Kerala, tierra de cocos

Kerala es la India de moda, una tierra donde el turismo constituye un reclamo, pero no su principal actividad. Montañas y playas, plantaciones de té y pescadores que arrojan sus redes desde la playa conforme a una tradición de siglos son sólo algunos de los atractivos que encierra este mundo intenso en colores, olores y experiencias, perfecto para un viaje cargado de emociones.

Pedro Madera

Kerala, que en malayalam, la lengua del Estado, quiere decir "Tierra de cocos", se encuentra al suroeste de la India. Su belleza natural se despliega en una franja de tierra pegada a la costa y limitada, al oeste, por las montañas que cercenan en vertical el sur de la India. Es la tierra de las especias. Kilómetros de costa, palmeras, iglesias cristianas y ciudades acostumbradas, durante siglos, al comercio con árabes, orientales y europeos y al mantenimiento de tradiciones únicas. Kerala es el Estado de la India que registra un mayor nivel de alfabetización, el que presenta un mayor nivel de vida unido a una filosofía de vida que deriva de siglos de costumbres. En un armonioso equilibrio, conceptos tan avanzados para la India como la igualdad entre hombres y mujeres, la pluralidad religiosa y un alto nivel cultural conviven con tradiciones milenarias como la importancia del ayurveda, el yoga o la meditación. Fue el primer Estado indio que tuvo un gobierno comunista elegido democráticamente, el primero que prohibió fumar en sitios públicos y el primero del sur que se volcó en ofrecer sus maravillas naturales al turismo.

El alto precio de la historia y la huella portuguesa La herencia colonial se percibe claramente en Cochín, ahora rebautizada "Cochi". En las calles del casco viejo podemos visitar la vieja sinagoga, cuidada por la misma familia desde 1568. La huella portuguesa también es evidente. En las cercanías de Church Rd. la historia se aviva a cada paso. Antiguas fortificaciones sirven hoy para acoger campos de cricket (el deporte nacional) y fútbol. En un lateral, casi escondida detrás de una nube de árboles, se levanta la iglesia de San Francisco, que es la iglesia cristiana más antigua de la India y en la que estuvo enterrado durante años el navegante portugués Vasco de Gama. Aquí, la religión y el comercio han ido de la mano durante siglos. Cuando Vasco de Gama llegó a Calicut, el principal puerto de Kerala en el siglo XVI, el zamorín de la ciudad, la máxima autoridad de la región, preguntó al portugués qué quería, por qué viajaba. Y Vasco de Gama respondió: "Zamorín, en nombre de mi rey, yo busco especias... y cristianos". La ilusión de un rico reino afortunado por contar con herederos de Santo Tomás y productores de pimienta. Hoy en Kerala los niños todavía presumen de un rico vocabulario en portugués y los nombres de Figo o Ronaldo sirven como tarjeta de presentación. Estamos en plena ruta de las especias, y precisamente aquí fue donde los europeos iniciaron un fabuloso negocio que duraría siglos.

Los intrépidos navegantes portugueses -primero- y holandeses -después- también se encontraron con una comunidad de cristianos que reivindicaba tradiciones anteriores al Concilio de Trento, y con otra, muy reducida, de judíos que habían mantenido su fe y que perduraría a pesar de la presencia permanente de los misioneros católicos portugueses. Estas comunidades judías anclaban sus raíces en las relaciones comerciales que Kerala había mantenido con Arabia y Roma desde la antigüedad. Los portugueses se afincaron en Kerala, pero se mantuvo la convivencia y hermandad con las comunidades musulmanas y judías. Kerala fue, y es, ejemplo de convivencia. Pero no fueron los portugueses los únicos europeos que habitaron en Cochín. Holandeses e ingleses encontraron en estas tierras un lugar donde vivir alejados de las estrictas reglas de sus sociedades de origen. Posiblemente el mejor testimonio del paso de los europeos del norte es el Palacio de Bolghatty, en la isla del mismo nombre, construido en 1744 por los holandeses. Fue residencia del gobernador inglés durante la colonización británica de principios del siglo XIX.

