Laponia, gélido paraíso

170 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico se encuentra Kittilä, municipio de la Laponia finlandesa y uno de los principales centros de esquí del país. Destino ideal para ir en busca de auroras boreales y para descubrir la cultura sami, el único pueblo indígena de Europa. Un paraíso natural que alcanza los -50° y que está más cerca de España de lo que podría pensarse.

Un gélido paraíso que encontrarás en el norte de Europa.
Un gélido paraíso que encontrarás en el norte de Europa. / Pablo Fernández

"No podría vivir nunca en un país que alcanza temperaturas de 40°”. Esta frase la escuché a una guía local de Kittilä, municipio de la Laponia finlandesa y uno de los principales destinos turísticos de la región. Todos decimos, constantemente, frases lapidarias. No hay que darle mayor importancia. Estábamos de cháchara—lo que en inglés se denomina small talk—. Pero aquí es importante el contexto. La conversación tuvo lugar en el buffet de un hotel mientras afuera rondaban los -30°. La guía me estaba contando que este municipio ostenta el récord de la temperatura más baja registrada en Finlandia: -51,5°, alcanzado el 28 de enero de 1999. Como broma, yo le contesté que en mi país, España, la temperatura más elevada que se había registrado es de 47,6°, en La Rambla (Córdoba), el 14 de agosto de 2021. Hay casi 100 grados de diferencia entre ambas temperaturas. Personalmente, nunca había estado a una temperatura tan baja. A pesar de ir perfectamente abrigado, mi bigote se congeló. Este es el día a día de las 6.500 personas que viven en Kittilä.

Cima de la estación de esquí de Levi.

Cima de la estación de esquí de Levi.

/ Pablo Fernández

Al día siguiente, las temperaturas ascendieron, sorprendentemente, hasta los 0 grados —parece que aquí también se aprecian los efectos del cambio climático—. Y, viniendo de -30°, 0° no parece tanto. Se lo aseguro. Experimentar estas temperaturas es uno de los incentivos de visitar Laponia. Evidentemente, hay muchos otros. Y de peso: ver auroras boreales, charlar con Santa Claus, visitar una granja de renos, disfrutar de los deportes de nieve, descubrir la cultura sami... ¿Qué queremos decir cuando hablamos de Laponia? Se trata de la región habitada originariamente por el pueblo indígena conocido como samis. Ocupa zonas de Noruega, Suecia, Rusia y Finlandia. En la actualidad, se calcula que en Finlandia hay una población sami de 8.000 personas. De hecho, se considera que los samis son el único pueblo indígena de Europa. Por lo tanto, el resto de la población europea provendría de oleadas migratorias históricas que sucedieron tras la Edad de Hielo.

Redacción Viajar

Todos estos elementos convierten a la Laponia finlandesa en un destino invernal con una creciente demanda entre los viajeros españoles. De hecho, la aerolínea Finnair opera vuelos diarios a Helsinki —capital finlandesa— desde Madrid, Barcelona y Málaga. Y, de forma estacional, también hay vuelos directos con Valencia, Baleares y Canarias. El vuelo desde Madrid a Helsinki, por ejemplo, dura poco más de cuatro horas. Ya en el país, los vuelos locales son numerosos y cortos. El recorrido entre Helsinki y Kittilä es de una hora y 25 minutos. La misma duración, aproximadamente, que el vuelo entre Helsinki y Rovaniemi, el otro gran centro turístico de Laponia.

Moderno iglú del Olo Resort.

Moderno iglú del Olo Resort.

/ Pablo Fernández

La búsqueda de las auroras boreales

Existe cierta obsesión entre los visitantes de esta gélida región por observar auroras boreales. Es comprensible. Este fenómeno lumínico se produce cuando partículas cargadas del Sol chocan con átomos de oxígeno y nitrógeno en la alta atmósfera, liberando así energía en forma de luz de diferentes colores. Los colores dependen de la altura y de si se trata de átomos de oxígeno o de nitrógeno. El más habitual es el verde, producido por átomos de oxígeno a una altura de aproximadamente 90 kilómetros. Para observar auroras boreales hay que encomendarse a la suerte. Pero la tecnología ayuda. Existen numerosas aplicaciones para localizar las zonas en las que es probable que se produzcan auroras boreales. Una de las que usan los locales se llama Northern Lights Alert. Eso sí, cuando uno tiene la fortuna de contemplar una aurora boreal, es una experiencia inolvidable. El que esto escribe trató de fotografiar este espectacular fenómeno sin tener en cuenta que se encontraba a -30°. Los dedos empezaron a perder sensibilidad y me resultó imposible operar la cámara. Existen guantes especiales para emplear con cámaras y móviles. Téngalo en cuenta.

