La blanca puerta de entrada a la Sierra de Grazalema

Manuel Mateo Pérez

Desde las orillas del embalse de El Gastor, desde sus aguas de color esmeralda, Zahara de la Sierra se antoja el pueblo más bello del mundo. Un poderoso torreón medieval se alza sobre los roquedales a cuyos pies se esparce el caserío blanco, que sestea en las tardes de primavera como un pacífico saurio a un lado de una de las serranías más míticas de Andalucía.

Zahara de la Sierra constituye la puerta de entrada al Parque Natural de la Sierra de Grazalema, que tiene el honor de ser el lugar donde más llueve de España y de contar entre sus especies botánicas con el pinsapo, un abeto de extraordinario porte heredero directo de las primeras glaciaciones sobre el planeta. Zahara, además, extiende hacia las orillas del embalse y las lomas que suben hasta las localidades vecinas de Algodonales y Olvera extensos olivares de cuyo fruto se obtiene un aceite de oliva virgen extra de color amarillento, olor afrutado y sabor noble y untuoso.

Pasear por Zahara de la Sierra es retrotraerse en el tiempo. Sus calles son una herencia de la primitiva ciudad árabe, crecida al amparo de reyezuelos y gerifaltes que durante siglos establecieron por estos lugares la frontera entre las tierras cristianas y Al-Andalus. Su caserío está milagrosamente conservado. El trazado de las calles y de las pequeñas plazas que se asoman hacia el valle que dibuja el embalse responde al origen de la ciudad misma. No resulta extraño que tanta delicia arquitectónica, tanto cuidado y mimo por proteger el patrimonio le valiera a Zahara ser declarada en 1983 Conjunto Histórico Artístico.

Razones monumentales no le faltan. La localidad está coronada por la torre del homenaje del antiguo castillo, reforzada en tiempos del reino nazarita de Granada. Subir hasta él requiere de empeño y esfuerzo. Pero merece la pena divisar los escarpes montañosos que suben hasta el puerto de las Palomas y que a un lado atesoran el área de reserva del Pinsapar. A los pies de la vetusta fortaleza se reparten las calles estrechas y blancas. La calle Real, la arteria principal, acoge a un lado y a otro de su sinuoso trazado casonas nobiliarias fechadas a finales del XIX y principios del XX.

En sus cercanías se halla la ermita de San Juan de Letrán, próxima a la Torre del Reloj. La iglesia mayor de la villa, abierta a la luminosa Plaza de Zahara, está consagrada a Santa María de la Mesa. Desde fuera evidencia el fraseo barroco de sus formas curvas y su original cimborrio cubierto por tejas vidriadas. Por dentro, el templo cobija un retablo mayor donde se veneran las tallas de San Judas y San Simón, patronos de la localidad. Desde Santa María parte a mediados de junio la procesión del Corpus Christi, declarada de Interés Turístico Nacional.

Restaurante Los Tadeos . Tf: 956 123 086
Hotel Arco de la Villa . Tf: 956 123 230
Oficina de información turística de Zahara de la Sierra . Plaza del Rey, 3. Tf: 956 123 114 y www.zaharadelasierra.info