Juegos para recorrer el mundo: Un mapa viajero sobre la mesa que atraviesa los cinco continentes
Existen juegos que fueron empleados como mapas para viajeros medievales y otros que sirven de enseñanza espiritual. Recorremos los cinco continentes para descubrir algunos juegos que pueden inspirarnos en nuestros viajes.

Fachada de The Strong National Museum of Play, en Rochester (Nueva York). / Istock
La casilla número 19 del Juego de la Oca corresponde a la Posada. En la 6 y en la 12 se encuentra el Puente. Si no lo recuerda, búsquelo en internet. O mejor aún, rebusque en su trastero. ¡De oca a oca y tiro porque me toca! La primera referencia histórica a este juego de mesa se remonta a 1480. Aparece en un libro de sermones del fraile dominico Gabriele de Barletta. Una de las teorías más consolidadas sobre el origen de este juego lo vincula al Camino de Santiago. Según esta hipótesis, el tablero es una guía criptográfica y mnemotécnica para los peregrinos. En el siglo XII, la Orden del Temple era la encargada de proteger a los peregrinos que iban a Santiago de Compostela.

Jugadores de mahjong en una piscina de Chengdú, en la provincia china de Sichuan. / Getty Images / China News Service
A través de las imágenes del juego, los iniciados podían memorizar las etapas, los refugios y los peligros del Camino. El Puente, por ejemplo, simboliza el rito de paso entre lo terrenal y lo sagrado. Pero también tiene una referencia más concreta. El de la casilla 6 puede identificarse con Puente la Reina, localidad navarra con un relevante puente románico del siglo XI y donde se unen los dos caminos más importantes que vienen de Francia: el Camino Francés, proveniente de Roncesvalles, y la Vía Tolosana, que comienza en Arlés. Respecto al puente de la casilla 12, hay quien lo asocia con el puente del siglo XIII de Hospital de Órbigo (León), el más largo del Camino Francés con 310 metros. ¡De puente a puente y tiro porque me lleva la corriente! ¿Y por qué la oca? Es probable que fuera elegida por su carácter sagrado y su capacidad de transitar por tierra, agua y aire, personificando la versatilidad del espíritu en su viaje de perfección.

Juego del Mahjon / Raquel Marín
El Juego de la Oca no es un caso aislado. Más allá de que existan juegos de mesa en los que el viaje desempeña un papel protagonista —como el exitoso Ticket to Ride—, todos los juegos pueden analizarse como un viaje. Es más, en japonés, el término asobi, traducido habitualmente como “juego”, “diversión”…, también acepta la acepción de “excursión”. Los juegos son un viaje en el tiempo y el espacio para entender las sociedades en las que surgieron. En su libro La vuelta al mundo en ochenta juegos (2023), el matemático británico Marcus du Sautoy (1965) sostiene que estas actividades no son meros pasatiempos, sino “espejos culturales” que revelan la cosmovisión, las jerarquías sociales y las formas de convivencia de las civilizaciones que los crearon. En la misma línea, el historiador Johan Huizinga (1872-1945) subraya que el juego cumple una función espiritual y social que constituye la base de la civilización humana —Homo Ludens (1938), obra de Huizinga, es de lectura imprescindible en este tema—. A continuación, recorremos los cinco continentes para descubrir algunos de sus juegos más característicos y así comprender mejor el contexto de los países que figuran en nuestra lista de futuros viajes.
Asia: el origen de todo
En el número 104 de la calle Pall Mall de Londres se encuentra el Reform Club, un elitista club privado que fue creado en 1836. Phileas Fogg, el protagonista de La vuelta al mundo en 80 días (1872), de Jules Verne, era miembro del Reform Club y en él realizó la apuesta que da nombre al libro. A menos de 30 minutos a pie del club se encuentra el British Museum. En la planta superior, concretamente en la sala 56, una de las dedicadas a Mesopotamia, se encuentra el Juego Real de Ur. Se trata de un objeto de gran belleza que fue encontrado en la década de 1920 por el arqueólogo británico Sir Leonard Woolley durante sus excavaciones en un yacimiento localizado en la actual Irak. Se le considera uno de los juegos de mesa más antiguos que se conservan —está datado en el 2600 a. C.—. Desgraciadamente, no es recomendable visitar la zona en la actualidad, por lo que el British Museum es la mejor opción para descubrir y apreciar el Juego Real de Ur. Otra visita recomendable para los amantes de los juegos de mesa se encuentra en la sala 40: el visitante podrá disfrutar allí del ajedrez medieval de la isla de Lewis, probablemente el ajedrez más famoso del planeta. A propósito: el ajedrez también tiene un origen asiático.