Calle del pueblo de Levi.

Calle del pueblo de Levi.

/ Pablo Fernández

Un gélido paraíso para esquiar... y para acariciar renos

El pueblo de Levi ostenta una de las estaciones de esquí más populares del país. Se encuentra 170 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico. Habitualmente, la temporada de esquí es entre octubre y mayo. Hay que tener en cuenta que, incluso durante las fechas de mayor afluencia de turistas, las modernas instalaciones y la excelente organización impiden las aglomeraciones. Existen numerosas pistas, concretamente 44, y 28 remontes, aptas para todos los niveles. Una de ellas llega incluso hasta la puerta del supermercado del pueblo. Además, existen cerca de 230 kilómetros de pistas de esquí de fondo. En la zona existe una variada oferta de alojamientos. Puede optar por quedarse en el propio pueblo o en alguno de los resorts de las afueras. Olo Resort, abierto hace apenas año y medio, reinterpreta el concepto de iglús con unas construcciones de paredes acristaladas que ofrecen una panorámica impactante de la naturaleza circundante.

Renos en Samiland.

Renos en Samiland.

/ Pablo Fernández

A las afueras de Levi se encuentra el Tonttula Elves Village, el pueblo de los duendes de Papá Noel. Este paraje, ideal para acudir en familia, ofrece al visitante una visión general de la vida de los duendes: desde su escuela hasta su pastelería, pasando por el taller donde elaboran los juguetes, la sauna y, por supuesto, el hogar de Santa Claus. Otro elemento de gran importancia para el reparto de regalos navideños son los renos. En este pueblo es posible visitar los renos con los que reparte los regalos Papá Noel.

Taller de galletas de jengibre en Tonttula Elves Village.

Taller de galletas de jengibre en Tonttula Elves Village.

/ Pablo Fernández

Los renos son parte esencial de la vida de Laponia. Se calcula que hay 200.000 renos en la parte finlandesa, mientras que la población humana es de algo más de 180.000. Dice el refrán español que “del cerdo, hasta los andares”, remarcando que se aprovecha todo de este animal. Podríamos decir que el cerdo lapón es el reno. Se emplea para transporte, como alimento, para obtener leche, para elaborar vestimenta (gracias a su piel), herramientas (con las astas y huesos)... además de ser un gran atractivo turístico. De hecho, la riqueza de la población local puede calcularse en función del número de alces que poseen. Una visita muy interesante al respecto es la granja de renos de Sammuntupa, donde incluso es posible alimentarlos. Ojo, un reno adulto puede llegar hasta los 1,10 metros de altura y pesar más de 150 kilogramos. Y la longitud de la cornamenta alcanza hasta los 1,30 metros. Bromas, las justas. Hay que tener en cuenta que los renos están semidomesticados, pues buena parte del año viven en libertad.

Carretera que asciende a Levi Summit.

Carretera que asciende a Levi Summit.

/ Pablo Fernández

En Laponia, uno de los elementos que más llama la atención al visitante es la luz. Es cierto que hay muchos momentos nublados, pero cuando sale el sol... ¡qué sol! La tonalidad del cielo muestra numerosos matices de naranja, pasando por el rosa o el violeta en este sentido. Es interesante la visita a la casa museo del popular artista local Reidar Särestöniemi. Su pintura ofrece una expresionista y colorida visión del entorno natural lapón. Debido a su ubicación por encima del círculo polar, las horas de luz en Kittilä apenas llegan a cuatro en enero. A partir de febrero, aumentan paulatinamente. En julio, el fenómeno denominado Sol de medianoche ofrece 24 horas de luz continua. Una situación completamente inusual para los viajeros provenientes del sur de Europa. Y una razón más para visitar este gélido paraíso.

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