La Adrada, paraíso del Tiétar

Cerca de Madrid se encuentra una pequeña villa que se resiste a la invasión del estrés de las grandes ciudades. La Adrada nos ofrece una gran cantidad de planes además de un gran abanico de aspectos culturales. Prepárate para volver durante algunos días al pueblo de toda la vida y si nunca has tenido pueblo, esta es tu oportunidad.

Álvaro Espinosa Malagón

Escoltada por la Sierra de Gredos, la villa de La Adrada situada en el Bajo Tiétar, continúa realizando su vida al margen del caos de la ciudad, a pesar de encontrarse a menos de 100 km de Madrid. Esto ha provocado que el pequeño pueblo de Castilla y León pueda ser entendido como un lugar en el que pasar una larga temporada pero también donde poder disfrutar de un tranquilo día familiar acompañado de historia, naturaleza y una buena gastronomía, además de una amplia oferta deportiva, que incluye ciclismo, senderismo, fútbol, pádel...

Paraíso de la tranquilidad

A pesar del turismo activo que se ha puesto de moda en los últimos años, sus ciudadanos han conseguido proteger la fauna y flora local, que solo se ha visto afectada por la fiebre del boom inmobiliario, con la masiva construcción de chalets más propios de Benidorm que de una zona rural. Tampoco hay que olvidar los incendios que afectaron la zona hace algunos veranos.

Su rico medio ambiente, es el resultado de su ubicación geográfica que, junto a su microclima ha provocado que la zona sea conocida como "La Andalucía de Ávila", gracias a sus agradables temperaturas en cualquier época del año.

Riqueza cultural

El gran símbolo de La Adrada es su castillo, desde donde podremos ver vistas únicas que nos responderá por qué esta villa es única. Restaurado y casi rehecho por su deterioro durante años, del que nadie quiso responsabilizarse, actualmente es el centro de Interpretación Histórica del Valle del Tiétar, por lo que lo convierte en un punto de interés cultural para cualquier amante de la historia.

Durante el recorrido por el castillo podremos ver cómo ha evolucionado a lo largo de los siglos, naciendo como una iglesia en el siglo XIII, pasando a ser una fortificación y las reformas relacionadas con la incorporación de la artillería a las tácticas militares en los siglos XIV y XV, hasta la construcción del palacio en el siglo XVI. Por el castillo pasaron personajes ilustres como Don Álvaro de Luna, Enrique IV de Castilla e incluso los Reyes Católicos.

La oferta cultural no acaba aquí, ya que La Adrada cuenta con una iglesia que data del siglo XIV además de una ermita edificada, según la tradición, sobre las ruinas cubiertas de yedra, donde María se apareció al buen sacristán desplazado de Burgohondo.

La huella del Imperio romano no queda al margen de esta tierra. Son numerosos el número de puentes existentes, como el Mocha catalogado como romano el Mosquea y el Nuevo.

Pasear y degustar

Pero si hay una cosa que uno no debe dejar de hacer a la hora de visitar a La Adrada es andar y recorrer tranquilamente sus calles, contemplando las casas del casco histórico que continúan intactas al paso del tiempo. Una de sus calles más emblemáticas es la conocida como Calle Larga,calle señorial por excelencia y por donde se pueden ver las edificaciones más nobles y antiguas. También nos hablan de los distintos señores de la Villa: los Mendoza o los Cuevas. Situada cerca de laPlaza, centro geográfico y cívico, se encuentra la Casa del Tio Talis, claro ejemplo de arquitectura popular del pueblo.

Visita obligada es la de saciar el paladar en alguno de sus números restaurantes con comida típica de la zona, que ha sabido combinar la cocina de la vecina Extremadura y la castellana. De gran fama internacional son sus quesos de cabra y sus exquisitos y variados bollos de "San Blas". Siendo ambos productos de fabricación artesanal.

Mención especial hay que realizar al Restaurante el Castillo, Premio Nacional de Gastronomía Plato de Oro en su edición de 2014, reconociendo así su buen trabajo al aunar comida tradicional y moderna.

Naturaleza a viva voz

Pero si lo que queremos es alejarnos de la mano del hombre, caminando por los frondosos bosques de La Adrada, nos cruzaremos con un sinfín de pequeños arroyos y remansos de agua cristalina en la que el único ruido será el agua transcurriendo por las rocas. El Charco de la Hoya o la Charca de La Pinara acondicionada actualmente como piscina natural, es un buen lugar para combatir el calor en verano.