Islas Withsundays: el paraíso está en las Antípodas

Bienvenidos al archipiélago conocido como el Tahití australiano

Noelia Ferreiro
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Foto: 4FR / ISTOCK

Fue en 1770 cuando el capitán Cook pisó por vez primera su arena inmaculada. A sus ojos se abrió un paisaje irreal: un laberinto de aguas turquesas en el que se disemina un centenar de islas escarpadas, con pequeñas colinas tapizadas de vegetación y playas en las que crecen exóticas palmeras.

Islas Withsundays | Shrink, Photographer / ISTOCK

Así fue el descubrimiento de las Whithsundays, el archipiélago perdido en las Antípodas que supone la primera toma de contacto con la Gran Barrera de Coral. Porque, según se avanza por la costa este del continente rojo a lo largo de la Bruce Highway (la carretera que remonta el territorio que va de Brisbane hasta Cairns), una de las paradas obligatorias es este conjunto de islas a las que se conoce, con mucho acierto, como el Tahití australiano.

Aperitivo a la Gran Barrera de Coral

Hay que pasar por las islas de Lady Elliot y Lady Musgrave (las mismas que inauguran el arrecife) para llegar a este grupo de idílicos atolones que antaño fueron montañas continentales y que se formaron por el aumento del mar tras la última glaciación. Unas islas que apenas han cambiado desde su origen y en las que la actividad estrella es la de navegar por un escenario que parece sacado de otro mundo.

Islas Withsundays | Steve Fraser / ISTOCK

Ya sea en un apacible velero o en una frenética lancha motora, los viajeros pueden descubrir los pliegues secretos de este archipiélago, cuyos fondos, bien con gafas y tubo, bien con equipo completo de submarinismo, bien sobre el suelo acristalado de la embarcación, son realmente sorprendentes.

Estas islas de Oceanía son el sitio perfecto para perderse

La playa más bonita del mundo

Así, surcando las suaves olas, se llega a la joya de la corona de este lugar: la llamada Whitehaven Beach, elegida en varias ocasiones como "la playa más bonita del mundo". Una estampa formada, nada más y nada menos, por un mar esmeralda que acaricia un arenal de seis kilómetros que, al estar formado de sílice, exhibe la textura del polvo del talco.

Playa Whitehaven | autau / ISTOCK

Hay que bañarse en sus aguas cálidas y tumbarse bajo el sol abrasador para dejar que el salitre impregne toda la piel. Pero también hay hacer el esfuerzo de moverse para subir al cercano mirador de Hill Inlet. No defraudarán las vistas. Desde aquí se aprecia la panorámica de las sinuosas franjas blancas y azules que deja al descubierto la marea.

El arrecife corazón

El otro gran reclamo de estas islas aparece cuando se decide sobrevolarlas en esa privilegiada experiencia que es un paseo en helicóptero o hidroavión. Solo así, desde las alturas, se divisa Heart Reef, el arrecife corazón, convertido en icono del archipiélago.

Arrecife Corazón. | kokkai / ISTOCK

Una curiosa formación que adopta un perfil romántico (en realidad es una acumulación de carbonato de calcio secretado por los pólipos del coral) a la que excéntricos millonarios sobrevuelan especialmente por San Valentín.

Y por fin, el mejor buceo

Luego queda, claro, avanzar por los 2.300 kilómetros que se extienden por la franja paralela al litoral del estado de Queensland para entrar de lleno en la Barrera de Coral, que no sólo es la mayor red de arrecifes del mundo sino también la estructura viva más grande de todo el planeta.

Tortuga Carey en la región de Withsunday de la Gran Barrera de Coral | Nigel Marsh / ISTOCK

Una de las siete maravillas del mundo natural, ya se sabe, en la que tiene lugar la más auténtica aventura del buceo: esa que se produce con las criaturas más increíbles del océano y la más rica variedad de ecosistemas.