Las Vegas, CSI es como una oficina de correos

Las Vegas es una ciudad de las más horrorosas que he conocido en mi vida, y precisamente por eso merece la pena verla. Máquinas tragaperras ya en el aeropuerto, imposible escapar de los casinos, ocho mil dólares por un bate de Al Capone... Allí conocimos a Gonzalo García Pelayo, el rey del juego español, y también descubrimos, con una gran decepción por mi parte, que una vez más la fi cción de la famosa serie televisiva "CSI Las Vegas" supera a la realidad.

Jorge Salvador

PRIMER DÍA: Fumando espero... la ruina
La primera en la frente llega nada más bajar del avión. En el mismo pasillo para recoger el equipaje ya están las máquinas tragaperras, imagínense qué desesperados deben estar los americanos que no se esperan ni a recoger las maletas para ya colgarse a jugar en el propio aeropuerto; de hecho, vi tragaperras hasta en un supermercado.

Lo de los casinos no tiene nombre. En un casino no verás ni un reloj ni una ventana que dé al exterior, así el jugador pierde la noción del tiempo; incluso, una vez que entras, cuesta encontrar la salida; de hecho, me perdí 15 minutos dentro del Caesar''s Palace. También dicen que ponen oxígeno enriquecido por el aire acondicionado para poner a tono a la gente. No sé si será verdad, pero a los 30 minutos de estar dentro del casino me picaban los ojos. Bueno lo de los ojos puede que sea porque dentro del casino dejan fumar. Es el colmo: con tal de que los jugadores no salgan a la calle, se saltan a la torera las leyes del país y dentro se puede fumar. Lo increíble es que cuando sales de la zona de juego y pasas a la zona de tiendas, allí no se puede, o sea, que si estás comiendo en un restaurante, para poder fumar lo mejor es volver a entrar al casino. Otra de las tácticas para que te dejes todo el dinero que puedas es invitarte a una copa: se te acerca una chica disfrazada de conejita del Playboy y te invita a una consumición gratis. Entre que va y vuelve pasan unos 10 minutos, ratito en el que el casino se asegura de que no te levantas de la mesa de juego; al fi nal la copita te sale por un ojo de la cara.

SEGUNDO DÍA: El juego y las tiendas
Otra de las "maravillas" de Las Vegas son sus galerías comerciales. Es el negocio perfecto. Si por casualidad hay alguien que gana algo de dinero, tienen un sistema perfecto por el que se aseguran de que te lo vuelvas a gastar sin salir del propio casino. Las salas de juego están directamente conectadas a una zona de tiendas impresionante. Las plantas bajas de los casinos están decoradas simulando calles del exterior; cada casino simula un decorado diferente: el Caesar''s Palace es la antigua Roma, el Planet Hollywood es un poblado árabe... Lo increíble del asunto es que en el techo de estas galerías hay una bóveda pintada con nubes y cielo, iluminada con una suave luz de atardecer. Lo que primero hace gracia por lo curioso y hortera, al cabo de media hora provoca una extraña sensación de confusión porque acabas olvidándote de que estás en un interior y pierdes totalmente la noción de la realidad, si fuera es de día o es de madrugada. El colmo ocurre en el casino Planet Hollywood: cada media hora hay una zona donde empieza a tronar y acaba lloviendo a cántaros ante la absurda mirada de los turistas que acuden allí sólo para ver cómo llueve. Ya me dirán qué cosa tan idiota: ir a ver un sitio donde cada ratito llueve. Vaya idea tan gilipollas han perdido los gallegos, siglos lloviendo sin sacarle un solo dólar.

Todos estos despropósitos se juntan en el Venice, donde se reproducen las calles de Venecia con canales incluidos. Por supuesto, no faltan los gondoleros que incluso canturrean ópera italiana. El problema es que todo esto está en el interior del hotel y las voces de los gondoleros resuenan de una manera un tanto desagradable. Pero hubo un detalle que de repente rompió toda la magia y fue cuando a un niño se le escapó un globo que llevaba en la mano; el globo fue subiendo, subiendo hasta que ¡Ploff! se paró en seco en el aire. Había quedado atrapado en las falsas nubes del falso techo. ¡Ohhhhhhh, se acabó el encanto! El cartón piedra quedó al descubierto. Por cierto, dos días después el globo seguía atrapado en la misma nube falsa. Los arquitectos nunca pensaron en diseñar unas escaleras tan altas que llegaran al cielo...

