La Ruta del Vino en las Rías Baixas

Dicen que por el estómago se conquista. Si es cierto, entonces toda la tierra sería de los gallegos. En las Rías Baixas el mejor marisco comparte mesa con el albariño. El enoturismo aquí es blanco. Pazos, quintas, viñedos, playas y bodegas son algunas de las bazas con las que juega esta Ruta do Viño.

Foto: ISTOCK

Numerosas obras de autores gallegos lo advirtieron. No hay parajes como los de las Rías Baixas. Rosalía de Castro lo describió en Follas Novas, donde llevaba a huir del calor bajo una de las cientos de parras que llenan las pequeñas parcelas de la costa atlántica gallega. Hacer mención a su tamaño también es importante. Galicia es tierra de minifundios que han ido recortándose con el paso del tiempo para ser repartidos entre las sucesivas generaciones. Algunos de ellos tan reducidos, que muchas bodegas tienen que disponer de varios viñedos localizados en diferentes zonas de la comarca para la elaboración de sus vinos. Dependiendo de la ubicación, orientación y características del terreno, el clima será el que marque la diferencia entre unas cosechas y otras, dificultando en ocasiones su mezcla. También su cultivo, que puede ser en parra o espaldera. Lo que no ha cambiado es su característica vendimia a mano. Cada mes de septiembre, enólogos, vendimiadores y voluntarios salen a recolectar el fruto de meses de trabajo para intentar elaborar el mejor de los albariños. Este blanco, joven y seco ocupa el 95% de la producción vinícola de las Rías Baixas. La Ruta do Viño se encarga de dar a conocer las diferentes posibilidades que existen para adentrarse en esta profesión que ha llevado a Galicia a ser reconocida internacionalmente por su popular albariño. Actualmente la Comunidad Autónoma cuenta con 49 bodegas, pazos y quintas más dos destilerías comprendidas entre las cuatro de las cinco subzonas de la Denominación de Origen Rías Baixas: Salnés, O Rosal, Condado do Tea y Ribeira do Ulla.

Al padre de todos los albariños, Santiago Ruiz, lo encontramos en O Rosal. El mapa que su hija realizó para su boda y que durante años ha ilustrado con cierta originalidad las botellas de las diferentes cosechas permite que no haya pérdida. Siguiendo estas indicaciones se llega a una pequeña casa de piedra que sirve como puerta de entrada a los viñedos, cuyas uvas le han hecho situarse como uno de los mejores vinos de Galicia. Santiago ya no está y hoy su bodega es trabajo de su hija menor, Rosa Ruiz, quien ha sabido mantener, por un lado, la esencia del albariño de su padre y que, al mismo tiempo, no ha dudado en lanzar una variedad propia con su nombre.

Esencias de Galicia

Santiago Ruiz fue el primero, en 1860, en comercializar y etiquetar el albariño surgido en las Rías Baixas, aunque el origen de la uva con la que se produce este vino es mucho más antiguo y controvertido. Algunos historiadores y enólogos gallegos lo remontan al siglo XII, con la llegada a Galicia de los Borgoña. Otros consideran que fueron los monjes de Cluny quienes la popularizaron debido a los gustos refinados de la época. La última de las teorías, sin embargo, retrocede mucho más atrás, hasta el siglo V, con las migraciones de los suevos y visigodos. El debate aún está sobre la mesa, junto a la botella que lo recuerda. No parece que haya un consenso.

De lo que no ha surgido duda alguna es de que el albariño es de los gallegos, como lo es el pulpo A Feira, la empanada, los pimientos de Padrón o las almejas de Carril. Productos de la tierra con los que a ellos les gusta acompañar el blanco en lugares como la Quinta de Couselo, una bodega restaurante en el valle de O Rosal; el Lagar de Fornelos, donde amantes del tinto procedentes de La Rioja Alta han querido hacerse también con las cosechas de albariño, o la Quinta de San Amaro, el hotel restaurante rural donde los locales llevan a sus visitas para impresionarlas. Las vistas a los viñedos son impresionantes.

