Jungfrau, el techo de Europa

Hace un siglo, un empresario visionario se propuso construir un tren cremallera que ascendiera a través de las legendarias montañas Mönch (4.107 metros de altura) y Eiger (3.970 metros) hasta llegar al Jungfrau (4.158 metros). Este año Suiza celebra el centenario de la inauguración de Jungfraujoch (3.453 metros), la estación más alta de Europa y uno de los parajes predilectos de los turistas que visitan el país alpino.

Pablo Fernández

Ischers Fritz fischt frische fische, frische fische fischt fischers Fritz... La niña suiza recita el trabalenguas a velocidad de vértigo: "El pescador Fritz pesca pescado fresco, pescado fresco pescado por Fritz el pescador...". Fascinado por la voz de la pequeña, un treintañero de Bangalore recuerda los juegos de su infancia: "Madan Mohan Malveya Madras mein machhlee maarte maarte mare" ("Se mataron Madan, Mohas y Malveya intentando matar un pez en Madrás"). El vagón del tren cremallera que asciende hasta Jungfraubahn es una peculiar mezcolanza de nacionalidades. El abanico va desde europeos de clase acomodada a hindis ensoñadores, sin olvidar a los omnipresentes japoneses.

Cada uno tiene sus motivos para subir a Jungfraujoch, la estación de ferrocarril situada a más altura de toda Europa (3.454 metros). Hasta el año 2006, la peruana Ticlio tenía el honor de ser la estación más elevada del planeta gracias a sus 4.818 metros de altitud. Hace un lustro, la inauguración de la línea férrea entre Beijing y Lhasa alteró esta clasificación. Tanggula, a 5.068 metros, ocupa en la actualidad el primer puesto. Un logro relativo, ya que la estación tibetana tan solo es utilizada para las paradas técnicas y los viajeros no llegan a pasear nunca por sus andenes. Más allá de estos datos propios del libro Guinness de los Récords, Jungfraujoch es un destino en el que la naturaleza se exhibe sin remilgos; un paraje de ensueño construido por el empeño de un empresario visionario llamado Adolf Guyer-Zeller.

Las mejores vistas de los Alpes. La fiesta comenzó poco después del mediodía del 1 de agosto del año 1912. Entonces quedó oficialmente inaugurada la estación de Jungfraujoch. Tras la llegada del primer tren, que lo hizo debidamente decorado para tan notable ocasión, los viajeros atravesaron una galería de 200 metros que comunicaba con la zona de recepción y con el restaurante (que era el situado a mayor altitud de Europa por aquel entonces). No se escatimaron gastos. En sus primeros años de vida, los visitantes también tenían la opción de alojarse en una de las 18 habitaciones de su Travel Lodge. El comedor estaba decorado al estilo art nouveau y el vestíbulo competía en prestancia con el de cualquier gran hotel de la época. Sin embargo, la mayor riqueza de Jungfraujoch radicaba, y radica, en sus espectaculares vistas de los Alpes, a los que mira de igual a igual.

Guyer-Zeller nunca vio realizado su proyecto, ya que falleció en 1899. Pero el sueño trascendió al soñador. Durante los 16 años que duraron las obras, los obstáculos a los que se enfrentaron los constructores fueron muchos: accidentes, huelgas, dificultades climatológicas, reveses económicos, limitaciones tecnológicas... Los diez millones de francos suizos presupuestados en un inicio (algo más de ocho millones de euros según el cambio actual) aumentaron hasta los 16 millones. No obstante, la Jungfrau Railways, empresa creada por Guyer-Zeller para construir y explotar comercialmente esta línea férrea, nunca retrocedió ante los reveses. Ni siquiera ante la muerte de su fundador. Un siglo después de aquel acto de cabezonería, el tiempo ha confirmado que el esfuerzo mereció la pena.

Con motivo del centenario de Jungfraujoch, Jungfrau Railways y el gobierno suizo están realizando a lo largo de todo 2012 numerosos actos de celebración. Aunque la ceremonia oficial tendrá lugar el 1 de agosto, coincidiendo con el día de su apertura, varios eventos caldearán el ambiente en los meses previos. El 31 de marzo, por ejemplo, se celebra el SnowpenAir 2012, un multitudinario concierto en Kleine Scheidegg, un puerto de montaña del que parte el tren cremallera que asciende a través de un túnel de 7,3 kilómetros de longitud hasta Jungfraujoch. Este espectáculo se celebra al aire libre en un entorno nevado y rodeado de montañas que superan los 3.000 metros de altitud. En esta edición contará con las actuaciones destacadas de Bryan Adams y Kim Wilde, entre otros. Ya es tarde para apuntarse al plan: las entradas están agotadas.

