La costa verde

María Bayón

La ruta más pintoresca para llegar desde Belfast a Derry bordea la escarpada costa del norte de Irlanda. Mano a mano, el hombre y la naturaleza han convertido sus orillas en lugares de leyenda donde cada pueblo desenvuelve como un regalo lo mejor de sí mismo: nostálgicos castillos, alegres jardines, atractivos puertos pesqueros y bellos paseos.
Saliendo por la M-5 y dejando atrás la carretera que nos lleva al aeropuerto, comenzamos a serpentear paralelos al mar. Nuestra primera parada es Carrickfergus, un coqueto puerto pesquero enmarcado por un impresionante castillo normando, el mejor conservado de Irlanda. Construido en 1178, sus gruesos muros han sido testigos de mil y una batallas.
Durante una hora seguiremos bordeando una costa en la que abundan las playas de arena blanca y los campos de golf. Así llegamos a Ballygally, una ciudad donde este deporte es casi una religión. Muy cerca de allí se encuentra el parque de Carnfunnock, un lujo para los amantes de la naturaleza. Jardines, estanques y actividades al aire libre lo convierten también en el lugar ideal para detenerse si se viaja con niños.
Nuestra ruta hacia el norte nos obligará a pasar por dos deliciosos pueblecitos costeros: Glenarm y Carnlough, que conservan todo el encanto de otras épocas, desde sus cementerios empinados sobre el mar hasta sus hileras de casitas multicolores bordeando el río. Un poco más arriba está la bulliciosa Ballycastle, un buen lugar para hacer parada y fonda. La oferta gastronómica es muy variada, y el pescado sigue siendo la estrella en la mayor parte de sus menús.
Pero el pueblo más divertido de toda la costa es Portrush, un rincón agradable y dinámico donde la oferta de ocio es diversa, ya que siempre ha sido el lugar elegido por los norirlandeses para pasar sus puentes y fines de semana. Además de ser famoso por su repertorio de actividades dirigidas a las familias, es la meca de los amantes del surf y cuenta con uno de los clubs más famosos del norte de la isla. En el Lush@Kellys se dan cita los mejores discjockeys de Londres y Manchester y la clientela rinde culto a uno de los lugares de peregrinación nocturna más famosos de la isla. Si prefiere una noche algo más tranquila, pero igualmente agradable, dirija sus pasos al Harbour Bar Bistro, uno de los restaurantes más populares del Ulster y también uno de los más originales. La comida es excelente y, si aún le quedan ganas de seguir, puede tomarse un par de copas en su modernísimo bar. Situado frente al puerto, las vistas son increíbles, y la atmósfera, relajada y amable.
Para completar el viaje por la región puede alojarse en uno de los bed breakfast más pintorescos de la zona: Maddybenny Country House, que es famoso por el trato familiar de sus dueños y por sus deliciosos e inacabables desayunos.
La Calzada del Gigante: leyendas, castillos y el paisaje más curioso y espectacular de Irlanda del Norte
Otra gran ventaja de alojarse en la localidad de Portrush es que se encuentra muy cerca de la Calzada del Gigante, una de las atracciones más aclamadas de toda Irlanda. Para visitar el enclave tomamos la carretera que bordea la Costa de Causeway, famosa por la belleza de sus paisajes y dominada por las románticas ruinas del Castillo de Dunluce.
La Calzada del Gigante es un lugar cargado de leyendas, un lugar donde el cielo y el mar se dan algo más que un abrazo, se funden en la línea del horizonte y crean una de las vistas más bellas de la costa. Cuenta la leyenda que hace muchos años un gigante irlandés tuvo un contencioso bastante serio con otro gigante vecino, un escocés famoso por su fuerza y mal humor. Aunque el escocés nunca había visto la cara a su contrincante, la competencia y la costumbre de pelear le llevaron hasta las puertas de la casa del irlandés con ánimo de tener algo más que palabras. Consciente de la superioridad del escocés, el irlandés decidió ganar a la fuerza con ingenio y le dijo a su mujer que lo vistiera de bebé. Cuando el otro vio el tamaño de los niños en aquella zona del mundo no quiso comprobar cómo sería el de los padres y salió corriendo mar adentro, creando en su huida la curiosa formación de piedras hexagonales que hoy se conoce como la Calzada del Gigante.
Las piedras, el mar y el cielo convierten al enclave en un momento mágico del viaje, en un tiempo para meditar sobre todo aquello que no podemos explicar con palabras. Pero todavía nos queda una parada más en nuestro paseo por la costa: desviándonos apenas unos diez kilómetros llegamos a la destilería de Bushmills, la destilería legal más antigua del mundo. Este bello complejo fue establecido en el año 1608 por el rey Jaime I y desde entonces es un lugar sagrado para los amantes del whisky.