Istria. Trufas y romanos

El paraíso otoñal de Croacia. Istria, la península triangular del noroeste de Croacia, cautiva en otoño por su interior bucólico, con ciudades y castillos amurallados y tierras fértiles donde crece la vid y el olivo, y por las espectaculares puestas de Sol en su litoral. La vinculación romana y veneciana de estas tierras supone otro acicate singular para disfrutar de un destino original en el que destaca su gran manjar gastronómico: la trufa blanca y negra.

Javier Carrión
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Foto: Eduardo Grund

Una vez que se pisa la península de Istria, en el norte de Croacia, se nota la huella dejada por los pueblos antiguos. Las fortificaciones enclavadas en las montañas del interior recuerdan el paso de los conquistadores romanos y venecianos en la Edad Media, y de bizantinos, franceses, italianos, alemanes y yugoslavos ya en la recta final del siglo XX. Hoy son quizás los turistas los nuevos invasores de esta región mediterránea con 242 kilómetros de costa, bellas aldeas medievales y un paisaje repleto de viñedos y olivares que se beneficia de sus 2.400 horas de sol anuales.

Anfiteatro romano de Pula | Eduardo Grund

Si el viajero alcanza Istria desde el Este tras aterrizar en Zagreb, la capital croata, lo normal es sorprenderse con una miniruta del interior de esta región, una vez rebasado Rijeka, que conduce a las ciudades más pequeñas del mundo. A la cabeza de todas ellas figura Hum, mencionada por primera vez en 1102, que luce ese título a la entrada del recinto. Hum presume de su reducido y encantador casco viejo formado por la logia de la ciudad, las casas populares y de la nobleza y la iglesia, y de su castillo, situado en lo alto de la colina desde el que se divisa el río Mirna. Ese paseo completo por esta villa de solo veinte habitantes, de los que seis son niños, llevará escasamente cinco minutos con una parada obligada: la Humska Konoba, donde se puede probar el brandy tradicional biska.

Rovinj, una pequeña península, está considerado el pueblo más hermoso de la costa norte de Croacia.  | Eduardo Grund

Completan este itinerario de núcleos minúsculos, aceptado por el Libro Guinness de los Récords, otras dos ciudades: Roč y sus 150 habitantes, a 10 km de Hum, en otro promontorio con un rico patrimonio cultural basado en la escritura glagolítica –aquí se descubrió el alfabeto eslavo más antiguo y completo de los que se conocen, el Abecedarium Glagolitic, de 34 letras–, y Buzet, sorprendente por su laberinto de calles y plazas estrechas en torno a la iglesia de Santa María. La villa,  muy próxima a la frontera con Eslovenia, cuenta con una población que ronda los 10.000 habitantes y ha adquirido fama por su licor artesanal y por la trufa blanca que crece en los bosques cercanos.

Hum, Istria | iascic / ISTOCK

Esplendor veneciano

Continuando viaje por el centro geográfico de Istria, un casco antiguo medieval reclama la atención en el horizonte por haber sido reconocido como Patrimonio Mundial. Es el de Motovun, ciudad amurallada que formó parte durante 520 años de la República Veneciana, hasta finales de siglo XVIII. Para comprobar su belleza arquitectónica hay que pasear entre sus calles empinadas hasta alcanzar la iglesia de San Stefano, atravesar las puertas de la ciudad y, al llegar a lo más alto, alojarse en el hotel Kastel, el más legendario de Motovun.

Porta Aurea o Arco del Triunfo de los Sergios, en Pula | Eduardo Grund

Desde este punto solo queda encandilarse con las vistas de sus campos de viñedos y con la plaza principal, donde destacan un par de leones de San Marcos, el símbolo de la poderosa Venecia. Otra opción desde este céntrico lugar es iniciar un paseo por las murallas. Tres partes de la ciudad siguen conectadas por un sistema de fortificaciones internas y externas construido entre los siglos XIV y XVII. Se trata de un perímetro muy bien conservado que, con las torres y puertas de la ciudad, mezclan elementos de estilo románico, gótico y renacentista con espectaculares vistas de 360 grados.

