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La isla a la que nadie ha logrado entrar en 60.000 años: su tribu es la más aislada del mundo, no conoce el fuego y cazan como en la Edad de Piedra

Nadie ha conseguido entrar en esta isla en 60.000 años. La tribu que vive aquí no sabe hacer fuego, no cultiva la tierra y sigue cazando exactamente igual que en la Edad de Piedra, a golpe de lanza y arpón. Van desnudos, hablan una lengua que nadie ha logrado descifrar y matan a quien se acerca demasiado a su playa. Es Sentinel del Norte, y aquí vive la comunidad más aislada de todo el planeta.

La Isla Sentinel del Norte es una de las más curiosas del mundo.

La Isla Sentinel del Norte es una de las más curiosas del mundo. / Wikicommons

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Sentinel del Norte forma parte del archipiélago de las islas Andamán, en territorio indio, y apenas llega a los 60 kilómetros cuadrados. Vista desde el aire parece uno de esos paraísos perdidos del Índico, con arena blanca y agua turquesa, pero acercarse de verdad es otra historia: la ley india lo prohíbe y quien lo ha intentado casi nunca ha vuelto para contarlo.

La selva que cubre la isla es tan cerrada que resulta imposible ver qué pasa bajo las copas de los árboles. Ahí, rodeados de una vegetación que ni los propios investigadores han cartografiado del todo, viven los sentineleses, un pueblo que ha decidido, generación tras generación, no tener nada que ver con el resto del mundo.

No saben producir fuego por sí mismos, aunque sí lo conservan a partir de brasas o de incendios naturales, algo muy propio de sociedades que viven, en la práctica, como en plena Edad de Piedra. Tampoco cultivan, así que su comida sale del mar y de la selva: pescan con arpones y cazan con arcos y flechas que fabrican ellos mismos. Van prácticamente desnudos y su idioma no se parece a ningún otro conocido, ni siquiera a los de las tribus vecinas de Andamán.

Así es Sentinel, donde vive la tribu más aislada del mundo: no conocen el fuego y cazan con lanzas y arpones

Redacción Viajar

Nadie sabe con certeza cuántos son. En 2001 el gobierno indio intentó censarlos desde un helicóptero y contó 21 hombres y 18 mujeres, aunque todos saben que esa cifra se quedó corta. Las estimaciones más recientes de organizaciones como Survival International hablan de entre 50 y 200 personas, muy lejos ya de aquel cálculo de hace 25 años.

Lo que sí parece más claro, gracias a los estudios genéticos hechos sobre otras tribus de Andamán emparentadas con ellos, es que los sentineleses llevan en esa isla más de 60.000 años sin que nadie de fuera haya conseguido establecer contacto real con ellos. Son, con diferencia, una de las poblaciones humanas más antiguas que se conocen, y su forma de vida sigue ligada al paleolítico de sus antepasados.

Es también, por eso mismo, una de las comunidades más frágiles del planeta. Al no haber tenido nunca contacto con el resto de la humanidad, es probable que carezcan de defensas frente a enfermedades tan corrientes para nosotros como un simple resfriado. Del coronavirus, como es fácil imaginar, ni rastro en la isla.

Sentinel, un territorio que no obedece a nadie

Aunque administrativamente pertenece a la India, en la práctica Sentinel del Norte funciona como si fuera un país aparte. Los sentineleses no reconocen ninguna autoridad externa y llevan décadas dejándolo claro a flechazos con cualquiera que intente pisar su arena.

Las propias autoridades indias han asumido que no pueden ni quieren imponer su ley aquí. Existe una zona de exclusión de cinco millas náuticas alrededor de la isla, amparada en la Ley de Protección de las Tribus Aborígenes de 1956, y quien la cruza lo hace bajo su propia responsabilidad. Si algo le ocurre, el Estado indio no se hace cargo.

La isla Sentinel del Norte vista desde un avión.

La isla Sentinel del Norte vista desde un avión. / P Jegantathan | Wikicommons

Dicho de otra forma: Sentinel del Norte es casi una entidad soberana bajo el paraguas de India, solo que sus habitantes ni siquiera saben que ese país existe ni que, sobre el papel, forman parte de él.

Una isla que no admite visitas

La lista de incidentes en la isla es larga. El más conocido sigue siendo el asesinato del misionero estadounidense John Allen Chau, que en noviembre de 2018 llegó de forma ilegal a la playa para intentar predicar el cristianismo y murió bajo una lluvia de flechas nada más pisar tierra.

El caso no ha sido el último. En marzo de 2025 un joven youtuber estadounidense, Mykhailo Polyakov, burló la vigilancia con un kayak inflable y desembarcó en la isla dejando como ofrenda una lata de Coca-Cola y un coco, en un intento de contactar con los sentineleses que terminó con su detención por parte de la policía india. Se enfrentaba a hasta cinco años de cárcel.

Detalle de la Isla Sentinel del Norte, vista desde un avión.

Detalle de la Isla Sentinel del Norte, vista desde un avión. / P Jeganathan | Wikicommons

La antropóloga que sí logró acercarse

Hay una única persona a la que se le reconoce haber tenido contacto real con esta tribu. Se llama Madhumala Chattopadhyay y desde niña quiso estudiar los pueblos de las islas Andamán, algo que terminó consiguiendo como antropóloga.

Su estrategia fue simple: acercarse a la orilla en barca y lanzar cocos al agua. Contra todo pronóstico, varios sentineleses entraron al mar para recogerlos, un fruto que no crece en la isla y que despertó su curiosidad. Hubo más expediciones después de aquella, pero nadie, ni siquiera ella, ha pasado nunca de la línea de la playa.

A los sentineleses se les ha llamado asesinos y salvajes en más de una ocasión. Chattopadhyay lo ve de otra manera: para ella "no necesitan que nadie los proteja, necesitan que los dejen en paz". Y suele repetir que sus problemas empezaron precisamente cuando el mundo exterior decidió ir a buscarlos.

Después de años de campañas de Survival International junto a organizaciones locales para intentar un acercamiento, el Gobierno indio terminó por tirar la toalla. Hoy su postura oficial sigue siendo la misma que hace años: no volver a intentarlo.