Riaño en el que hasta 16 pueblos desaparecieron bajo las aguas. En su lugar, Los Barrios de Luna es hoy en día un excelente punto para disfrutar de esta área o para partir a recorrer el cercano e impresionante desfiladero de los Calderones.

Rayando con la reserva de los valles de Omaña y Luna por su flanco oriental se encuentra el Alto Bernesga, que toma su nombre del río que cruza el territorio leonés de norte a sur atravesando su capital de provincia, en un trayecto que nace en la Cordillera Cantábrica a la altura del puerto de Pajares, una de las grandes puertas de acceso hacia el norte de España.

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Una puerta de entrada poco casual si tenemos en cuenta que esta parte de la Montaña Central leonesa ha sido históricamente un lugar de paso, como nos recuerda el Camino de San Salvador, uno de los más característicos del Alto Bernesga y ruta jacobea del norte que transita entre las poblaciones de Oviedo y de León. Al igual que en los valles colindantes, en esta zona podemos encontrar bosques de gran valor, siendo los más destacados los hayedos de Ciñera y de Boyariza, donde crecen ejemplares centenarios de portes fuera de lo común.

Por su parte, la Reserva de la Biosfera de Los Argüellos, que comparte con la anterior el tramo de la Montaña Central de la provincia, destaca sin lugar a dudas por la presencia de las grandes cavidades kársticas de Llamazares y, especialmente, Valporquero, la más famosa de la provincia y una de las más populares turísticamente de España.

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Muy cerca de ambas cuevas, las hoces de Vegacervera y Valdeteja, abiertas por los ríos Torío y Curueño respectivamente, muestran todo el poderío geomorfológico de este sector.

De los picos a los Ancares

Las dos reservas de la biosfera más periféricas de la provincia de León son quizá las dos más emblemáticas de este territorio. Por el Este, el bello sector de los Picos de Europa, ocupado parcialmente por los valles de Sajambre y Valdeón y formando parte del parque nacional, representa el inicio de la Senda del Cares, en la localidad de Caín de Valdeón.

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Y, por el Oeste, Los Ancares, en el extremo oriental del macizo Galaico-Leonés, formación compartida por las provincias de Lugo y León para crear en esta última una barrera montañosa que delimita por el norte la fosa de El Bierzo. Los Ancares Leoneses mantienen como en pocos lugares, gracias a su histórico aislamiento, unas costumbres propias con elementos tan icónicos como las pallozas, especialmente las de Pereda de Ancares, Balboa o Balouta, que cuentan con bellos ejemplos semejantes a los de la vecina localidad lucense de Piornedo.

Mientras, el elemento natural que identifica a los Ancares es el castaño, del que podemos encontrar en la parte leonesa algunos casos monumentales como el célebre O Campano de Villar de Acero, un árbol singular de unos 800 años y 30 metros de altura que, lamentablemente, se vio seriamente dañado por un temporal en 2019.

La futura reserva Gran Cantábrica

La provincia de León es el territorio del mundo con más reservas de la biosfera declaradas. Concretamente son siete, que se ubican todas ellas en la Cordillera Cantábrica. Las reservas de la biosfera son territorios destinados a promover el desarrollo sostenible basado en el trabajo de las comunidades locales y el conocimiento científico. Promueven la conservación de la naturaleza al mismo tiempo que el desarrollo económico y apoyan la educación y la investigación. Surgen de la voluntad de la gente, son establecidas por los respectivos Estados y son reconocidas por la Unesco a través del Programa MaB, Hombre y Biosfera. En todas las de León se pueden encontrar extensas áreas de bosques de enebros, hayas, robles, encinas o abedules con la presencia de especies tan singulares como el rebeco, oso, lobo, nutria y águila real. También cuentan con grandes picos de montaña como Peña Ubiña (de 2.417 metros de altura), cuevas como las de Valporquero, rutas como la famosa Garganta del Cares en Picos de Europa, buenos centros de visitantes como el de Posada de Valdeón, una interesantísima arquitectura popular manifestada en las pallozas de los Ancares y una variada comercialización de productos agropastoriles trabajados de manera tradicional y sostenible. Estas siete reservas leonesas (los Ancares Leoneses, Valle de Laciana, Babia, Valles de Omaña y Luna, Alto Bernesga, Los Argüellos y Picos de Europa) son piezas fundamentales, junto con la asturiana de Muniellos, y la del río Eo, Oscos y Tierras de Burón, compartida entre Asturias y Galicia, para componer la futura Reserva de la Biosfera Gran Cantábrica.