Todo un reclamo en Bollywood. Un siglo después de su inauguración, la estación de Jungfraujoch se ha convertido en uno de los destinos favoritos de los turistas que visitan Suiza. Anualmente 700.000 personas utilizan este tren cremallera. En 2010, la Jungfraubahn Holding AG, empresa propietaria del servicio, obtuvo beneficios por valor de 22,6 millones de francos y mantuvo una plantilla de 650 empleados. Curiosamente, el 60 por ciento de los visitantes proviene del continente asiático. Una de las principales atracciones de la estación es el Palacio de Hielo, una caverna de 1.200 metros cuadrados excavada sobre el hielo. Los turistas pasean por sus pulidos pasillos a tres grados bajo cero arropados con unas chaquetas térmicas de última generación. No obstante, los anoraks no son las únicas prendas que marcan tendencia. Los saris, turbantes y dotis de la India también resultan muy frecuentes en estos lares. A un turista occidental seguramente le llame la atención la gran cantidad de visitantes de la India que acuden al Jungfrau. Lo hacen por amor al cine. A mediados de la década de los 80 del siglo pasado, el cineasta de Lahore Yash Chopra, toda una institución en su país natal, rodó varias películas en Suiza. Los Alpes le resultaban lo más parecido a las montañas de Cachemira, zona en la que resultaba una absoluta temeridad rodar debido a los constantes enfrentamientos armados entre India y Pakistán. A partir de aquel instante, la silueta del Jungfrau se convirtió en un verdadero icono para los amantes de Bollywood. Para recompensar ese cariño, uno de los restaurantes de la estación de Jungfraujoch recibe el nombre de Bollywood. ¿Adivinan qué tipo de cocina ofrece?

El tren cremallera tarda en recorrer el trayecto entre Kleine Scheidegg y Jungfraujoch unos 50 minutos aproximadamente (sin tener en cuenta las paradas). Durante los siete kilómetros de túnel hay dos paradas intermedias. La primera es Eigerwand, que está situada en la mítica montaña Eiger (3.970 metros de altitud). En la famosa cara norte de esta cumbre se ha abierto un gran ventanal, de ocho metros de ancho por uno de alto, desde donde se puede observar una sobrecogedora panorámica de la región del Oberland bernés.

Para los montañeros, la simple mención al Eiger evoca el riesgo y la aventura. No en vano los suizos han bautizado a esta tríada de montañas con evocadores nombres que conectan con su espíritu: Jungfrau significa "doncella"; Mönch, "monje", y Eiger, como no podía ser de otra forma, "ogro". La cara norte del Eiger permaneció virgen hasta 1938, año en el que una expedición formada por dos alemanes y dos austriacos, simpatizantes del nacionalsocialismo, completaron la ascensión. Entre ellos se encontraba Heinrich Harrer, que más tarde escribió Siete años en el Tíbet, donde relataba sus experiencias en el Himalaya y su descubrimiento del budismo.

Un mito entre los alpinistas. La dificultad técnica de la ascensión del Eiger ha provocado su mitificación entre los alpinistas. Uno de los sobrenombres con que es conocido en alemán es Mörderwand, que se traduce como "muro asesino". En el año 1972, el misterioso escritor conocido como Trevanian ambientó una de sus intensas novelas de acción en esta peligrosa cumbre (La sanción del Eiger). Cuatro años más tarde, Clint Eastwood dirigió e interpretó una adaptación cinematográfica que llevó el título en español de Licencia para matar. Para Eastwood, realizar esta ascensión había sido un sueño desde niño y no permitió que le doblaran en las escenas de montaña. El rodaje no fue ajeno a la tragedia de esta montaña: un miembro del equipo falleció en un accidente y aún hoy hay quien culpa a Eastwood de precipitación en el rodaje. Un suceso más para mantener y agrandar la leyenda del Eiger. La segunda parada del tren cremallera en el extenso túnel se conoce como Eismeer, que puede traducirse como "mar de hielo". Situada a 3.158 metros de altitud, ofrece una excepcional vista del glaciar que transcurre por la cara sur del Eiger. El magnífico panorama que se presenta a los viajeros recuerda a los épicos paisajes del pintor romántico Caspar David Friedrich. En el año 1824, el autor de El caminante sobre un mar de nubes realizó un cuadro llamado Das Eismeer, en el que recreaba un mar de hielo erosionado tras el paso de un barco rompehielos, donde enormes bloques de hielo se acumulan uno sobre otro. Ambos serán una rica fuente de inspiración para los viajeros que quieran seguir los pasos de Goethe y de Lord Byron por esta región que inspiró alguna de sus mejores obras.