Palacios, sinagogas y cena en la playa
Cochín es una ciudad para callejear. Desde la iglesia se llega al Palacio de Mattancherry, levantado por los portugueses y reconstruido por los holandeses. En su interior se disfruta del sincretismo cultural de esta ciudad. Las paredes están decoradas por murales que describen relatos del Ramayana, la historia épica que relata la encarnación de Rama. A pocos metros, abrasados por el sol del mediodía, encontramos la citada sinagoga del siglo XVI, que pertenece al único barrio judío de la India. Según unos, la historia del origen de esta comunidad se remonta a la época del rey Salomón; otras versiones defienden la teoría de que los judíos de Cochín pertenecen a la tribus perdidas, a los que fueron expulsados de Israel por Nabucodonosor. En la parte más turística de la ciudad la actividad aumenta con las horas, sobre todo en los puestos y restaurantes que venden pescado. Al atardecer apetece pasear por la orilla del mar, donde se pueden ver las curiosas redes chinas, sujetas por palos de hasta 10 metros de altura. El origen de estas redes se remonta a la China del siglo XI, y sobre ellas escribió Marco Polo en su cuaderno de viajes. La pesca se comercializa y se vende en los puestos situados a lo largo de la costa. También se puede comprar a los pescadores y darlo a preparar, para comerlo al momento, en cualquiera de los muchos restaurantes que se acumulan junto a la playa. Después de Cochín se puede visitar Munnar, lugar de veraneo de los colonos ingleses por su clima suave. Las plantaciones de té se alternan con valles y colinas en todas las tonalidades de verde posibles. Las flores y las plantas salpican de color y fragancias el paisaje; algunas tan esperadas como la neelakurinji, que cada doce años cubre de azul las colinas. Quien vaya este año podrá disfrutar de este capricho de la naturaleza. El mundo de Kipling, con lenguaje del siglo XXI. Desde Munnar, el siguiente destino podría ser la Reserva Natural de Tigres de Periyar, donde se pueden realizar muchas actividades de ecoturismo. Ésta es una manera ingeniosa de preservar la fauna y flora de la zona para que sea rentable: trekking a través del bosque, con acampada nocturna; rafting en improvisadas canoas de bambú por el lago, o un paseo nocturno por la jungla, con las obligadas medidas de seguridad. Los tigres están ahí. En el lago Periyar resulta obligatorio alojarse en una casa-barco, la tradicional kettuvalom, construida con madera, caña y palmas, a la que no le falta un aseo con ducha y un porche-terraza. También se puede uno alojar en alguno de los cuidados hoteles de la zona y contentarse con realizar un crucero de amanecer o atardecer por el lago desde el que es posible contemplar ciervos indios, elefantes y, con mucha suerte, un ejemplar de tigre.

Relajación, descanso y danzas ancestrales
El ambiente tropical de la zona llena de autenticidad los pueblos e invita sobre todo al relax y al descanso. Hay posibilidades para todos los gustos y apetitos, de manera que si tumbarse tranquilamente en una playa a soñar despierto arrullado por el mar no es suficiente, en los bosques se puede hacer toda clase de actividades. La otra ventaja indiscutible de Kerala es su clima moderado. La costa es calurosa y húmeda durante abril y mayo, y muy agradable de diciembre a febrero. Según la zona, la temporada de monzones varía: en el suroeste, va de mayo a septiembre, y en el noreste, de octubre a diciembre. Kerala acoge sobre todo un turismo de lujo que busca un encuentro más profundo con su cultura y entorno. Esta cultura sale al encuentro del viajero a cada paso, en las más variadas formas de expresión: bailes ancestrales, como el mudiyettu, relacionado con la diosa hindú Bhagavathi, llaman la atención por su delicadeza; o la danza oppana, de origen musulmán, que se baila el día antes de una boda y está a medio camino entre la oración y la fiesta; o la música, como la sopana sangeetham, que se originó en los templos de Kerala.

