La ruta de los cuentos de hadas en Alemania

El flautista de Hamelín, La Bella Durmiente, Los músicos de Bremen.... Los hermanos Jacob y Wilhem Grimm lograron en el siglo XIX que unos cuentos arraigados en la tradición oral alemana fueran populares en todo el mundo. Esos cuentos tienen un origen. Los ponemos en el mapa. Merecen un gran viaje.

David Granda
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Foto: Gonzalo Azumendi

Wilhem era mujeriego y sociable; Jacob, tímido y retraído. Formaron la pareja de trabajo perfecta. Los dos eran curiosos e investigaron a contracorriente. Durante años recopilaron historias procedentes de la tradición oral alemana. Las transcribieron y pulieron su edición con la única intención de que no se perdieran. Publicaron el primer libro de cuentos hace 203 años. Hoy son universales. Todo el mundo sabe quiénes son Caperucita Roja, Blancanieves y Hänsel y Gretel. Los lingüistas Jacob (1785-1863) y Wilhem Grimm (1786-1859) no se dedicaron solo a los cuentos; también al idioma alemán, al estudio de la gramática y su evolución histórica. Su obra capital es el Diccionario alemán, una herramienta de consulta con la que sentaron las bases de la germanística.

En Alemania hay una ruta conocida como laRuta alemana de los cuentos de hadas o Deutsche Märchenstrasse. Conecta en un trayecto de 600 kilómetros entre Hanau y Bremen, los lugares esenciales de la vida y obra de los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm. Vista en un mapa parece una cicatriz mágica que cruza el país de norte a sur. El legado de los hermanos Grimm es tan contundente como fascinante. Y no permaneció dentro de las fronteras alemanas. Su tesoro literario se ha traducido a más de 160 idiomas. Ha llegado a las camas de los niños de todo el mundo. A Hollywood. Al imaginario con el que trabajan la publicidad, la moda, el arte... La ruta atraviesa ocho parques naturales y más de cincuenta villas. Resulta casi inabarcable. Hay que elegir. Nuestro viaje empieza en Kassel.

La fuente de los hermanos Grimm

Kassel está considerada la capital del universo creativo de los hermanos Grimm. Aquí vivieron en el palacio de Bellevue, compilaron los cuentos y confeccionaron una obra inmortal. La biblioteca de la Universidad de Kassel conserva los manuscritos originales, que forman parte desde el año 2005 del programa Memoria del Mundo de la Unesco. Kassel está fuertemente ligada a la documenta -la mejor muestra internacional de arte contemporáneo del mundo- y apuesta por hacerlo también con los hermanos Grimm: la ciudad acaba de inaugurar el Grimmwelt (Mundo de los Grimm), el nuevo museo consagrado a los autores y que, con una superficie de 1.600 m2, exhibe documentos originales, instalaciones y obras de arte inspiradas en ellos y que han participado en ediciones anteriores de la documenta.

Los Grimm trabajaron en la biblioteca del Fridericianum, hoy museo y sede de la documenta. En el barrio de Niederzwehren, un bucólico remanso de casas entramadas de madera de los siglos XVIII y XIX, se conserva la casa donde vivió Dorothea Viehmann. Jacob y Wilhem iban al número 11 de Märchenweg a escuchar las docenas de cuentos y leyendas que Dorothea recordaba de los tiempos en los que sus padres despachaban una posada. Ella contaba y contaba durante horas; ellos transcribían. Así trabajaban los hermanos Grimm. El origen francés de Dorothea permitió que le llegaran cuentos como Caperucita Roja, escrito por Charles Perrault. Los hermanos Grimm, sin embargo, dulcificaron el desenlace para que el lobo no se comiera vivas a Caperucita y a su abuela.

Antes de dejar Kassel hay que pasar por Wilhelmshöhe, el mayor parque de montaña de Europa, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Un gigantesco jardín paisajístico de 240 hectáreas coronado por el castillo de Wilhelmshöhe. El palacio, que quedó muy deteriorado después de la Segunda Guerra Mundial, se reconstruyó en el año 1974 y exhibe una extraordinaria colección de Rembrandt.

