Está en Jamaica y la llaman "el paraíso en la Tierra": la playa donde un río desemboca en el Caribe que fue refugio secreto de las estrellas de Hollywood
Jamaica tiene costas que los folletos no enseñan. Al este de la isla existe una cala donde un río de agua dulce se funde con el Caribe y que es la viva definición de un paraíso terrenal.

El paraíso en la tierra existe y se llama Frenchman's Cove. / Istock
Portland es la parroquia que Jamaica se reserva para sí misma. Un lugar al que se llega por una carretera costera que bordea la costa noreste y que avanza entre palmas y acantilados verdes como si tampoco ellos tampoco tuvieran prisa. Lo explicó perfectamente la poeta estadounidense Ella Wheeler Wilcox, que escribió que Port Antonio era "el puerto más exquisito de la Tierra", y lo hizo antes de que existieran los vuelos chárter, las aplicaciones de reservas y los rankings de playas. Que su frase siga circulando más de un siglo después dice algo de este rincón del Caribe.

El lugar donde el río se junta con el mar Caribe. / Turismo de Jamaica | Scott G Toepfer
En el camino hacia San San, donde la vegetación espesa y el mar aparece y desaparece entre las curvas, la carretera pasa junto a una entrada discreta que baja hacia el agua. Ahí empieza Frenchman's Cove. O más bien: ahí termina la necesidad de seguir buscando.
Donde el río se rinde al mar
Lo primero que se escucha antes de verla es el río. Un río pequeño, casi tímido, que baja de las montañas entre piedras y sombra y cruza la arena hasta fundirse con el Caribe con la naturalidad de quien lleva siglos haciendo lo mismo. La playa mide apenas 93 metros de longitud y el río discurre por su extremo occidental hasta desembocar en la cala. Noventa y tres metros. Menos que un campo de fútbol. Y sin embargo hay algo en esa escala pequeña, casi íntima, que lo hace profundamente especial.

El río se funde con el mar Caribe dejando las aguas más espléndidas del país. / Istock
A ambos lados, dos acantilados cubiertos de vegetación tropical cierran el horizonte como telones. En el centro, la arena es dorada y fina, el agua del mar tira hacia el azul zafiro, y el río llega fresco desde arriba para templar la temperatura y crear esa piscina natural donde conviven el agua dulce y la salada. El bañista puede elegir en cuál nadar, con solo dar unos pasos en una dirección u otra. Es un capricho de la geografía que la fotografía reproduce mal, porque lo que hace especial a Frenchman's Cove no es un solo elemento sino la suma de todos a la vez: el sonido del agua, la sombra de los árboles, la escala humana de la cala y el columpio sobre el río que alguien colgó de una rama hace tiempo y que nadie ha tenido el mal gusto de quitar.

Aguas transparentes y turquesas en Frenchman's Cove. / Turismo de Jamaica | Scott G Toepfer
La llaman "paraíso" desde hace décadas —los propietarios, los viajeros, las guías— y uno llega dispuesto a desconfiar de la hipérbole y se marcha sin haber encontrado una palabra mejor. El río es tan refrescante que quienes entran confiesan no querer salir. Para acceder se paga una entrada pequeña que financia el mantenimiento y limita el número de visitantes: es la razón por la que la cala sigue siendo lo que es y no lo que podría haber sido. En el bar de playa sirven jerk chicken, langosta, cócteles y zumos de fruta que llegan a la tumbona sin que nadie tenga que moverse demasiado.

El famoso columpio de Frenchman's Cove. / Álvaro Martínez Fernández
El glamour que se quedó a vivir aquí
Frenchman's Cove no nació como playa pública. La construcción empezó en 1958 y el resort abrió en 1962 como el primer todo incluido del Caribe, y posiblemente del mundo. Era un lugar pensado para gente que no tenía que preguntar el precio: la estancia mínima era de dos semanas, la tarifa lo incluía absolutamente todo y entre los servicios figuraba el uso de un helicóptero privado.
Elizabeth Taylor y su entonces marido Richard Burton, Marlon Brando, los Beatles, Ian Fleming, la reina Isabel II y Errol Flynn pasaron todos por aquí. Flynn merece mención aparte: el actor llegó a Portland a bordo de su yate, el Zaca, quedó atrapado por la belleza del lugar y terminó comprando Navy Island y varias propiedades en la costa. Ian Fleming, que también cayó en las redes de esta parte de la isla, escribió en Jamaica la primera novela de James Bond. Hay lugares que inspiran y hay lugares que retienen. Y Portland, por algún motivo, hace las dos cosas.

Una playa preciosa que te deja postales como estas. / Álvaro Martínez Fernández
El cine también dejó huella en la arena. En Frenchman's Cove se rodaron El señor de las moscas, Knight and DayCocktail y No Time to Die, entre otras producciones. La escena de Knight and Day en la que Cameron Diaz y Tom Cruise salen del agua enmarcados por los dos promontorios verdes es, para muchos espectadores, una imagen guardada en algún rincón de la memoria sin saber exactamente a dónde pertenece. Ahora ya se sabe.

