¿Por qué las Jónicas son las islas más tentadoras de Grecia?

De Corfú a Zante, un viaje por este archipiélago de la costa oeste cargado de resonancias mitológicas

Noelia Ferreiro
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Foto: Balate Dorin / ISTOCK

Son las islas de Ulises, allí donde tuvieron lugar las peripecias narradas por Homero sobre el héroe más épico de la Antigüedad. Un archipiélago que, aún hoy, sigue brindando una hermosa Odisea en busca del eterno mito.

Casco antiguo Kerkyra, en Corfú
Casco antiguo Kerkyra, en Corfú | Balate Dorin / ISTOCK

Las Jónicas, diseminadas a lo largo de la costa oeste de Grecia, siguen siendo, tres milenios después, la Grecia más auténtica. Un lugar que despliega su magia desde la frondosa Corfú hasta la rocosa y escarpada Zante, pasando por las minúsculas hermanas de Paxos y Antipaxos, la bella y exclusiva Cefalonia y la siempre legendaria Ítaca.

Playa del naufragio de Zakynthos
Playa del naufragio de Zakynthos | CalinStan / ISTOCK

Emprendemos un viaje por estas islas, posadas sobre el azul cobalto del mar Jónico, allí donde el personaje homérico emprendió su última aventura, mientras la sufrida Penélope tejía y destejía en su eterna espera. Un periplo que arranca en el puerto de Preveza, al oeste de la costa continental, que suele ser el puerto de embarque para arribar a este archipiélago.

El descanso de Ulises

Verde y de accidentadas montañas, Corfú es la primera de las paradas, justo donde cuentan que Ulises, antes de regresar a su patria, encontró asilo tras un naufragio. No pudo haber elegido un lugar mejor: esta isla, una de las mayores del conjunto, es un auténtico vergel, pleno de olivares, cipreses y huertas, que compiten con playas de ensueño.

Puerto de Prevenza, en Grecia
Puerto de Prevenza, en Grecia | summerphotos / ISTOCK

Aquí no hay que perderse el monte Pantokrátor, en el norte, ni las pintorescas aldeas que salen al paso mientras se accede al convento del mismo nombre. Tampoco Paleokastritsa, en la costa occidental, con altos barrancos, pequeñas calas y un pueblo delicioso. Ni el palacio de Achilleion, en el sur, que fue la residencia estival de la emperatriz Sissi.

Un glamour que encontraremos después de pasar por Paxos y Antipaxos, dos joyas cuajadas de cuevas marinas donde el agua es de un azul irreal. Con apenas un par de pueblos, la calma en estas diminutas hermanas está más que asegurada, como también lo está en Lefkada, la siguiente isla en aparecer, cuyos fértiles campos se extienden a los pies de picos que rebasan los mil metros de altitud. Esta espina dorsal no sólo da paso a bonitas poblaciones escondidas entre viñedos, sino también a playas de postal que tapizan la costa oeste.

Isla de Paxos, Grecia
Isla de Paxos, Grecia | KroXi / ISTOCK

Territorios inolvidables

Así llegamos a otra de las islas mayores: Cefalonia, que debe su nombre a Céfalo que, según la mitología, fue el bisabuelo de Ulises. Un lugar que tiene los ingredientes de todo territorio inolvidable: playas dramáticas como Myrtos, enmarcada por acantilados blancos, un rico patrimonio cultural con ruinas romanas sin excavar, una cordillera majestuosa tapizada de vegetación y pueblos resplandecientes como Fiskardo, al que se conoce como el "Portofino griego".

Vista de la hermosa playa de Myrtos en Cefalonia, Grecia
Vista de la hermosa playa de Myrtos en Cefalonia, Grecia | miniloc / ISTOCK

Con semejante empacho de belleza, Ítaca será casi el broche perfecto, como lo fue para el héroe de la Odisea después de veinte largos años. Esta isla que, para muchos, simboliza el camino de la propia vida, encierra acantilados que parecen cortados a pico, calas de blancos guijarros, escarpados pasos de montañas y pueblos de pescadores con monasterios bizantinos.

Amanecer en Ithaca, en Grecia
Amanecer en Ithaca, en Grecia | Alexander Negatin / ISTOCK

Eso y la irremediable carga mítica que culminará en Zante, la más meridional de las Jónicas, famosa por ser el hábitat de la tortuga boba en la bahía de Lanas, que es un Parque Marítimo Nacional. Una isla algo maltratada por el urbanismo desmedido, pero con rincones salvajes como la playa del Navagio, que confirma las palabras del poeta Solomos: “Estos parajes son capaces de hacerte olvidar los Campos Elíseos”.