La isla fantasma en mitad del Océano Índico

Los antiguos asentamientos británicos de la remota isla de Ross han sido tomados por una poderosa fuerza: la jungla. 

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Foto: janos_somodi / ISTOCK

Muy cerca del golfo de Bengala, flota sobre las aguas del Océano Índico un archipiélago absolutamente idílico. Las Islas Andaman y Nicobar se componen 572 islas tropicales, de las cuales, 38 se encuentran inhabitadas. En términos náuticos, están más cerca del Sudeste Asiático que de la India. Son conocidas por sus playas soleadas, su rica vida marina - rebosante de arrecifes de coral - y frondosos bosques primitivos. Pero detrás de estas vistas idílicas, se esconde un oscuro pasado. 

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Una de estas islas índicas inscrita dentro de Port Blair Taluk, la isla de Ross, es una fascinante ciudad fantasma, cuya historia se remonta al siglo XIX. Aquí, yacen las ruinas de un asentamiento británico, abandonado en torno a 1940, del que la naturaleza ha terminado por apropiarse. Las ruinas de lujosos bungalows, una gran iglesia, salones de baile e, incluso, un cementerio, se exponen a la intemperie, engullidas por el avance implacable del bosque tropical.

En 1857, se estableció en la isla de Ross una cárcel colonial, aprovechando su localización aislada. Como reacción a una inesperada revuelta antiimperialista, Reino Unido eligió esta remota isla como colonia penal para los amotinados indios. Cuando los ingleses llegaron allí por primera vez con cerca de 200 convictos, en 1858, el terreno isleño estaba cubierto por una impenetrable jungla.

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A medida que la colonia penal se expandía, los presos fueron trasladados a otras prisiones y barracas de las islas vecinas. La isla de Ross se convirtió entonces en un cuartel general administrativo, donde residían casi exclusivamente los oficiales de alto rango y sus familias. Pero, la elevada tasa de mortalidad debida a las enfermedades transmitidas a través del agua, no era el mejor reclamo para que los colonizadores eligieran la isla de Ross como su nuevo hogar. Para compensarlo, se construyeron grandes mansiones repletas de muebles de época, jardines bien cuidados y canchas de tenis, junto con una iglesia presbiteriana, una planta de purificación de agua, un cuartel militar y una enfermería. Todo era poco para hacer de la isla un lugar atractivo para vivir. 

Un acta datada en 1938 decretaba la liberación de todos los prisioneros de la islas. En 1942, con el belicismo de la II Guerra Mudial desatado, el asentamiento del penal a penas era operativo y las pocas tropas británicas que quedaban en la isla huyeron ante la inminente invasión japonesa. Aunque no pasó mucho tiempo hasta que las islas volvieron a estar bajo el dominio británico cuando terminó la guerra. Poco después, en 1947, la India obtuvo la independencia. La isla se convirtió en tierra de nadie hasta que la Marina de la India se hizo cargo en 1979. 

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La naturaleza siguió su curso haciendo caso omiso al brutal pasado de la isla. De los esplendorosos edificios coloniales, sólo queda un esqueleto arquitectónico carcomido por las raíces de los manglares. Esta isla fantasma, a pesar de todo, tiene sus singulares habitantes. Se trata de varias especies de ciervos que se introdujeron a principios del siglo XX para la caza recreativa de sus habitantes ingleses. Sin embargo, sin depredadores naturales, el venado se convirtió en una plaga, proliferando y alimentándose de brotes de palma y cocoteros jóvenes, afectando de este modo al crecimiento de los bosques. A día de hoy, junto con los conejos y pavos silvestres indómitos, son los únicos habitantes de la isla de Ross.

El acceso a la isla está abierto para los turistas. Existe un servicio de barco disponible desde Phoenix Bay, en un trayecto que dura unos 30 minutos. Además, desde la Marina, se ha establecido un museo que cuenta la fascinante historia de la isla de Ross.