Lago Como, el paraíso del interior

En una época en la que los paraísos terrenales no se buscaban en el Caribe o en los mares del sur sino en lugares a tiro de carruaje y ferrocarril, el lago Como se convirtió en el idílico retiro de la aristocracia europea. En la era de los vuelos transcontinentales sigue siendo el escondite favorito de estrellas, líderes políticos y artistas cuando quieren alejarse, con todo el estilo, del mundanal ruido.

En 1833, el científico inglés William Fox Talbot viajó con su mujer al lago Como. Mientras trataba de dibujar en vano los paisajes maravillosos que le rodeaban, decidió inventar un sistema que permitiera conservar una imagen permanente de aquella belleza y dedicó su vida al desarrollo de la fotografía moderna. Hacía ya siglos que cardenales, nobles y potentados en general de la vecina Milán habían descubierto los encantos de este lago de origen glacial y construían aquí sus casas de vacaciones. Pero fueron los viajeros europeos del XIX los que pusieron nombres como Bellagio en la lista de lugares a visitar por la aristocracia mundial desde entonces hasta hoy.

Reposo de guerreros como Napoleón o Churchill, el lago desempeña también este papel en la ficción al servir de escenario a las partes más acarameladas de La Guerra de las Galaxias y Casino Royale. Ya dijo Stendhal en La Cartuja de Parma que "aquí todo es noble y conmovedor, todas las cosas hablan de amor; nada recuerda los feos espectáculos de la civilización". Porque la belleza del lago Como está en la simbiosis entre el maravilloso paisaje prealpino y la aportación humana en forma de iglesias románicas, pueblecitos de pescadores y ostentosas, aunque elegantes, mansiones rodeadas de jardines románticos que aún evocan de manera ingenua, pero bellísima, aquellos paraísos tropicales antaño inalcanzables. Pocos de los miembros de la primera división de la jet set han podido resistirse a esos encantos y los que no poseen una villa acuden a alguno de sus lujosos hoteles de probada discreción. Porque, al contrario que en otros lugares del Grand Tour contemporáneo, al lago Como no se viene a ser visto sino a ver.

Su forma de Y invertida crea dos ramas con un carácter diferente: la de Lecco es más agreste y cuenta con una histórica tradición metalúrgica. De hecho, en el pueblo ribereño de Mandello del Lario se siguen fabricando las míticas Moto Guzzi. La que parte de la ciudad de Como, al oeste, es la más soleada, glamurosa y turística. Tras juntarse en el pintoresco pueblo de Bellagio, las aguas se extienden hacia el norte hasta los pies de los Alpes.

Pese a no ser uno de los lugares más bellos de Italia, la ciudad de Como esconde algunos rincones con encanto y, sobre todo, constituye una buena base para la exploración del lago. De aquí parten los battelli, que navegan entre Como y Bellagio con paradas en los pueblos de ambas orillas. Ver el lago desde el agua es probablemente la mejor manera de conocer sus atractivos artísticos y naturales, pero se ha convertido también en una suerte de versión acuática del clásico tour de las estrellas de Los Ángeles. La mayoría de las grandes villas se encuentran en la orilla oeste y desde el barco se puede intentar cazar a George Clooney mientras pasea por los jardines de su Villa Oleandra en Laglio. Menos morbo tendría ver al dueño de Virgin, Richard Branson, y sin embargo su propiedad hace que la del actor americano parezca modesta. Villa La Cassinella cuenta con varios pabellones rodeados de enormes cipreses. Eso sí, el millonario sólo puede entrar y salir en barca o helicóptero. Sin embargo, la más famosa sigue siendo Villa Le Fontanelle, a la que los lugareños siguen llamando Villa Versace, pese a que ahora es propiedad de un millonario ruso y se dice que está en el punto de mira de los Beckham. Versace la consideraba su verdadera casa entre las varias que poseía y allí agasajaba a amigos como Madonna, Diana de Gales o Elton John. La amplia lista de propietarios ilustres, que incluye también nombres como Silvio Berlusconi, Rupert Murdoch o Sting, sigue creciendo, y pocos nuevos millonarios rusos o sultanes del medio oriente pueden resistirse a comprar una parcela de glamour junto al lago.

La elegante Villa Carlotta es una de las pocas mansiones del lago abiertas al público. Lo mejor está en sus románticos y extensos jardines en los que conviven, gracias al clima suave, rododendros, azaleas y hasta un bosque de bambú. La orilla este, que por su condición de umbría ha sido menos transformada, cuenta con pueblos de postal como Torno, Careno o Nesso, bellas iglesias románicas, pequeños puertos pesqueros y torrentes de montaña que saltan sobre el lago. Por la carretera que la recorre se llega a Bellagio, un pueblo de ambiente cosmopolita que a sus callejuelas empinadas añade la posibilidad de visitar dos de los jardines más bellos del lago: Villa Melzi y Villa Serbelloni.

Pese a la contaminación que sufren las aguas (que por alguna razón alcanza su máximo nivel frente a la casa de George Clooney), el lago Como sigue siendo un lugar para disfrutar de dos tipos de lujo: el del paisaje, abierto a todos, y ese otro, ¿el verdadero?, que algunos viven de puertas adentro.