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Le preguntaron si veía algo al asomarse a este hallazgo egipcio y su respuesta pasó a la historia: "Sí, veo cosas maravillosas"

El descubrimiento de la tumba de Tutankamón cambió para siempre la historia de la arqueología gracias a Howard Carter, pero El Valle de los Reyes es mucho más: el fascinante lugar donde los faraones buscaron la vida eterna.

Howard Carter, el arqueólogo que descrubió el hallazgo egipcio de la tumba de Tutankamón: "Sí, veo cosas maravillosas"

Howard Carter, el arqueólogo que descrubió el hallazgo egipcio de la tumba de Tutankamón: "Sí, veo cosas maravillosas" / Istock / Anton Aleksenko

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Durante siglos, los faraones del Antiguo Egipto eligieron un rincón perdido del desierto para preparar su viaje hacia la eternidad. Allí, entre montañas de roca caliza y barrancos aparentemente estériles, nació uno de los lugares arqueológicos más fascinantes del planeta: el Valle de los Reyes. Situado en la orilla occidental del Nilo, frente a la antigua Tebas (la actual Luxor), este enclave es mucho más que el escenario del descubrimiento de la tumba de Tutankamón.

Quien visita hoy este paisaje árido puede sorprenderse al comprobar que, bajo sus pies, se esconden más de sesenta tumbas excavadas directamente en la roca. Lejos de levantar pirámides monumentales, como habían hecho sus antepasados, los faraones del Reino Nuevo optaron por ocultar sus sepulcros en el corazón de la montaña con la esperanza de proteger sus momias y sus tesoros funerarios de los saqueadores.

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Mientras tanto, cada tumba permite descubrir un universo diferente de colores, jeroglíficos y creencias que ayudan a comprender cómo concebían los egipcios la muerte y la eternidad. La tumba de Tutankamón es un enclave declarado UNESCO y continúa siendo uno de los mayores tesoros culturales del mundo. Es la visita imprescindible para cualquier viaje a Egipto. Eso sí, sin olvidar nunca un nombre que cambió para siempre la historia de este lugar: el arqueólogo Howard Carter.

Estatua de Ramesses II en el Templo de Luxor (Egipto)

Estatua de Ramesses II en el Templo de Luxor (Egipto) / Istock / Anton Aleksenko

El edén de los faraones: el valor simbólico que los antiguos egipcios le dieron a este lugar

Para los antiguos egipcios, el oeste simbolizaba el reino de los muertos. Era el lugar donde el sol desaparecía cada tarde antes de renacer al amanecer, un ciclo que representaba el tránsito hacia una nueva vida. Por eso, la necrópolis real debía situarse al otro lado del Nilo, frente a la ciudad de los vivos. El Valle de los Reyes era, para ellos, la puerta hacia el Más Allá. El paisaje también tenía un profundo significado simbólico. Dominando todo el conjunto se alza la montaña de el-Qurn, cuya silueta recuerda sorprendentemente a una pirámide.

Esa forma natural permitió mantener el simbolismo de las antiguas construcciones funerarias sin necesidad de levantar enormes monumentos visibles desde kilómetros de distancia. Bajo esa gran "pirámide" de piedra comenzaron a excavarse los hipogeos donde descansarían algunos de los gobernantes más poderosos de la historia. Entre ellos destacan nombres tan conocidos como Tutankamón, Ramsés II o Hatshepsut, cuyas tumbas siguen despertando la admiración de millones de viajeros cada año.

El templo de la reina Hatshepsut en Luxor

El templo de la reina Hatshepsut en Luxor / Istock / valentinrussanov

La Tumba de Tutankamón: el descubrimiento del arqueólogo Howard Carter

El gran momento de fama internacional llegó el 4 de noviembre de 1922, cuando el arqueólogo Howard Carter encontró el primer escalón que conducía a la tumba de Tutankamón. Aquel hallazgo, financiado por George Herbert, quinto conde de Carnarvon, cambió para siempre la historia de la arqueología. La tumba KV62 apareció prácticamente intacta y escondía más de 5.000 objetos, entre ellos la célebre máscara funeraria de oro que hoy se ha convertido en uno de los grandes iconos del Antiguo Egipto.

Sí, veo cosas maravillosas

Howard Carter

La tumba de Tutankamón (Egipto)

La tumba de Tutankamón (Egipto) / Istock / bloodua

La historia comenzó casi por casualidad. Después de años de excavaciones sin resultados, el arqueólogo localizó un escalón excavado en la roca mientras retiraba arena. Aquel peldaño condujo a una escalinata enterrada que terminaba frente a una puerta sellada con antiguos sellos reales. Carter comprendió enseguida que estaba ante algo excepcional. Fueron días de máxima expectación. El experto practicó un pequeño agujero en la puerta, introdujo una vela y observó el interior. Cuando Carnarvon, incapaz de contener la emoción, le preguntó si podía ver algo, el arqueólogo respondió con una frase que se ha convertido en una de las más célebres: "Sí, veo cosas maravillosas".

La leyenda de la maldición

El descubrimiento pronto quedó envuelto en un halo de misterio. Apenas unos meses después, Lord Carnarvon falleció a consecuencia de una infección derivada de la picadura de un mosquito. Su muerte, unida al fallecimiento de otros colaboradores relacionados con la excavación durante los años posteriores, alimentó la leyenda de la famosa "maldición de Tutankamón".

Tronos, carros, cofres, estatuas, joyas, altares y miles de objetos funerarios permanecían prácticamente intactos. El equipo llegó a catalogar cerca de 5.400 piezas, convirtiendo la tumba de Tutankamón en el hallazgo arqueológico más importante del siglo XX y situando definitivamente al Valle de los Reyes entre los grandes destinos culturales del mundo. Paradójicamente, los especialistas creen que esa sepultura nunca estuvo destinada a albergar al joven faraón.

Jeroglíficos en El valle de los reyes (Luxor, Egipto)

Jeroglíficos en El valle de los reyes (Luxor, Egipto) / Istock / kritsada phruetthiphunphisut

Su muerte prematura, con apenas 18 años, obligó a utilizar una tumba de dimensiones mucho más reducidas que las habituales para un rey. Esa circunstancia, unida a que quedó parcialmente sepultada por construcciones posteriores, permitió que permaneciera oculta durante más de tres mil años.