Ceremonias en honor del mítico rey Mahabali
El teatro kathakali, descendiente del milenario koodiyattam, es capaz de transformar relatos de historias en arte escénico. Con un lenguaje mímico evolucionado, expresiones marcadas y el idioma de las manos (mudras), unido a elaborados tocados y al uso simbólico del color en el maquillaje, el kathakali comunica mucho hablando poco. Durante la función, la música de los tambores mizhavu resuena en la parte posterior del escenario con rítmicos golpes que van aumentando o disminuyendo de intensidad según el argumento. Mientras, a la izquierda del escenario una nangyar canta los versos acompañada de unos timbales. Las representaciones resultan hipnóticas y seductoras. Las ceremonias y la cultura forman parte de lo cotidiano en Kerala. Las fechas festivas no están fijadas, ya que se ciñen al calendario Malayalam, que tiene más relación con las cosechas y la luna que con la exactitud numérica del calendario occidental. Para muchos, Onam es la festividad más importante de Kerala. Diez días de fiestas, rituales y ceremonias para celebrar la vuelta del espíritu del mítico rey Mahabali. Muchos son los pueblos que engalanan sus casas, sus habitantes se visten con ropas nuevas y, al resplandor de fuegos artificiales, agradecen al rey su regreso y le muestran su felicidad. Onam es un reflejo tornasolado de la vida cotidiana en este lejano paraíso, donde la sonrisa está al alcance de todos. Aparte del Onam, durante el verano se celebran las carreras de embarcaciones conocidas como "serpientes". Este deporte en equipo refleja el espíritu de integración y esfuerzo común que existe en Kerala. Cada barca es impulsada por 120 hombres que reman al ritmo de las canciones entonadas por otros 25 que los acompañan. Mientras unos cantan, otros reman y la sincronización se hace imprescindible. Los nativos se agolpan junto a los turistas para contemplar desde la orilla la carrera, animando a los equipos que, a bordo de sus embarcaciones, rompen la quietud de las aguas y alcanzan la meta en Allepey, en los backwaters, al norte de Cochín.

Un desfile espectacular de 101 elefantes
Hay eventos con mayor peso. El público extranjero es también invitado de honor en el plácido pueblo de Trichur, que se despierta de su letargo una vez al año durante el Mammoth Pooram. El espectáculo es impresionante: 101 elefantes coronados por dorados nettipattams -adornos que van de la cabeza al comienzo de la trompa- desfilan al son de la música portando sombrillas de colores que representan distintos templos. Existen otras festividades menos espectaculares, pero no menos interesantes, como Attukal Pongala, en Trivandrum, la capital de Kerala. La palabra Pongala significa "hervir" y se refiere al ritual del obsequio que se hace a los dioses. La ofrenda consiste en una componenda de arroz con melaza, ralladura de coco, nueces y pasas. Las mujeres son las encargadas de este ritual, para el que se reúnen desde la noche anterior en las inmediaciones del templo para preparar su ofrenda en improvisadas cocinas de ladrillo.

La capital de Kerala, Trivandrum (ahora denominada Thiruvananthapuram), exhibe en sus calles toda la complejidad de la India: templos diversos, sedes de partidos políticos no menos diversos, anuncios de festivales culturales y manifestaciones de artes marciales que sólo existen en Kerala y que se practican en el kalari Sangham. El kalari, una de las disciplinas marciales más antiguas del mundo, no sólo enseña una forma de lucha sino también una filosofía de vida. Pasear por la calle Mahatma Gandhi Road es toda una experiencia inolvidable: multitudes, ruido, tiendas, hoteles, iglesias, mezquitas, templos... Los escasos edificios coloniales hablan de un pasado que alimenta la complejidad y diversidad de la capital de Kerala. Sentarse a la mesa en Kerala es una fiesta para los sentidos: mientras los distintos aromas impactan el olfato, la vista se regodea con los colores en una grata anticipación de la explosión de sabores que tendrán lugar en la boca.

