Isla Mauricio más allá del mar

Isla Mauricio es un lugar en el que la playa no lo es todo aunque tiene un gran peso a la hora de elegirlo como destino.

Cuando alguien piensa en Isla Mauricio lo primero que se viene a la cabeza son playas de arena blanca y agua cristalina en las que descansar y tomar el sol. Pero este enclave del Océano Índico que, ha acogido tradicionalmente un turismo pasivo, se está convirtiendo en un destino para los amantes del riesgo y la actividad.

Los más aventureros pueden practicar deportes como el barranquismo o el descenso de cañones. Este último consistes en descender por el lecho de un río o por cañones utilizando distintas técnicas como el rapel en cascadas, la natación o el senderismo. En definitiva, una experiencia que pocos olvidarán.

Estas actividades se pueden practicar en el interior de Isla Mauricio donde encontramos rutas para todos los niveles. Una de los lugares más llamativos son las cataratas de Tamarin, en la meseta central, cercanas al pequeño pueblo de Henrietta. Este lugar es probablemente el cañón más hermoso de Isla Mauricio y está formado por once cascadas.

Las cataratas de Tamarin ofrecen trece rutas para la práctica del rapel, profundos estanques, saltos de acantilados y una frondosa vegetación a sus alrededores que hará las delicias de tanto principiantes como de los más experimentados.

Por su parte, a unos 20 del pequeño pueblo de Curepipe se encuentra Eau Bleue, una serie de estanques de aguas azules abastecidos por aguas subterráneas. Estos estanques acogen cinco cascadas, algunos saltos y aguas rápidas dependiendo de la estación del año, en los que los más valientes podrán practicar sus deportes favoritos.

Viajando hacia el sur de Isla Mauricio, en los alrededores de la selva de Combo, las cascadas Exil se asientan en el río Savanna y están rodeadas de bosques tropicales. El cañón tiene buen nivel de aguas durante todo el año y está formado por dos saltos de agua: León con 20 metros de altura que terminan en una piscina de 25 metros de ancho y la cascada Cecile, de 45 metros. Un lugar sorprendente que no dejará indiferente a nadie.