Los pazos y el albariño

Aunque, quizá, toda la atención se la llevan los pazos por ese misterio que los ha envuelto durante siglos. Estas fastuosas casas de la antigua nobleza gallega guardan entre sus muros algunos de los mejores jardines y bosques de las Rías Baixas, y de España en general. Valle Inclán lo sabía, y lo describió en Ocho sonetos. También Emilia Pardo Bazán, quien se inspiró en estos palacios de piedra para ambientar sus turbulentas historias de amor recogidas en Los pazos de Ulloa, obra llevada posteriormente a la televisión.

Gran parte de los pazos gallegos han guardado relación con el albariño desde la antigüedad. Sobre todo en el siglo XX, cuando su producción decayó por culpa de las plagas, la cosecha era bastante escasa y solamente era consumido por un sector muy selecto de la población. Los paladares más refinados disfrutaban de las catas de albariño de los señores de los pazos. También podían hacerse con un trago en las casas de campo de prestigio o en alguna tasca específica de Cambados. Hoy muchos de ellos que habían sido abandonados, o que estuvieron en manos poco populares, han querido hacer un lavado de su historia más reciente y recuperar aquellas tradiciones que les caracterizaban. Es el caso del pazo de Baión, un enorme caserío del siglo XV que, tras haber sido propiedad de familias tan conocidas como Figueroa, Soutomaior u Obiña, ha pasado a manos de Adega Condes de Albarei, un grupo de viticultores del valle del Salnés que montaron allí su bodega y producción. Una foto en una de sus salas recuerda con orgullo que la oscarizada actriz Gwyneth Paltrow estuvo allí catando su albariño.

Aunque, si buscamos un pazo de película, o más bien de cuento, ese sería Quinteiro da Cruz. Sus jardines, galardonados como los mejores de España por el Real Jardín Botánico, nos recuerdan al cuento de Alicia en el país de las maravillas. Sus propietarios, los Piñeiro, lo saben, por eso preparan cuidadosamente la hora del té con hierbas que ellos mismos han cultivado. Es un lugar mágico, lleno de naturaleza, en cuyos jardines se pueden encontrar unas 3.000 camelias de más de mil tipos diferentes. Su ornamentación, el sonido del agua de sus fuentes y el olor de fondo a albariño también llegaron a encandilar a Camilo José Cela, José Luis Garci y a la escritora brasileña Nélida Piñón, que fue la responsable de inaugurar el Bosque de las Palabras, un rincón literario escondido entre la vegetación de Quinteiro da Cruz donde se realizan talleres de escritura. Finalmente, el Salnés es una de las zonas de mayor concentración de bodegas y extensión de viñedos en las Rías Baixas. Quizá se deba a que aquí está Cambados, la capital del albariño. Un título que luce con orgullo desde que en los años 50 sus habitantes tuvieron la gran idea de celebrar la que fue la primera fiesta vinícola de Galicia. Quién les iba a decir que aquel encuentro íntimo de vecinos acabaría convertido en una fiesta de interés turístico que cada año atrae a cientos de viajeros a su comarca. La Fiesta del Albariño se celebra el primer domingo de agosto y aúna lo mejor de la gastronomía de la tierra. Un pastel que se tienen que repartir cada año mariscadores y enólogos.

El arte del marisqueo

Hay dos modalidades de marisqueo: a flote, que es el que se lleva a cabo desde los barcos para recoger mejillones, ostras o crustáceos, y a pie, desarrollado principalmente por mujeres que con la bajamar rebuscan entre la arena almejas, berberechos o caramuxos. El resto del tiempo lo invierten en limpiar las playas. Una actividad profesional que ha ido pasando de una generación a otra y que ha provocado que muchas de ellas, al estar tanto tiempo expuestas a la humedad y agachadas, tengan que jubilarse por diversas dolencias. Por suerte, hoy es una profesión regulada. Asociaciones de mujeres como las de Cambados lograron que se estableciesen cuotas y tamaños y que sea necesaria una licencia para bajar a mariscar. Unas 32 asociaciones se encargan de controlar el marisco que será vendido en la lonja y en velar por los derechos de las trabajadoras. En la asociación de mariscadoras de Cambados, aquellas que ya están retiradas se dedican a enseñar a los curiosos cómo se recolecta el marisco y las diferencias que hay entre los distintos tipos de almejas. Una visita muy recomendada para conocer y valorar cómo llega este manjar a nuestros platos y lo que cuesta recolectarlo.