La isla del laberinto que alberga los restos de la civilización más antigua de Europa
Además de playas paradisíacas y pueblos con encanto, el oriente de la isla de Creta alberga los restos de la civilización más antigua de Europa.

Creta es una isla muy visitada por sus playas, su sol mediterráneo y sus buenas infraestructuras. Pero para algunos la visita a Creta tiene otro objetivo. Desde que el arqueólogo británico Arthur Evans descubrió a principios del pasado siglo la civilización minoica en el Palacio de Cnosos (2600 a 1050 a. C.) y enlazó sus hallazgos con el rey Minos y el mito del Laberinto del Minotauro, un halo de misterio se implantó en la isla.

Nuevos descubrimientos, como el palacio de Festos por el italiano Luigi Pernier o los de Malia o Zakros, aumentaron la curiosidad por conocer esta civilización prehelénica, la más antigua de Europa, lo que ha hecho que Creta se haya convertido desde entonces en un hito del turismo cultural. Y eso que los expertos hoy día ya han determinado que Evans y su equipo, el arquitecto Theodore Fyfe y los restauradores suizos Émile Gilliéron, padre e hijo, realizaron con criterios poco científicos las reconstrucciones en Cnosos, y lo que vemos hoy día es más producto de la imaginación que de una realidad contrastada.

Cierto o no, el tiempo se ha encargado de asumir las actuaciones de Evans, y esta propuesta alegre y colorista de Cnosos es ya inseparable de la visión de la antigua civilización. Aun así, los restos arqueológicos hallados, compuestos por palacios con grandes patios centrales, sin amurallar y con estructuras laberínticas para la producción y almacenamiento de bienes, nos hablan de una civilización pacífica y distinta que merece todo el interés.

El mito del laberinto
La visita a la isla se inicia desde la capital Heraclión. En su museo se exponen los materiales hallados en los palacios, maquetas con reconstrucciones y algunos frescos. Es un museo excelente, centro neurálgico de la cultura minoica. Cerca está el Palacio de Cnosos. Hay muchas alternativas para visitarlo, una buena es perderse entre los restos de sus estructuras con una pequeña idea previa de dónde están los espacios principales que irán apareciendo en el trayecto: el Salón del Trono, la Gran Escalera, el Megarón de la Reina, el Fresco de los Delfines o la Sala de las Hachas.

Cnosos es para verlo con paciencia, aislarse en lo posible del gentío y disfrutar de esas visitas arqueológicas con mucho encanto que nos ofrece el Mediterráneo. Aquí Evans situó al Minotauro, monstruo engendrado entre Pasífae, esposa del rey Minos, y un bello toro, que fue encerrado en el laberinto construido por el arquitecto ateniense Dédalo. Tras varios años de sacrificios para alimentar al monstruo, Teseo, hijo del rey de Atenas, ayudado por Ariadna, hija de Minos, que le facilitó un ovillo de hilo a sugerencia de Dédalo, logró vencer al monstruo. Como castigo, Minos encerró a Dédalo en el laberinto junto a su hijo Ícaro, pero construyeron unas alas de cera para salir de allí.

Del mar Egeo al mar de Libia
De Heraclión se puede viajar hacia el este hasta llegar a Malia y visitar otro importante palacio. Cerca, en la Meseta de Lasithi, se encuentra la Cueva de Zeus y retornando a la carretera principal del mar Egeo se pasa por los restos de la antigua ciudad de Gournia. En el extremo oriental de la isla aparece el Palacio de Zakros, un lugar de difícil acceso pero de una belleza solitaria y árida de las que quedan pocas. La vuelta se puede hacer bordeando el mar de Libia por la costa sur hasta llegar al Palacio de Festos, otro de los lugares minoicos importantes de la isla, donde apareció el Disco de Festos. A lo lejos se divisa la famosa playa de Matala, aquella que en los años 60 y 70 frecuentaban artistas como Joan Baez, Janis Joplin o Bob Dylan cantando a la paz mundial y a la libertad.
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