La isla de Grecia donde nunca llega el invierno: es una de las cinco Zonas Azules del mundo, tiene la población más sana y longeva del mundo y vivir sin prisas es una ley

Un refugio de inviernos templados, termas antiguas y una manera de vivir que se ha convertido en referencia mundial.

Icaria: la isla en la que se vive mucho y muy bien.
Icaria: la isla en la que se vive mucho y muy bien. / Istock

En pleno Egeo, Icaria (Ikaria) parece una isla más en el mapa… hasta que la pisas. Temperaturas entre los 11 y los 14 grados incluso en enero, sol que se cuela entre nubes caprichosas y una humedad amable que deja el paisaje siempre verde. No es que en Icaria no refresque, que sí, pero el frío nunca manda. Aquí el invierno no muerde, acompaña.

En esta isla se vive mucho y muy bien.

En esta isla se vive mucho y muy bien.

/ Istock / Antonis Lemonakis

Quizá ese clima generoso explique parte del magnetismo de la isla. O quizá sea que en Icaria todo parece estar hecho para bajar una marcha. A diferencia de otras islas griegas que hibernan de noviembre a marzo, esta mantiene una vida tranquila, constante, casi otoñal. Y luego está lo más sorprendente de todo, pues la isla es una de las cinco Blue Zones del planeta, esos lugares donde la longevidad no es una excepción, sino casi una costumbre.

Adriana Fernández

¿Por qué Icaria es una Zona Azul?

¿Qué ocurre aquí para que tantas personas superen los 90 y los 100 años con buena salud? Los investigadores coinciden en tres pilares:

  • Dieta mediterránea real. Verduras de la huerta, legumbres, aceite de oliva, pan casero y hierbas silvestres que los locales consumen desde siempre.
  • Movimiento cotidiano. La isla es montaña pura, con cuestas, escaleras y huertas en terrazas. Aquí no se “hace deporte”: se vive en él.
  • Vida social intensa. Cafés donde las conversaciones duran horas, sobremesas infinitas y los famosos panigyria, fiestas tradicionales que reúnen a toda la comunidad.
Pueblo tradicional de Evdilos, en la isla de Ikaria, Grecia.

Pueblo tradicional de Evdilos, en la isla de Ikaria, Grecia.

/ Istock / Georgios Tsichlis

Pero hay un cuarto aspecto que llama aún más la atención, y es que el tiempo en Icaria se estira. En pueblos como Christos Raches, las tiendas abren tarde, las tabernas cierran de madrugada y nadie parece preocupado por mirar el reloj. Es un ritmo que los estudios han señalado como central en su bienestar: menos estrés, más comunidad, más calma.

Aguas calientse, historia antigua y montañas icónicas

Icaria no es solo un laboratorio natural de bienestar; es también un lugar con una belleza áspera y auténtica. En la costa este, cerca de Agios Kirykos, brotan las aguas termales de Therma, conocidas desde la Antigüedad y ricas en minerales y radón. Su temperatura oscila entre los 31 y los 58 grados, y hoy siguen usándose con fines terapéuticos en balnearios sencillos donde locales y viajeros comparten rituales que existen desde el mundo clásico.

Iglesia en la aldea de Xilosirtis, Ikaria.

Iglesia en la aldea de Xilosirtis, Ikaria.

/ Istock / Socha

En el norte, el pueblo de Armenistis ofrece playas tranquilas incluso en días de diciembre soleado. Manganitis, encajado entre montañas, parece una postal olvidada del tiempo. Y, coronándolo todo, la torre de Drakano, una fortificación helenística del siglo IV a. C. que recuerda que esta isla siempre fue un punto estratégico en el Egeo.

Un invierno que parece un otoño que nunca se acaba

Para quien viaja en busca de abrigo suave, Icaria es un regalo. Muchos días del invierno permiten pasear sin chaquetón, sentarse frente al mar a mediodía y caminar por senderos que huelen a romero y pino húmedo. Sí, llueve (como en todo el Egeo), pero entre una tormenta y la siguiente llega el sol, y la isla se torna de unos exuberantes y preciosos verdes.

Gente celebrando en Grecia.

Gente celebrando en Grecia.

/ Istock / Alexandros Michailidis

Es curioso, uno llega a Icaria esperando entender por qué aquí la gente vive tantos años… y se va entendiendo algo más sencillo. En esta isla Griega nadie busca longevidad, simplemente viven. Caminan, comen del terreno, se reúnen, descansan, conversan, celebran. Y el invierno, ese invierno suave y amable que la isla regala, es la mejor estación para verlo. Porque cuando el resto del Egeo se enfría, Icaria sigue ahí, con su sol intermitente, su ritmo sin horarios y esa sensación de que el tiempo, cuando se vive bien, dura un poco más.

Síguele la pista

  • Lo último