Lanzarote en siete imprescindibles: cosas que ver en el último paraíso

Playas, por supuesto, pero también volcanes, museos y un vino inconfundible

Noelia Ferreiro
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Foto: zodebala / ISTOCK

Salvaje, insólita, hermosa en su condición volcánica y lunar, Lanzarote es una isla como de otro mundo. Un territorio de estremecedores paisajes de pelado y calcinante perfil que exudan un magnetismo único. Playas de aguas turquesas, colosos de fuego, alocadas formaciones y la mano del hombre en bellísimas creaciones contribuyen a mantener intacto su atractivo. Pasen y vean lo que no hay que perderse en la más cinematográfica del Archipiélago Canario.

El Parque Nacional de Timanfaya

Ideal para sumergirse en la sabiduría geológica es este parque formado por 25 volcanes activos, distribuidos en una superficie de más de 50 km². La ausencia de vegetación, la extrema rugosidad de las formas y la variedad de colores confieren a este paisaje una extraordinaria belleza, que se puede descubrir en distintas rutas a pie o en camello. Una maravilla que a nadie deja sin conmover.

Parque Nacional de Timanfaya, Lanzarote | rusm / ISTOCK

Los Jameos del Agua

Al norte, en Haría, este original paraje está situado en uno de los tubos volcánicos más grandes del mundo y es una de las muchas obras de César Manrique desperdigadas por la isla en un afán de establecer un diálogo entre el arte y la naturaleza. En este caso, el artista aprovecha el accidente geográfio para construir un lago de agua salada y una piscina, en torno a los cuales se despliega la fauna y la flora local. En el mismo lugar está la Cueva de los Verdes, un enrevesado recorrido de un kilómetro a través de una red de galerías conectadas.

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Lago Verde

Aunque su nombre original es Charco de los Clicos, a esta laguna del municipio de Yaiza se la conoce por su impresionante color verde fluorescente, originado por un tipo de alga de su interior. Aunque el baño está prohibido, solo su contemplación resulta espectacular.

Natalia Perez Wahlberg / ISTOCK

Las playas del Papagayo

Toda Lanzarote cuenta con playas estupendas, si bien son éstas las más célebres por el entorno idílico en el que se emplazan: siete kilómetros de arenales vírgenes, refugiados de los vientos alisios y bañadas por aguas tan tranquilas como cristalinas. Otros arenales imprescindibles son Famara, Flamingo, el Caletón Blanco…

Playas de Papagayo, Lanzarote | Bogdan Lazar / ISTOCK

El Museo Atlántico

Una joya para los amantes del submarinismo es este museo, el único parque subacuático de Europa, que cobija unas cuatrocientas obras de arte concebidas para la preservación del océano: con el tiempo, este bello conjunto formará un arrecife artificial con una impresionante vida marina. La visita se realiza buceando, para lo cual ha de tenerse una titulación homologada de buceador hasta 16 metros. En caso de no disponer de ella, se tendrá que realizar un curso de inmersión (bautizo) a través de cualquiera de los centros autorizados de la isla.

Tom Kelly

La huella de César Manrique

El artista que modeló Lanzarote dejó para la posteridad el más bello legado. Arquitecto, escultor, pintor… su obra abarca miradores, jardines, intervenciones en el litoral, centros culturales… Además de las atracciones mencionadas, no hay que perderse el Jardín de Cactus en Guatiza; el Mirador del Río, al norte, sobre la cima de un acantilado; el Museo Internacional de Arte Contemporáneo (MIAC) en el Castillo de San José y la Casa Museo del Campesino con el Monumento a la Fecundidad, inspirada en la arquitectura típica lanzaroteña.

Allard1 / ISTOCK

El vino de la Geria

Nada hay más interesante que este lugar en el que los campesinos han sabido transformar las cenizas del volcán en un fértil campo de cultivo para las viñas. Así nace un vino exquisito elaborado con una uva singular y única: la malvasía volcánica. Hay que probarlo mientras se contempla el extraño paisaje que dibujan los muros de piedra negra que protegen la vid de los vientos.

Viñedos La Geria a vista de pájaro | Orbon Alija / ISTOCK