Alma irlandesa: verde, la mires por donde la mires

La isla esmeralda mima como nadie su entorno y sus tradiciones. Por todo ello, es el destino perfecto para aquellos viajeros que practican un turismo responsable y que persiguen ese tipo de emociones fuertes que solo se experimentan al encontrarse, cara a cara, con una Naturaleza con mayúsculas.

VIAJAR para TUI
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Foto: Sina Ettmer Photography/Shutterstock.

En Irlanda, el color nacional abarca hasta donde alcanza la vista. Es un destino verde por los cuatro costados y en todas las acepciones del término, porque más allá de los innumerables matices que ofrecen sus paisajes, este país abraza el verde también en la manera en la que mima su naturaleza y sus tradiciones. En un tiempo en el que el bienestar del planeta exige una nueva forma de viajar más responsable y consciente, TUI –mayorista de grandes viajes comprometida con el turismo sostenible–, apuesta por destinos que velan por el uso respetuoso de los recursos y la protección del medio ambiente. Y en Irlanda, la sostenibilidad es una forma de vida. 

La isla está repleta de alojamientos que se preocupan por el medio ambiente y pueblos y ciudades que son fáciles de recorrer a pie. De hecho, la mejor forma de apreciar todo lo que este país tiene que ofrecer es elegir el calzado más cómodo y disponerse a descubrirlo paso a paso. Los diferentes itinerarios posibles que ofrece TUI en su catálogo de este destino invitan a adentrarse en el alma irlandesa de manera sostenible y ejerciendo el mínimo impacto negativo. Y además al mejor precio: desde 855 € por 8 días y 7 noches.

De Dublín a Kerry, señas de identidad irlandesas

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Castillo de Ross, en el condado de Kerry. | Shutterstock

Elegimos la capital como punto de partida de nuestro recorrido porque esta ciudad, animada y coqueta, esconde joyas clásicas tan imponentes como el Trinity College y otras, no menos clásicas, como sus míticos pubs y la fábrica Guinness, imperdonables visitas si lo que se desea es ahondar en la esencia irlandesa. 

Cumplida esta jornada, ponemos rumbo al condado de Kerry, tesoro de la costa suroeste cuya belleza ha servido de inspiración a poetas, escritores y pintores. La mejor ruta debe incluir un recorrido a lo largo de la costa de la península Iveragh (con su célebre Anillo de Kerry, donde cada curva del camino esconde un nuevo regalo para la vista, desde lagos, ríos y cascadas hasta grandiosas mansiones y castillos) y a través de las aldeas Killorglin, Cahirciveen, Waterville y Sneem. Merece la pena detenerse también los jardines de Muckross House, a orillas de los lagos de Killarney. Esta mansión del siglo XIX y sus exuberantes jardines se convirtieron en el primer Parque nacional de Irlanda en 1932.

Acantilados de Moher, el poder de la naturaleza

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Acantilado de Slieve League. | Shutterstock

No se habrá conocido la auténtica envergadura de la belleza irlandesa hasta que no se alce la vista desde algunos de sus acantilados, tapizados de ese verde omnipresente y con vistas al infinito. Los más célebres son los de Slieve League o los de Moher que, con sus paredes verticales que caen en picado hasta el mar, ofrecen todo un espectáculo para los sentidos: por el contraste de los colores del pasto, el cielo y el mar y por la fuerza del sonido del viento, de las olas embistiendo contra las rocas y de las aves que anidan en ellas. ¡Puro vértigo!

Connemara y la abadía de Kylemore

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Abadía de Kylemore. | Shutterstock

Delimitada por el Atlántico, esta región es famosa por su carácter agreste y por la inalterable estampa de sus lagos y montañas. Pero aunque lo salvaje del entorno es lo primero que cautiva al viajero, Connemara es mucho más que sus paisajes: es una región de leyenda y de folclore, de ponis y de pueblos llenos de encanto –como Leenane, Roundstone, Clifden y Letterfrack– en los que hacer un alto en el camino para disfrutar de dos de las delicias de Irlanda, la comida local y la música tradicional.

Esta es también la tierra en la que se asienta la imponente abadía de Kylemore, regentada por las monjas benedictinas, famosas por su cerámica hecha a mano. Se trata de un majestuoso castillo de piedra que destaca sobre el telón de fondo del paisaje y que fue mandado construir por  Mitchell Henry, un próspero hombre de negocios, como regalo de amor a su esposa. 

Galway, esencia irlandesa

Puerto de Galway. | Luca Fabbian/Shutterstock

A pocos kilómetros de distancia, sin perder de vista la costa oeste, llegamos a Galway, una ciudad bohemia y amable. No faltarán aquí planes para querer quedarse siempre un día más: desde explorar su corazón medieval a recorrer el paseo marítimo hasta Salthill o dejarse llevar por la animación de la música callejera o la que suena entre las paredes de sus pubs. Galway es una ciudad que vive y respira música. Irlanda ha sabido conservar sus tradiciones, su cultura y su folclore a lo largo de los siglos y eso también es sostenibilidad. Y, por supuesto, uno de los mayores atractivos de este destino.

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