Templos de Khajuraho en Madhya Pradesh, India. / Istock
Los historiadores consideran el Creciente Fértil como el lugar en el que nació la civilización. Hace aproximadamente 10.000–12.000 años, en el período neolítico, en la zona comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates, algunos grupos locales comenzaron a cultivar la tierra, dando paso al sedentarismo y al consecuente surgimiento de los primeros asentamientos estables. Como expresión de este fenómeno civilizatorio, parece comprensible la aparición de los primeros juegos. El Juego Real de Ur es un antecesor del backgammon, también originario de esta región.
India es un lugar clave para entender la aparición de los juegos de mesa. El término sánscrito chaturanga, traducido habitualmente como cuatro fuerzas, alude a las cuatro divisiones de los antiguos ejércitos indios: infantería, caballería, elefantes y carros de guerra. A partir de este concepto nació un juego de mesa llamado Chaturanga, al que se considera el precursor del ajedrez, evolución que se produjo tras su contacto con la cultura persa. En la actualidad, la ONU calcula que hay 605 millones de personas que juegan al ajedrez con regularidad.

Juego del Monopoly / Raquel Marín
Otro juego de procedencia india es Serpientes y escaleras, cuyo nombre original es Moksha Patam. En sánscrito, moksha significa “liberación” y patam, “juego”. Cuando uno visualiza el tablero de este juego y conoce el significado de su nombre, comprende que se trata de una forma de explicar la concepción hinduista de la reencarnación. A medida que se realizan buenas acciones, uno va ascendiendo en el ciclo de reencarnaciones hasta liberarse de ese ciclo continuo. Las serpientes simbolizan las malas acciones que generan mal karma y nos impiden alcanzar el estado de liberación definitivo. Existen muchos ejemplos en el arte indio relacionados con este ciclo de muerte y reencarnación. Uno de los más impactantes es el templo de Khajuraho —declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986—, en el estado de Madhya Pradesh. Sus populares esculturas eróticas no son otra cosa que la expresión de diferentes aspectos de la vida del ser humano en su búsqueda de la liberación.
América: la sociedad de la abundancia
Mientras que Serpientes y escaleras es el reflejo de una preocupación espiritual, existe un juego creado en 1904 que simboliza el materialismo contemporáneo: el Monopoly. Paradójicamente, el origen de este juego es The Landlord’s Game, creado por Lizzie Magie (1886-1948), pionera del feminismo estadounidense y ferviente seguidora del georgismo, doctrina económica que propone que la tierra y los recursos naturales pertenecen a toda la humanidad y que, por tanto, su valor debería ser gravado fiscalmente en beneficio común, en lugar de quedar en manos de propietarios privados. Quién te ha visto y quién te ve.

Interior del British Museum, donde se encuentra el Juego Real de Ur. / Getty Images / Sylvain Sonnet
En 1935, la empresa estadounidense Parker Brothers comenzó a comercializar el juego, del que había adquirido los derechos un par de años antes. A lo largo de su historia, algunos de los juegos que comercializó esta compañía se han convertido en absolutos clásicos, como el Risk y el Scrabble. En 1991, Parker Brothers fue comprada por la potente Hasbro —G. I. Joe, Dragones y mazmorras, etc.—. En el estado de Nueva York, más concretamente en la localidad de Rochester, se encuentra The Strong National Museum of Play, centro dedicado a la historia, el estudio y la experiencia de los juegos, tanto en su versión física como virtual. Este centro de 26.000 m2 de extensión cuenta con un espacio al aire libre especialmente dedicado a Hasbro, con atracciones centradas en juegos como Simon, Trivial Pursuit y, cómo no, Monopoly.

Juego del Mutorere / Raquel Marín
Avanzando como las fichas del Monopoly, viajamos hasta Buenos Aires, capital de Argentina. A mitad de camino entre los barrios de Monserrat y San Telmo se encuentra un paraje de especial interés para los amantes de la literatura... y de los juegos. ‘El Zahir’ es un relato que aparece en El Aleph (1949), de Jorge Luis Borges, probablemente una de las colecciones de cuentos más populares de la literatura en español. La clave aparece en un par de frases aparentemente anodinas... aparentemente. “En la esquina de Chile y Tacuarí vi un almacén abierto. En aquel almacén, para mi desdicha, tres hombres jugaban al truco”. ¿A qué truco se refiere? El truco es un juego de cartas muy extendido en Sudamérica, en el que es vital el engaño y la estrategia. Sus orígenes se remontan a Europa y fue introducido en el continente americano por los españoles en el siglo XVIII. En cualquier caso, el truco obtuvo tan buena acogida que desarrolló sus propias variantes locales: en Argentina, en Brasil, en Chile, en Uruguay, en Paraguay, en Venezuela... Hoy día, aquellos que paseen por las distinguidas calles del Barrio Sur bonaerense pueden acercarse a la confluencia de Chile y Tacuarí. Allí se encuentra un funcional café. Quizá tengan suerte y puedan echar una partida de truco con algún parroquiano. O tomar un matecito mientras leen un cuento de Borges, que tampoco es mal plan.
Europa: algo nuevo y algo viejo

