El archipiélago europeo que cada verano atrae a quienes huyen del calor extremo: pueblos de pescadores, playas salvajes y temperaturas más suaves gracias al Atlántico
Estas islas disfrutan de un clima oceánico templado durante todo el año y se han convertido en uno de los grandes refugios estivales para quienes buscan naturaleza, volcanes y mar.

El archipiélago europeo que cada verano atrae a quienes huyen del calor extremo / Istock
Mientras el termómetro supera los 35 grados en buena parte del sur de Europa, donde se encadenan jornadas de calor sofocante, hay un rincón del Atlántico donde el verano transcurre de otra manera. Aquí las máximas rara vez alcanzan esas cifras y el aire del océano suaviza incluso los días más cálidos. Entre volcanes, lagos de cráter y pequeños pueblos marineros, las Azores se han convertido en una alternativa para quienes prefieren descubrir un verano más tranquilo sin playas abarrotadas.

Azores, un paraíso que flota en medio del mar. / Istock
En medio del Atlántico, a unos 1.400 kilómetros de la costa portuguesa, el archipiélago se ha convertido en uno de esos refugios donde pasear, hacer senderismo o bañarse sin que el termómetro condicione el día. Sus nueve islas atraen cada verano a más viajeros que, a la hora de planificar las vacaciones, buscan justo lo contrario que hace unos años. El ideal para muchos ya no es encontrar el máximo número de horas de sol posible.

Un verano diferente gracias al Atlántico
El gran atractivo de las Azores en esta época del año, además de –evidentemente– su paisaje, es su clima. La influencia constante del océano Atlántico hace que las temperaturas estivales sean notablemente más suaves que en buena parte de la península ibérica o del Mediterráneo.
Durante los meses de julio y agosto, las máximas suelen situarse alrededor de los 24 o 26 grados, mientras que las noches continúan siendo agradables. Todo un paraíso en los meses estivales cuando en otras zonas del sur de Europa las olas de calor son cada vez más frecuentes.

Islote de Vila Franca do Campo en las islas Azores / Istock / amoklv
Además, esa climatología favorece que sea posible recorrer senderos, visitar miradores o descubrir pequeños pueblos costeros durante prácticamente cualquier momento del día, algo mucho más complicado en destinos donde el calor obliga a concentrar las actividades durante las primeras horas de la mañana o al atardecer.
São Miguel, la isla que mejor resume el espíritu de las Azores
São Miguel es la isla más grande y también la puerta de entrada para buena parte de quienes visitan el archipiélago por primera vez. En ella conviven algunos de los paisajes más conocidos de las Azores, empezando por los lagos volcánicos de Lagoa das Sete Cidades, cuyas aguas de diferentes tonalidades se observan desde miradores situados sobre el borde del antiguo cráter.

Qué ver en las islas Azores: la parroquia de San Miguel / Istock / Starcevic
Muy cerca se encuentra Lagoa do Fogo, otro de los grandes iconos naturales del archipiélago, que está rodeado por vegetación prácticamente intacta.
Pese a ser la capital, Ponta Delgada conserva el ambiente pausado de una ciudad atlántica donde las fachadas blancas, las calles empedradas y el puerto siguen marcando el ritmo cotidiano pese a ser un lugar turístico hoy en día.
Pueblos marineros, piscinas naturales y playas volcánicas
Las Azores no son un destino de grandes playas kilométricas como ocurre en otras zonas de Portugal. Su atractivo reside en una costa mucho más abrupta, moldeada por el origen volcánico de las islas. Uno de los lugares más conocidos es Vila Franca do Campo, antigua capital del archipiélago y punto de partida para visitar el islote volcánico situado frente a la costa. Te sonará pues es una de las postales más reconocibles de las Azores.

Islote de Vila Franca do Campo en las islas Azores / Istock / amoklv
En el extremo occidental de São Miguel aparece Mosteiros, un pequeño pueblo de pescadores famoso por sus formaciones rocosas, sus puestas de sol y las piscinas naturales que se llenan con el agua del Atlántico
Por si fuera poco, suma a todo esto playas de arena volcánica, pequeñas calas y numerosos rincones donde el océano sigue siendo el verdadero protagonista del paisaje. Y, sin embargo, aunque el mar está presente en prácticamente cualquier rincón del archipiélago, las Azores ofrecen muchas más experiencias que una escapada costera.
Las nueve islas cuentan con una amplia red de senderos que atraviesan antiguos cráteres, bosques de laurisilva, cascadas y zonas de origen volcánico. También son uno de los mejores lugares de Europa para el avistamiento de cetáceos, ya que las aguas del archipiélago sirven de paso o hábitat para numerosas especies de ballenas y delfines a lo largo del año.

"Cozido das Furnas Azores volcánica" comida local, Sao Miguel, Azores, Portugal / Istock
También es un destino muy conocido por la actividad geotérmica, que sigue formando parte de la vida cotidiana en algunos puntos del archipiélago como, por ejemplo, en el valle de Furnas, donde el vapor emerge del subsuelo y se utiliza incluso para cocinar el tradicional Cozido das Furnas, uno de los platos más conocidos de la gastronomía local.
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