El viajero debe ir abierto a toda clase de posibilidades. La división de la comida en vegetariana y no vegetariana es una metáfora acertada de las divisiones de clase y religión de Kerala, y la variedad es tan infinita como el número de etnias y grupos sociales que han pasado por este rincón de la India. La experiencia puede ser un reto no apto para estómagos delicados, aunque, con trariamente a lo que algunos puedan pensar, la comida picante es buena para combatir el calor, ya que el cuerpo reacciona enfriándose. Lo mismo sucede con el té. Y con los cocoteros. El coco se usa en la cocina de Kerala en sus muchas variedades: desde el aceite para freír, pasando por la leche que acompaña prácticamente todas las salsas, hasta llegar al cuenco de coco que es el modelo ecológico del plato de plástico europeo. Entre las curiosidades que ofrece la rica gastronomía del Estado de Kerala se encuentra la saddya (banquete) servida en hojas de platanero.

A primera vista puede parecer una simple comida sobre hojas de plátano, pero la realidad es que existe un delicado protocolo para servir este plato para el que sólo se utilizan los finales de la hoja. Siguiendo un estricto orden van colocándose las rebanadas de plátano, los papadamus, que son unas tortas crujientes, y, a continuación, el resto de los platos, todos fuertemente condimentados. El resultado es una paleta colorista y suculenta. Al terminar de comer, se dobla la hoja de plátano para indicar que ya no se va a tomar nada más. No hay que olvidar que en la India siempre se come con la mano derecha, mientras la izquierda permanece discretamente escondida.

La gran productora mundial de especias
Parte de este gusto por la comida de marcados sabores se debe a la pasión popular por las especias. Estamos en la despensa universal de especias, que en siglos pasados alcanzaban el mismo valor que el oro y constituyeron la razón de los grandes viajes. Gran parte de la producción mundial de especias sigue teniendo su origen en Kerala, que debido a sus diferentes tipologías de terreno y clima produce granos de gran calidad. En las plantaciones, que pueden y deben ser visitadas, la fragancia de las especias flota en el aire: jengibre, menta, orégano, albahaca, pimienta verde y negra, clavo, vainilla, canela, cilantro, anís, cúrcuma, nuez moscada y un largo etcétera de especias que se utilizan tanto en alimentación como en medicina. Hay especias para tod la asafétida, con un nombre tan poco atrayente como su olor, tiene un delicado perfume y un sabor sensual en pequeñas dosis; el cardamomo, una de las especias más consideradas en la India, se utilizaba en la corte china para el frescor de aliento. La nuez moscada, alucinógena en grandes cantidades, tiene fama de ser afrodisíaca, y la vanilla conjura sentimientos románticos en las circunstancias adecuadas.

Otros ingredientes considerados afrodisíacos, como el ajo, el romero y la menta, han sido además adaptados a inciensos y lociones para ser utilizados en la aromaterapia. Lo moderno en occidente ya era conocido por los amantes de la buena vida. Kerala es un lugar privilegiado por la naturaleza, que ha vestido las playas y las colinas de este Estado con los más variados y acentuados sabores y colores. Es un rincón único para el turista, porque se encontrará con gente que puede presumir (aunque no lo haga) de amabilidad y extrema simpatía con los extraños. Es, además, un territorio hermoso por su combinación de playas sembradas de cocoteros y colinas dibujadas por las verdes plantaciones de té. Es la patria del ayurveda o ciencia del cuidado de la vida. Fue el sueño de todos los navegantes que buscaban los parajes maravillosos descritos por Marco Polo. Es, sin duda, la representación del paraíso.