Nine Men's Morris / Raquel Marín
Los cineastas tienen los Oscar. Los escritores, el Nobel. El Grammy está pensado para los músicos... Y los diseñadores de juegos de mesa ansían ganar el Premio Spiel des Jahres, que se entrega anualmente en Alemania desde 1978. En 1995, el galardón recayó en un juego creado por el técnico dental Klaus Teuber (1952-2023) llamado Catán. Desde entonces, este juego ha vendido alrededor de 45 millones de copias. Y las ventas se mantienen; según las últimas cifras oficiales, solo en 2024 se vendieron 5,5 millones de unidades. Catán se ha traducido a más de 40 idiomas, convirtiéndose en todo un clásico moderno. El objetivo es colonizar una isla deshabitada, creando poblados, ciudades y carreteras, compitiendo por ser la civilización dominante frente a la de otros jugadores. Teniendo en cuenta la historia del continente europeo, resulta revelador que uno de sus juegos de mesa más famosos tenga como objetivo la colonización de parajes remotos.
El éxito de Catán no es un fenómeno aislado. De acuerdo con un informe de Grand View Research, Inc. publicado en 2025, el mercado de los juegos de mesa y cartas mueve alrededor de 20.000 millones de dólares al año —casi 17.000 millones de euros—. Y las previsiones son al alza. No solamente se trata de la venta de los juegos, sino de lo que se organiza alrededor. Existe, por ejemplo, un Campeonato Mundial de Catán, que se celebra cada dos años y al que acceden los ganadores locales. La última edición se celebró en 2025 en Stuttgart y con 90 jugadores de 60 países. El ganador fue Kohulan Narendran, de Canadá. El próximo mundial se celebrará en 2027 y aún no se ha anunciado dónde tendrá lugar.

Jean-Marie Andriatsarafara, campeón malgache de fanorona. / Getty Images / RIJASOLO
Frente a las últimas tendencias, conviene echar la vista atrás para ver de dónde venimos. Uno de los juegos más antiguos de los que tenemos noticias es conocido en el mundo anglosajón como Nine Men’s Morris y en español como El juego del Molino. A pesar de que este juego se asoció fundamentalmente con el Imperio romano, el primer testimonio que tenemos de su existencia aparece en el templo egipcio de Kurna, alrededor del 1.400 a. C. Hoy pueden encontrarse piezas históricas de este juego en numerosos lugares de Europa, como en el Museo Nacional de Irlanda, en Dublín, o en el Museo Arqueológico de Micenas (Grecia).
África: algo nuevo y algo viejo
Desde un punto de vista eurocéntrico, la cultura africana queda reducida a menudo a una colección de lugares comunes. Quizá por ello, la mayor parte de los juegos africanos no son muy conocidos fuera de sus fronteras. Y, sin embargo, existen ejemplos de gran interés. El mancala, por ejemplo, es uno de los juegos de estrategia para dos jugadores más antiguos del que tenemos noticias. Hay pruebas de que ya se jugaba en África y Asia hace 8.000 años. Se trata de un juego de estrategia en el que se distribuyen y capturan semillas, piedras o fichas moviéndolas entre pequeños hoyos de un tablero.

Ejemplo de la cultura maorí en Te Papaiouru Marae, Rotorua, Nueva Zelanda. / Istock
Otro de los clásicos africanos es el fanorona, de Madagascar. Este juego, como otros muchos similares en África, sirve para el aprendizaje comunitario. Estos juegos mantienen la cohesión social y sirven para la transmisión de valores y la resolución pacífica de desafíos dentro del grupo. El fanorona se juega en un tablero de 5x9 intersecciones. Dos jugadores buscan capturar todas las fichas del oponente moviendo piezas por líneas interconectadas, capturando por aproximación o alejamiento. Aún hoy goza de excelente salud y es habitual ver a los malgaches jugando relajadamente en espacios públicos.
Oceanía: el continente olvidado
En un continente en el que parecen ser adictos a las actividades adrenalínicas sobresale un juego de estrategia llamado Mu Torere, originario de la cultura maorí —para descubrir más sobre estos aborígenes es recomendable visitar el Museo de Nueva Zelanda Te Papa Tongarewa, en Wellington—. El Mu Torere se juega sobre una estrella de ocho puntas. El tablero puede dibujarse sobre la arena, grabarse sobre una tabla o corteza o marcarse con un tizón. Y las piezas, cuatro por jugador, pueden ser piedras. No hace falta mucho para divertirse... Sirva este ejemplo como colofón para este viaje relámpago por los cinco continentes.

Juego de Mancola / Raquel Marín
Aeropuertos, hoteles y chiringuitos de playa son lugares ideales para disfrutar de un buen juego de mesa. Estimulan el cerebro, mejoran la memoria, la concentración y la estrategia y fomentan las relaciones personales. Ah... y encima son divertidos. Como dejó escrito Benjamin Franklin, “no dejamos de jugar porque envejecemos. ¡Envejecemos porque dejamos de jugar!”.
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