La estación de Jungfraujoch está situada a 3.454 metros de altitud, pero los visitantes que quieran estar un poco más cerca del cielo pueden ascender un poco más. Gracias a un ascensor que parte de la misma estación es posible subir al pico conocido como Sphinx (Esfinge), donde se encuentra un observatorio científico (3.571 metros) que está considerado el edificio construido a mayor altura en Europa. Desde su espectacular terraza se aprecia un entorno dominado por tres montañas emblemáticas: Eiger (3.970 metros), Mönch (4.099 metros) y Jungfrau (4.158 metros). Con motivo del centenario, en el mes de abril se inaugura un nuevo pasadizo de 250 metros que comunica directamente la estación con el observatorio, de forma que es posible ascender a pie los 117 metros de desnivel que separan ambos puntos. Eso sí, conviene tener en cuenta que a casi 4.000 metros de altura los pulmones no trabajan tan holgadamente como a nivel del mar. Por tanto, avisados quedan los que emprendan esta ascensión.

Patrimonio de la Humanidad. Jungfrau pertenece a la zona denominada Jungfrau-Aletsch-Bietschhorn, que comprende 850 kilómetros cuadrados de naturaleza desbordante. Debido a su singularidad, en el año 2001 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El principal centro turístico de la región es la localidad de Interlaken, punto de arranque de la red ferroviaria que enlaza con Jungfraujoch. Esta cuidada localidad de poco más de 5.000 habitantes está ubicada entre los lagos Thun y Brienz, de ahí su nombre de "entre lagos". Alrededor de la céntrica calle de Höheweg se distribuyen más de 55 hoteles de todas las categorías que acogen cada año a casi 800.000 turistas. Su ubicación estratégica en plenos Alpes berneses convierte a la ciudad de Interlaken en un extraordinario paraíso de los amantes de la aventura. Además, la localidad de los Alpes representa un estupendo lugar para descubrir los múltiples aspectos sorprendentes de la cultura suiza, como la música yodel (esa que los neófitos asociamos con los gorgoritos), el inclasificable Hornussen (un peculiar deporte mezcla de golf, béisbol, lanzamiento de peso... Merece la pena buscar algún vídeo en Internet) y el swiss sumo (una modalidad de lucha que se celebra sobre un tatami de serrín).

Obviamente, los turistas sin vergüenza se aventurarán a realizar alguna de estas actividades, pero lo habitual es que se limiten a actividades más convencionales como el esquí, el trekking, el montañismo y las vías ferratas. En Suiza hay más de 60.000 kilómetros de senderos, todos ellos perfectamente acondicionados y señalizados para la práctica del senderismo. Un dato nada desdeñable si se tiene en cuenta que el país helvético tiene 348 kilómetros de este a oeste y 220 kilómetros de norte a sur. Como diría el recientemente fallecido Labordeta, "un país en la mochila".

Las celebraciones son una buena excusa para remarcar lo obvio. La estación de Jungfraujoch es uno de los parajes de montaña más espectaculares de Europa. Los eventos que este año conmemoran su centenario no hacen sino difundir sus virtudes. Virtudes que por otra parte son conocidas desde hace décadas en la India. En cualquier caso, se trata de una excusa tan buena como otra cualquiera para visitar esta región alpina. Como preparación al viaje conviene llevar ropa cómoda de abrigo, buenas botas para caminar y algunas frases en hindi para entenderse con los compañeros de tren. Como este trabalenguas de complicada traducción respecto a la altura de un camello: "Ek ooncha oont hai, poochh oonchi oont ki, poochh se bhi oonchi kya, peeth oonchi oont ki". Por ejemplo.