La gran desconocida

La ruta de los hermanos Grimm pasa por una de las ciudades medievales mejor conservadas de Alemania. A diferencia de lo que ocurrió en Kassel, Hannoversch Münden (más conocida por su abreviatura, Hann. Münden), sin tejido industrial de interés, salió ilesa de la Segunda Guerra Mundial y conservó su fabuloso patrimonio de casas entramadas en el corazón histórico. Se trata de una ciudad casi desconocida fuera de Alemania, pero que merece la parada. Sobre todo por eso, por la sorpresa de toparse con un bastión medieval del que apenas se habla. En torno a la plaza del Ayuntamiento, donde se levanta un mercado los miércoles y los sábados, salen unas callejuelas con edificios de origen medieval construidos con roble y encina. Son las casas entramadas, tan veneradas por los alemanes que han diseñado hasta seis rutas diferentes por el país que suman 3.161 kilómetros para dar con ellas (los trazados están aquí: www.deutsche-fachwerkstrasse.de). Es una pasión teutona equivalente a la jardinería para los ingleses o el manga para los japoneses. En ese libro de ruta, Hann. Münden es una de las joyas de la corona de la región central del país, en Weserbergland. La almendra medieval, prácticamente rodeada por el agua de los ríos Werra, Fulda y Weser, está integrada por más de setecientas casas cuidadosamente ornamentadas, de seis siglos diferentes, con doce torres históricas, puentes y murallas medievales. El palacio Welfenschloss y el soberbio Ayuntamiento de estilo renacimiento Weser constituyen la guinda a tanta riqueza patrimonial. El carillón del Ayuntamiento, que se pone en marcha todos los días a las 12.00, las 15.00 y las 17.00 horas, tiene como protagonista al doctor Johann Andreas Eisenbart, un médico cirujano que rondó la ciudad a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII y cuya leyenda se mueve entre la charlatanería y la genialidad. Los hermanos Grimm solían frecuentar la ciudad como lugar de paso entre Kassel y Göttingen, y quedaban a comer con algunos de sus amigos, como los profesores Hugo Müller y Benecke.

El castillo de "La Bella Durmiente"

"Esto no es un decorado de Walt Disney", me cuenta el actual propietario del Castillo de la Bella Durmiente ante una estampa imponente del palacio a un par de kilómetros en la línea del horizonte, en una campiña por la que trotan libremente caballos y cervatillos. "Esto no es impostado, no es un ‘fake'': es el castillo original en el que se inspiraron los hermanos Grimm para componer ‘La Bella Durmiente". Quien habla es Günther Koseck, que tiene razones obvias para mostrarse orgulloso y seguro de lo que cuenta. La fortaleza tiene 675 años y hoy alberga un hotel, un restaurante, el Registro Civil y el teatro Sababurg. Koseck es un buen lector de la obra de los hermanos Grimm. "¿Sabes por qué los cuentos de los hermanos Grimm son universales? -me pregunta retóricamente, ahora ante una manada de búfalos y sin perder de vista, al fondo, la singular fortaleza-. Porque no se detienen en describir las facetas humanas. ‘La Bella Durmiente'' es bella, pero no sabemos por qué. En Japón la podrán ver con rasgos orientales; en África, negra y con los ojos almendrados...". Los búfalos se paran en ese momento y parecen escuchar. Junto a las praderas que rodean el castillo, Koseck ha levantado una monumental reserva de 125 hectáreas con ochenta especies autóctonas de gran tamaño procedentes de las regiones boscosas centroeuropeas. Muy cerca de aquí se encuentra Urwald Sababurg, un bosque primigenio de casi cien hectáreas que permanecen intactas desde el año 1887. En 1907 fue declarado una de las primeras reservas naturales de Alemania. Sababurg fue una fortaleza que mandó construir el obispo de Mainz para proteger la iglesia de Gottsburen, un villorrio cercano, y los peregrinos que la visitaban atraídos por el supuesto hallazgo, en 1330, de restos de Jesús. A finales del siglo XIV, al cesar las peregrinaciones, perdió su importancia estratégica y se fue deteriorando. Durante cien años cayó en un olvido casi total y fue invadido por la vegetación, incluidas la zarzas que aún bordean su muralla y explican parte de su vinculación con La Bella Durmiente.

El origen de "El flautista de Hamelín"

La Bella Durmiente se encuentra a menos de dos horas del flautista de Hamelín, a cien kilómetros, en uno de los tramos de carretera más hermosos para conducir por Alemania. Hay que hacerlo despacio porque no paran de saltar rebecos y zorros del bosque al asfalto. El cuento de Hamelín (un ajuste de cuentas entre el músico y las autoridades morosas de Hamelín, que desemboca en el secuestro en masa de los niños de la ciudad y donde el héroe bueno es a la vez un antihéroe malo) fue documentado por los hermanos Grimm a partir de una vieja historia de origen incierto que se remonta a finales del siglo XIII. La maestría de los Grimm a la hora de tejer un argumento que rompe con los roles estereotipados ha conseguido que la ciudad sea conocida universalmente por un cuento infantil. Esta pequeña ciudad de 60.000 habitantes de la Baja Sajonia recibe más de un millón de turistas al año.

En la trama urbana destacan dos iconos. Por un lado, la Casa del Flautista (Rattenfängerhaus), construida entre 1602 y 1603 para el concejal Hermann Arends, con una fachada ornamental perteneciente al renacimiento tardío del Weser. Por otro, la calle por la que vieron desaparecer a los niños, la Bungelosenstrasse, adyacente a la Casa del Flautista, donde una ley no escrita dicta que en esa calle no se puede escuchar música (en los desfiles públicos las bandas de música dejan de tocar a su paso por este callejón). Todo el centro de la ciudad es un museo al aire libre del estilo arquitectónico del renacimiento del Weser, con unas casas burguesas de profusas decoraciones que se facturaron en la época en la que Hamelín era un estratégico epicentro comercial. Una en particular resulta muy interesante: la Casa Nupcial o Hochzeitshaus, que se levantó entre los años 1610 y 1617.

