Las cascadas de Burgos

Los valles y la sierra de Burgos tienen en su haber más de una veintena de cascadas y saltos de agua que enamoran a cualquiera.

Los numerosos ríos y afluentes que transcurren por la provincia de Burgos hacen que posea una riqueza natural sorprendente para el visitante que no lo conoce. Así, en el norte de Burgos destaca el salto de Orbaneja del Castillo, ubicado en el pueblo homónimo y enclavado en el Cañón del Ebro. Esta cascada está bañada por las aguas de un pequeño río que nace en la Cueva del Agua y atraviesa toda la población hasta realizar el salto de agua, borbotante durante el deshielo.

También en la zona norte, en la comarca de Las Merindades, en la Sierra de la Tesla se encuentra la cascada de la Tartalés, en la población de Tartalés de los Montes. El mejor momento para observar este salto del río Ebro es durante el invierno o la primavera, aunque en el verano la visita no pierde su encanto, ya que el chorro de agua es constante durante todo el año.

Otra de las cascadas imprescindibles es la de Pedrosa de Tobalina, considerada una de la siete maravillas de la provincia de Burgos. Esta cascada está formada por las aguas del río Jerea y ubicada entre Pedrosa de Tobalina y La Orden. Con más de 12 metros de altura y 100 metros de longitud, es uno de los lugares naturales de Burgos más visitados durante todo el año, aunque en invierno cobra vida propia.

En el Valle de Mena se encuentran las cascadas de San Miguel y de Peñaladros. Mientras que la primera de ellas sólo es visible parte del año, ya que los meses más secos desaparece, la segunda es un secreto a voces de fácil acceso a medio camino entre las localidades de Villasana de Mena (Burgos) y Artziniega (Álava).

Otras cascadas y saltos de agua burgalesee son la de Santa Cruz del Valle-Urbión, Neila, Irus, La Mea, Yeguamea, Tobazo, Rojas, Salto del Nervión o el Salto de Las Pisas, entre otras.