¿Qué hace un jardín de encinas en lo alto de una torre? En Lucca nos lo explican

Viajamos hasta la Toscana para conocer una de sus ciudades más atrayentes

José Miguel Barrantes Martín
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La Toscana. Sólo pronunciarla, nuestra imaginación ya comienza a volar… Y formando parte de ella, una ciudad de tamaño medio de la que no solemos tener noticia, a pesar de encontrarse a poco más de veinte kilómetros de Pisa y de ser una de las poblaciones más interesantes de la célebre región italiana. Lucca es un lugar maravilloso. Una caja de sorpresas cuyo desconocimiento en el mundo turístico no alcanzamos a entender. Un reducto medieval al que la fortuna sonrió a lo largo de la historia para legarnos algunas joyas patrimoniales que se han conservado hasta nuestros días, entre las que encontramos una curiosa y emblemática torre que acapara nuestras miradas.

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Uno de los mejores ejemplos mundiales de ciudad amurallada

Lucca es una ciudad de origen etrusco que fue durante varios siglos una población independiente que, milagrosamente, logró esquivar los avatares de las continuas guerras que se sucedieron en el tiempo alrededor de ella. Gracias a ello ha conservado intacta su magnífica muralla renacentista, albergando en su interior un centro histórico con un marcado aire medieval en el que la riqueza patrimonial es apabullante.

Sus murallas, puertas y baluartes, que vistos desde una perspectiva aérea no dejan lugar a dudas de su grandeza, han permanecido intactos durante siglos dando como resultado varios kilómetros de recinto que rodean la parte antigua formando un conjunto único en el mundo. Mientras, en su exterior, amplios espacios ajardinados y senderos jalonados con árboles han transformado su apariencia estrictamente defensiva en un entorno de gran belleza, muy agradable para el paseo o para llevar a cabo una ruta que rodee este magnífico patrimonio.

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Las bien conservadas y singulares murallas de Lucca delimitan un casco viejo monumental cargado de sorpresas. Calles medievales, torres, iglesias y una enorme belleza arquitectónica que nada ha de envidiar a muchos monumentos de la vecina Florencia. Conocida popularmente en Italia como «la ciudad de las 100 torres y las 100 iglesias» - por la antigua apariencia de su horizonte urbano -, en la actualidad el número de estas construcciones es mucho más reducido, si bien los ejemplos que podemos encontrar compensan la reducción en la cantidad. El esplendor medieval y el florecimiento del renacimiento han dejado auténticas joyas sobre la cuadrícula de base romana del centro histórico, de fácil intuición en espacios como la Plaza de San Michele – antiguo foro – donde la iglesia del mismo nombre toma todo el protagonismo con el arcángel en lo más alto coronando la ornamentada fachada. Una iglesia fascinante que asombra por su belleza y sus múltiples detalles a toda persona que la admira por primera vez.

Otra plaza destacada es la de Napoleone, la más grande de Lucca y epicentro de las manifestaciones culturales de la ciudad y donde se extiende el Palacio Ducal, sede hoy en día del gobierno local.

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No podemos olvidarnos, asimismo, de la Plaza del Mercato, que constituye seguramente el espacio abierto más representativo de la ciudad y una de sus estampas más bellas y reconocibles. Se trata de una curiosa plaza con forma ovalada asentada sobre los cimientos del antiguo anfiteatro romano, del que podemos aún observar las puertas de acceso y numerosos restos sobresaliendo de las viviendas que rodean el conjunto. Al margen de las plazas, la Via Fillungo es la principal del recinto amurallado y la más célebre entre las calles comerciales de la ciudad. Pasear por ella nos permite descubrir a nuestro paso diversos palacios renacentistas y la atalaya de Lucca, la Torre delle Ore, la más alta de la villa, construida en el siglo XIII, famosa por el mecanismo del reloj que da nombre a la torre y que se puede observar en su interior mientras se sube por ella para admirar unas vistas espléndidas.

Capítulo de vital importancia para Lucca son también las iglesias, con el Duomo románico de San Martino a la cabeza, que luce esplendoroso junto al campanario y el baptisterio, formando un conjunto rodeado por otras tantas iglesias de gran belleza e importancia. Mientras, en el extremo opuesto del recinto amurallado, ninguna visita a Lucca debe dejar de contemplar el templo más antiguo de la ciudad, la Basílica de San Frediano, con su original y llamativo frontón decorado.

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Y para terminar el paseo por los lugares destacados del recinto, qué mejor que hacerlo en un espléndido lugar: el Palacio Pfanner. Belleza en esta puro acompañada de uno de los jardines con más gusto de toda Italia, que bien podría haber servido de inspiración al genial compositor de ópera Puccini, nacido en Lucca, donde su Casa Museo nos acerca a esta figura de la música clásica.

La torre más emblemática de Lucca

En el mismo corazón del recinto amurallado de Lucca se encuentra una de las construcciones más carismáticas y originales de la ciudad, además de una visión inconfundible del centro histórico. El palacio – convertido en museo - y la torre Guinigi, del siglo XIV, pertenecieron a una de la principales familias de Lucca, que siguiendo la moda del momento, mandó construir una gran torre en señal de su poderío.

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Con 44 metros de altura es uno de los puntos más elevados de la villa y una de las escasas torres medievales que se conservan en la actualidad, por lo que su valor es incalculable. Los 231 escalones hasta la parte más elevada son un pequeño sacrificio si al llegar arriba nos topamos con la asombrosa imagen de siete encinas plantadas en la parte superior, formando un jardín arbolado cuyo fin original fue el de embellecer la torre; aunque cuenta la leyenda más extendida que esta idea tuvo mayor relación con el intento de superar en altura a la Torre delle Ore, con 50 metros.

Sea cierta o no, la realidad es que desde este jardín privilegiado se obtienen unas vistas únicas de Lucca al amparo de la sombra de unas encinas que también guardan diversas leyendas, cuyo descubrimiento en lo alto de la torre pone el toque poético a la visita.

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