Así se ve la playa de Frenchman's Cove en Jamaica. / Istock
El hotel donde la música encuentra su lugar
A tres minutos en coche de Frenchman's Cove, subiendo por una pista que se pierde entre la selva, existe otro tipo de refugio. El Geejam empezó siendo un estudio de grabación —Jon Baker, fundador del sello hip-hop Gee Street Records, encontró una villa en ruinas en Portland y la convirtió en estudio— y acabó convirtiéndose en algo más difícil de clasificar: un hotel boutique enclavado en dos hectáreas de bosque tropical con vistas al Caribe, donde la música y el silencio conviven con una naturalidad que en otro lugar sonaría a contradicción.

Piscina y bar del Geejam Hotel. / Geejam
A lo largo de los años han grabado aquí Drake, Amy Winehouse, Alicia Keys, Gwen Stefani, Diplo, Gorillaz, Snoop Dogg, Florence and the Machine, Grace Jones, John Legend, Björk, Lily Allen, Harry Styles y Shawn Mendes, entre muchos otros. Harry Styles, por ejemplo, pasó dos meses en el estudio de Geejam en otoño de 2016 escribiendo su primer álbum en solitario, y parte de Sign of the Times nació entre estas paredes. La pregunta de qué tiene este rincón de Portland para que artistas de medio mundo vengan a buscar aquí lo que no encuentran en sus estudios de Los Ángeles o Londres tiene una respuesta que cualquiera que haya bajado a Frenchman's Cove esa misma mañana puede intuir.

Vista exterior de los Geejam Studios. / Geejam
El hotel se asienta en una colina cubierta de selva en el barrio de San San y sus habitaciones y villas están repartidas por la ladera con una discreción que parece premeditada: nada interrumpe las vistas al Caribe, nada compite con el sonido del bosque. Sus nuevas Rumba Rooms llevan el nombre de leyendas de la música jamaicana, como el productor King Tubby o Peter Tosh, miembro fundador de The Wailers —un guiño que en otro hotel sería decorativo y aquí resulta completamente coherente. Las villas más grandes cuentan con piscina privada, chef y servicio de mayordomo; las cabinas, más íntimas, tienen terrazas con jacuzzi sobre el verde. Algunos huéspedes confiesan pasar días enteros sin salir de su espacio, recibiendo las comidas en la habitación y sin cruzarse con nadie más salvo el personal. Para quien prefiere asomarse al mundo, el Bushbar sirve cocina jamaicana de fusión con el mar de fondo y, de vez en cuando, música en directo. Las sesiones de grabación no están abiertas al público en general, aunque el personal siempre está dispuesto a mostrar el espacio y contar su historia.

Cabina Drum & Bass, arriba del estudio de grabación. / Geejam
Del Geejam a Frenchman's Cove hay tan solo 15 minutos andando cuesta abajo, aunque el hotel tiene su propia playa privada en la que puedes disfrutar de deportes acuáticos o un baño refrescante. Para quien viaja a esta cala y quiere entender por qué Portland atrae a cierto tipo de persona —el que necesita desaparecer del mundo para poder crear algo—, una noche en el Geejam da más respuestas que cualquier guía.
Cómo llegar y qué hacer alrededor
Frenchman's Cove está en San San, a unos ocho kilómetros al este de Port Antonio. Si se parte desde la ciudad, la playa queda a unos ocho kilómetros siguiendo la carretera costera. Desde Kingston son menos de dos horas en coche; desde Montego Bay, donde llegan la mayoría de vuelos internacionales, el trayecto ronda las tres horas y media. Vale la pena alquilar coche: la ruta tiene paradas que justifican el desvío y las distancias se llevan mejor cuando uno decide cuándo parar.

Vista de la costa de Port Antonio, en Jamaica. / Istock
A pocos minutos de la cala, la Blue Lagoon es una poza de agua turquesa alimentada por manantiales subterráneos y rodeada de acantilados boscosos, a unos 17 minutos en coche desde Port Antonio. El color cambia según la hora del día, del verde al índigo, y tiene esa clase de belleza que desconcierta un poco porque no termina de parecer natural aunque lo sea. Winnifred Beach, a escasos minutos, es arena blanca, entrada libre y el tipo de ambiente local que recuerda que Portland sigue siendo, ante todo, un lugar donde vive gente.

Blue Lagoon, en Jamaica / Istock
La comida en esta parte de Jamaica merece un plan propio. El Boston Jerk Centre, junto a Boston Beach, está considerado el lugar de nacimiento del jerk jamaicano —esa técnica de adobo y brasa con pimienta de Jamaica, chile scotch bonnet y una mezcla de especias que lleva siglos perfeccionándose y que aquí huele desde la carretera antes de verlo. Los vendedores en la orilla, el humo de las parrillas y el ambiente de Boston Bay son parte de la experiencia tanto como la comida en sí. En Port Antonio, Anna Banana es el sitio para los desayunos jamaicanos, el pollo a la brasa y los platos de marisco al estilo local, con langosta y caracol cocinados como manda la tradición.
La mejor época es entre diciembre y abril, cuando las lluvias ceden. Pero Portland es la parroquia más lluviosa de Jamaica por su orografía, y conviene asumirlo sin drama: un chubasco dura lo que dura, pero el cielo se abre y el verde que queda después es de un tono que no tiene nombre exacto en ningún idioma.
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