La denominación más riojana

Foto: Luis Davilla

Suaves pendientes tapizadas por hileras de viñas aún verdes, del amarillo al que tienden las hojas de la viura al agostarse o de los rojos que va adquiriendo la tempranillo. Este fotogénico mosaico de parcelas a cuadrícula define el otoño en La Rioja, la temporada que mejor le sienta. Pronto comenzarán a verse las cuadrillas de vendimiadores faenando por sus campos y los camiones a reventar de uva enfilando a las bodegas. Si asistir en ellas al ritmo frenético con el que arranca un año más el proceso de elaboración del vino es toda una lección de civilización y amor por la tierra, el paisaje se reserva lo mejor para después de la vendimia, cuando las plantas se visten de todos los colores durante unas semanas cuyas fechas exactas deciden el sol y las lluvias. La Rioja tierra de vinos tiene muchas más cosas que ofrecernos.