Pazin y Julio Verne

Puerto pesquero de Rovinj | Eduardo Grund

Para acceder a la histórica Motovun y poder aparcar el coche hay que pagar 10 kunas por una hora de estacionamiento, siempre que haya plazas libres, pero la visita resulta cautivadora. Como la de Pazin, a 20 km, donde se podrá entender cómo este lugar inspiró a Julio Verne el argumento de su novela de aventuras Mathias Sandorf (1885). Pazin impresiona por su castillo medieval, su enorme sima y una gran cueva a la que se puede acceder a través de un cañón y llegar hasta un sendero subterráneo de 200 metros y al lago de Martel.

El anfiteatro romano de Pula data del siglo I y tenía capacidad para 20.000 espectadores.  | Eduardo Grund

La boca abierta de la cueva en la pared maravilla al que se acerca hasta este punto frecuentado por espeleólogos y algunos atrevidos que sobrevuelan este grandioso paisaje kárstico, que preside su fortaleza medieval, en tirolina. El precio de esta experiencia oscila entre 80 y 160 kunas, dependiendo del uso de dos o cuatro líneas de cuerdas.

La ciudad de los artistas

Al oeste de la península, a solo 15 km de la costa, otro pueblo pintoresco de la Istria central invita al desvío. Se trata de Grožnjan y es conocido como la ciudad de los artistas, pues en su casco viejo abren una veintena de galerías y talleres de artesanos. En Grožnjan se respira aire italiano en sus edificios y muros defensivos, influencia transalpina que terminó tras la II Guerra Mundial, cuando la población de habla italiana se exilió y hasta 1956 sus casas deshabitadas no empezaron a repoblarse con la llegada de un puñado de artistas y bohemios.

Bratislav Stefanovic / ISTOCK

En la actualidad la ciudad es también un centro internacional de jóvenes músicos, que interpretan música clásica o jazz, y durante el verano se transforma en una colmena artística con academias de música, talleres de arte, danza y teatro en los rincones de este bello recinto medieval salpicado de murallas, fortalezas, iglesias y monumentos.

Solo 8 km separan Buje de Grožnjan y su visita permite acercarse a la frontera con Eslovenia en un territorio que históricamente estuvo vinculado a Italia, también por su proximidad pues se encuentra a 40 km de Trieste. Buje sufrió igualmente una marcha general de esa población tras la guerra en el siglo XX y hoy se presenta como un destino tranquilo para que el viajero se olvide de la playa y realice una excursión cultural. La ciudad medieval se asienta sobre una colina de la que se despliegan en su parte más elevada un racimo de calles empedradas hacia su monumento más importante, la iglesia de San Sérvulo.

Buje, Istria | Tinieder / ISTOCK

Este templo, consagrado a su patrón y construido en estilo barroco, llama la atención por su fachada incompleta, aunque en el interior hay siete altares y un órgano de 1791, que, según Bruno, profesor de Arte Eclesiástico y nuestro acompañante durante la visita, “es el Rolls-Royce de los órganos que se pueden encontrar en Europa debido a su increíble acústica”. En el exterior de la misma plaza se levanta también un campanario, a solo unos metros del edificio principal de la iglesia, que ha sido acondicionado como mirador.

Joya bizantina

Al alcanzar el mar en este viaje, la primera parada obligada en este rincón del Mediterráneo debe ser la histórica Porec, desde la que se llega en barco a Venecia en dos horas y media (Prince of Venice, 70 euros), pero antes de tomar esa decisión un monumento espera al visitante en esta pequeña villa mediterránea de piedra que esconde hermosas ruinas de su legado romano. No es otro que la Basílica Eufrasiana del siglo VI, una construcción que acapara toda la atención del viajero nada más divisarla en el centro histórico de Porec. Los mosaicos bizantinos de oro que adornan el ábside de la basílica, el baptisterio, el palacio del obispo y el campanario, desde donde se obtiene la mejor vista de la ciudad, hablan de un lugar único en el mundo.

