El jardín de Marruecos que enamoró a Yves Saint Laurent: un paraíso de palmeras y azules
A las afueras de la Medina de Marrakech brillan los azules del Jardín Majorelle, un oasis artístico que evoca la exuberancia chic entre mundos vegetales y paletas cromáticas.

En el mundo existen oasis de todo tipo, pero solo uno de ellos supone el nacimiento de un nuevo color, en este caso el llamado azul majorelle. En una ciudad de Marrakech casi asfixiante en los meses de verano, la búsqueda del frescor me lleva fuera de las murallas terracota de la antigua Medina para sumergirme en la Medina Francesa, con sus calles asfaltadas, sus tiendas chic y edificios modernos entre los que sobrasalen enormes cactus.

Se trata del Jardín Majorelle, uno de los lugares que no pueden faltar durante tu visita a la ciudad marroquí.
Jardín Majorelle: cuando Marrakech enamoró a Yves Saint Laurent
En 1924, el artista francés Jacques Majorelle decidió comprar un pequeño palmeral a las afueras de Marrakech - por entonces, una ciudad administrada bajo el protectorado francés -, que supondría el nacimiento de su mayor obra de arte. Una tierra aún agreste donde Majorelle planteó la construcción de un chalet art déco diseñado por el arquitecto Paul Sinoir e inspirado en los muchos contrastes de la propia Marrakech, desde sus aromas hasta la estética de la icónica kasbah.

Fue así como nacía una nueva forma de habitar el paisaje a través de nuevos colores como el azul majorelle, una especie de tonalidad ultramarina creada por el propio artista y que sirvió para pintar la construcción principal. A este hito, Jacques Majorelle sumó plantas y árboles traídos de sus viajes alrededor del mundo, desde cactus mexicanos hasta nenúfares, buganvillas o bambús. Poco a poco, el Jardín Majorelle se convirtió en un oasis vanguardista que evocaba la tradición local pero también los caprichos arquitectónicos europeos.
Un paraíso dominado por el sonido del agua entre los estanques, las pérgolas, los aromas frutales y nuevos colores en torno a un chalet como epicentro del espectáculo.

En 1947, el jardín sería abierto al público y en 1962, Jacques sufriría un accidente de tráfico que le obligó a ser repatriado a París, donde falleció finalmente. Esta pérdida supuso el total abandono de la finca hasta que, en 1980, el diseñador de alta costura Yves Saint Laurent y su pareja, Pierre Bergé, adquirieron el jardín y ampliaron su número de especies vegetales. Además, Bergé fundó el Museo de Arte Islámico de Marrakech, también abierto al públicado y formado por diversas muestras de arte islámico procedente de los principales países de religión musulmana.
Con el tiempo, el Majorelle amplió su número de jardineros y pasó a convertirse en uno de los lugares más visitados de la ciudad de Marrakech. Un atajo a un mundo onírico donde destacan diferentes pabellones, sus estanques poblados de enormes carpas naranjas, o las empalizadas de bambú que peinan los vientos saharianos.
Todo ello envuelto en un color ensoñador cuya estela se refleja no solo en el chalet, sino en diversas fachadas de la Medina Francesa, los ropajes locales y elementos que confirman la presencia del azul majorelle como un sentimiento universal.
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