Los músicos de la hermosa Bremen

La ruta tras las huellas de los hermanos Grimm concluye en Bremen. En el famoso cuento Los músicos de Bremen, los protagonistas no llegan a pisar la ciudad, pero basta que la identifiquen como su Ítaca particular para que hoy sean tratados como hijos adoptivos. Bremen cuenta con más de 1.200 años de historia dibujados en el imponente conjunto barroco-renacentista de la Marktplatz. Aquí está uno de los ayuntamientos más hermosos de Alemania, levantado entre 1401 y 1410 y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. También la Catedral de St. Petri, en estilo gótico temprano del siglo XIII. Y de aquí sale la sorprendente calle Böttcherstrasse, una obra de arte de 110 metros de longitud construida en los años 20 con tiendas, restaurantes, talleres y una original fachada-carillón con treinta campanas de porcelana de Meissen. A cinco minutos a pie de la Marktplatz se llega al siglo XV. Al viejo Bremen de los pescadores. Schnoor es el barrio más antiguo de la ciudad, aunque sus callejuelas y edificios están cuidadosamente restaurados, quizá demasiado. Hay tiendas y galerías de arte como Art15 Künstlerhaus que ocupan casas del año 1402 y pequeños museos que explican la historia del barrio. Finalmente, una recomendación que seguramente entusiasmaría a los músicos de Bremen: en esta ciudad nació Sven Regener, escritor y líder de una banda de culto en Alemania, Element of Crime.

El museo de los cien días

La capital sentimental de los hermanos Grimm, Kassel, es la sede de una de las muestras internacionales de arte contemporáneo más importantes del mundo. La documenta (con d minúscula) es tan exitosa como polémica. En la última edición de 2012 la visitaron 860.000 personas. La de 2007, con tres mil periodistas acreditados de todo el mundo, tuvo como protagonista invitado a un cocinero: Ferran Adrià no presentó una instalación en Kassel sino en su restaurante El Bulli en Roses, donde instaló una mesa en la que estaban invitados diariamente dos asistentes de la documenta. La muestra se celebra cada cinco años y dura cien días. La primera edición arrancó el 15 de julio de 1955, una década después de la II Guerra Mundial, que fue especialmente severa con Kassel. Ese año estuvo consagrado al arte degenerado, la misma pintura y escultura de los años 20 y 30 que había sido perseguida por el nazismo. El profesor Arnold Bode se propuso recuperar el diálogo entre Alemania y el mundo, y entrar en contacto con la escena internacional a través de una "presentación del arte del siglo XX". La necesidad de compensar la falta de información sobre las tendencias internacionales en el arte hizo que la documenta fuera un éxito. El escenario principal ha sido el Museum Fridericianum, pero desde la novena edición en 1992 el museo de los cien días cuenta con un edificio de exposiciones propio, el documenta Halle, con 1.400 m2 para exposiciones y eventos. Al mismo tiempo, algunas de las obras exteriores más espectaculares pertenecen ya al paisaje urbano de la ciudad, como el descomunal pico (Spitzhacke) de Claes Oldenburg a orillas del río Fulda o el Man Walking to the Sky de Jonathan Borofsky. La próxima documenta se celebrará entre el 10 de junio y el 17 de septiembre de 2017. Incluirá exhibiciones en Atenas, un guiño para acercar Alemania a la capital griega. Ya trabajan en ello.

Del "flautista de Hamelín" al padre de la morfina

La misma calle donde se encuentra la Casa del Flautista (Rattenfängerhaus), la mítica Osterstrasse, desemboca en la llamada Casa Nupcial (Hochzeitshaus). Entre los años 1610 y 1617, la administración autónoma de la ciudad construyó este imponente edificio como sala de fiestas para la población. Hoy es la residencia de la Policía. En el siglo XIX trabajó en sus estancias Friedrich-Wilhelm Sertürner, el descubridor de la morfina. La Casa Nupcial es una construcción renacentista muy armoniosa, con un elevado frontón y tres robustas buhardillas en la cubierta del alero sur del tejado. Las tres puertas enfiladas por las buhardillas daban paso en el siglo XIX a una taberna, una balanza municipal y una farmacia, el hogar de Sertürner desde 1820. El farmacéutico alemán se interesó por el opio desde muy pronto. Logró aislar el elemento propio de la acción narcótica y en 1831 recibió el premio Monthyon de la Académie des Sciences de París por haber comprobado la naturaleza alcalina de la morfina. La bautizó así en honor a Morfeo, el dios griego de los sueños. Sertürner la comercializó como un analgésico y para el tratamiento de la adicción al alcohol y al opio. El descubrimiento tuvo consecuencias inmediatas en los años posteriores. Su amplio uso en la Guerra de Secesión en el continente americano dejó cerca de 400.000 víctimas adictas a la morfina, más conocida como "enfermedad del soldado", ya que fue el analgésico de preferencia desde su venta como alcaloide aislado del opio. En la actualidad, la Casa Nupcial, aparte de la sede de la Policía, se encuentra en una vía peatonal donde, si hay una adicción, es a la cafeína. En Osterstrasse se encuentran los cafés más elegantes de Hamelín.