Porec, Istria | rusm / ISTOCK

El templo, levantado por iniciativa del obispo Eufrasio, fascina por sus tres ábsides y su construcción significó una revolución arquitectónica, ya que en su interior se podían celebrar tres cultos a la vez. Asombra realmente este espacio luminoso debido al brillo de sus mármoles y los reflejos de los mosaicos, hecho que no pasó desapercibido para la Unesco y lo declaró Patrimonio Mundial en 1997.

Porec, Istria | Leonid Andronov / ISTOCK

Encanto marinero

Siguiendo la línea costera en dirección sur, la bella silueta de Rovinj surge en el horizonte. Esta pequeña península, antaño isla, es el pueblo más hermoso de la costa norte de Croacia y el mejor punto para disfrutar de una puesta de sol junto a sus casas estrechas, que llaman la atención por sus curiosas chimeneas. Estas construcciones surgieron en los siglos XVIII y XIX, época de máximo esplendor de Rovinj, cuando diferentes familias compartían una casa, con chimenea en cada habitación, y muchas de ellas se han mantenido hasta hoy formando un skyline único ante el Mediterráneo. Todo el conjunto al lado del mar embauca.

rusm / ISTOCK

Estos edificios de colores al borde de las aguas en la cara norte de la península siguen siendo el rincón favorito y la postal clásica de un pueblo tradicional en el que se venera a Santa Eufemia. La catedral en lo alto del conjunto es el edificio barroco más grande de Istria y guarda los restos de la santa mártir, trasladados a Rovinj en el año 800 desde Constantinopla. Cada 16 de septiembre los fieles se reúnen en torno al hermoso sarcófago de mármol que guarda las reliquias de la santa, prisionera, torturada y finalmente arrojada a los leones en la época de Diocleciano.

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El anfiteatro de pula 

Tras Rovinj, conviene tomar un pequeño desvío para dirigirse a Bale, un pueblecito donde manda el silencio y se siguen realizando excavaciones arqueológicas en el entorno de su iglesia y de su famoso lapidario. Se cuenta que Giacomo Casanova lo visitó para una de sus aventuras amorosas con una dama de la familia Soardo entre 1743 y 1747 y su imagen aparece en una esquina próxima al castillo de Bale, cuyos arcos fueron testigo de este romance del más famoso seductor de la historia. Solo será necesario recorrer 23 km para alcanzar la meta final del viaje: la romana Pula. Su anfiteatro romano, el monumento más grande de la Edad Antigua en Istria, es hoy escenario de conciertos y festivales de cine.

Mlenny / ISTOCK

Pula sigue marcada por su carácter portuario e industrial, derivado de su tradición en la construcción naval, la pesca y la producción de vino, y es al lado de sus muelles donde se alza su famoso anfiteatro, que podía albergar a 22.000 espectadores durante los gobiernos de Augusto y Vespasiano, cuando la ciudad solo contaba con 5.000 habitantes. El recinto, de planta elíptica con un eje de 120 metros y otro más de 100, fue construido con piedra calcárea que ahora luce muy blanca tras un polémico lavado, y presenta 72 arcos a lo largo de su perímetro, que tuvo en sus orígenes cuatro niveles. En la Edad Media fue empleado para torneos medievales y ferias de caballeros y se salvó milagrosamente de su destrucción pues los venecianos tuvieron la intención de desmantelarlo.

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Hoy es la principal atracción de Pula, con sala de exposiciones en los pasos subterráneos dedicada a la tradición vitícola y al cultivo de la aceituna. En verano se organizan luchas de gladiadores en un espectáculo llamado Spectacvla Antiqva. Otros rincones históricos de la ciudad merecen una visita, como el Templo de Augusto, el Palacio Comunal, sede del gobierno municipal, y el Arco de Triunfo de los Sergios. También, a solo unos metros de esta Puerta de Oro (27 a.C.), abre el Café Bar Ulikg en el edificio donde el escritor irlandés James Joyce impartía clases de inglés en 1904. Un busto recuerda el paso del autor de Ulises por estas calles donde se palpa el pasado romano y veneciano de la ciudad más famosa de Istria.

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