TERCER DÍA: CSI Las Vegas
Pensábamos que no podíamos pasar por esta ciudad sin conocer el verdadero departamento CSI de Las Vegas y allí nos dirigimos. Antes de seguir he de decir que si algún lector de este artículo es fan de la serie CSI, deje de leer este párrafo inmediatamente y pase a la siguiente página. La sospecha surgió al llegar. Las ofi cinas están situadas a las afueras de Las Vegas, en una especie de zona industrial. El local es una nave con el aspecto de un hangar desangelado. No hay ofi cinas de diseño, no hay ningún glamour, no hay polis con aspecto chulo, no hay tecnología punta; por no haber, ese día no había ni cadáveres. Os ruego que miréis la foto de este señor con un anorak amarillo (arriba) sentado delante de un ordenador. Pues este hombre viene a ser el equivalente a Grissom, pero de verdad.

En ese momento pensé cómo puede haber tanta diferencia entre la fi cción y la realidad. Lo de la serie CSI es la mentira más grande jamás contada. ¡Ohhhhhhhh, qué decepción tan grande! Esto a lo que se parece es a una ofi cina de correos española. Lo único un poco llamativo era un camión con el rótulo "Crime Scene Investigations", pero resultó que no lo usaban; o sea, que estaba ahí de adorno.

CUARTO DÍA: El rey del póquer
Nos encontramos en Las Vegas con Gonzalo García Pelayo. Este hombre es el jefe de un clan familiar que en el año 1992 ideó un sistema para hacer saltar la banca de los casinos jugando a la ruleta. Se dio cuenta de que las ruletas no son máquinas perfectas y algunas tienen defectos que hacen que algunos números salgan más que otros. Durante varios años viajó por todos los casinos del mundo detectando cuáles eran esas ruletas defectuosas. Una vez localizadas, reunió un equipo formado por miembros de su propia familia y se dispuso a desbancar a los grandes casinos, y así fue hasta que los casinos, cansados de perder dinero, les prohibieron la entrada de mala manera.

La historia es tan apasionante que se está preparando un guión para el cine y hasta el canal Historia les ha dedicado un documental de 60 minutos. Pues Gonzalo se encontraba esos días en Las Vegas con un grupo de 30 españoles afi cionados al póquer reclutados por Internet. Esta vez el reto es poner entre todos un fondo común y jugar conjuntamente con el propósito de volver a España con los bolsillos repletos de dólares americanos. Hay que recordar que García Pelayo es un experto en póquer; tanto, que fue el maestro del campeón del mundo de póquer de hace unos años.

QUINTO DÍA: Invasión de "cheerleaders"
De repente, un día al levantarnos nuestro hotel había sido tomado por tres mil "cheerleaders". Imaginad una recepción de hotel con tres mil niñas disfrazadas con minifaldas y lazos en la cabeza, acompañadas por tres mil madres y tres mil hermanitos. No penséis que las chicas eran todas jovencitas espectaculares, eso podría aliviar el asunto; las tres mil "cheerleaders" eran de todas las categorías desde los cinco años. Aquello se convirtió en un infi erno: niñas corriendo, madres buscando a niñas, bebés llorando, entrenadoras enfadadas, chicas dando saltos, pasillos infestados de niñas haciendo corrillos y saltando de una habitación a otra, y lo más curioso, cientos de niñas bajando a desayunar al restaurante del hotel con el pijama y las zapatillas. Debe ser una costumbre americana, pero yo no lo había visto antes, y lo que es peor, el bufé del desayuno colapsado para tomar un café, pero no una cola normal... había unas doscientas niñas en pijama.

Por cierto, para acceder al restaurante había que cruzar entre las mesas de juego. La verdad resultaba muy chocante, por no decir muy vergonzoso, ver pasar grupos de niñas de seis o siete años solas en pijama a las 8 de la mañana al lado de mesas de juego donde había gente apostando al póquer o a los dados; en fi n, qué voy a decir si hace meses se votó dentro de los casinos.

SEXTO DÍA: Tanto horror merece la pena
Qué pena, no tengo espacio para comentar un montón de pequeños detalles que hacen aún más horrorosa esta ciudad, como el casino Excalibur, que es una copia exacta al Exin Castillos que yo tenía de pequeño, o los tres pobres leones que hay en el MGM dentro de una jaula acristalada, en la misma sala donde están las tragaperras, o las tiendas que venden objetos autografi ados por famosos, donde encontré un bate del mismísimo Al Capone por 8.000 dólares, o el parking del aeropuerto, donde hay una zona especial para limusinas, que son aparcadas por colores -a un lado las negras, al otro las blancas-, o el espectáculo del Circ du Soleil sobre los "Vétales", una obra tan espectacular que esperan que dure ¡50 años! en cartel... En fin, esto es Las Vegas, una ciudad tan horrorosa que después de todo he de decir que merece la pena ver, aunque sólo sea para contarlo.