Irati, la selva sin fronteras

Un bosque salvaje y único, así puede definirse Irati. Decenas de especies vegetales y una gran variedad de fauna dan forma a esta foresta infinita enclavada en las comarcas de Aezkoa y Salazar, en la alta navarra.

Alfredo Merino
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Foto: ALFREDO MERINO

Una mañana, desde bien temprano, a setas. Excursión por el bosque desde la ermita de la Virgen de las Nieves hasta el pantano de Irabia. Paseo con toda la familia a la cascada del Cubo… aunque los retazos de historia, véase la fábrica de armas de Orbaizeta, o la torre romana de Urkulu, tampoco son mancos.

Hay, en fin, quien se decide por algo más reposado como un paseo por Ochagavía, Jaurrieta o por cualquiera de los pueblos de los valles de Aezkoa y Salazar rematado, eso sí, con una inmersión en una gastronomía que, como esta selva, es fronteriza entre la realidad y la ficción. Es difícil meterle mano a Irati las primeras veces que se viene a este bosque ancestral e inabarcable. La potencia de su oferta no deja disolver las dudas. Solo existe una certeza: se haga lo que se haga, nadie sale defraudado.

ALFREDO MERINO

Enclavada en las comarcas de Aezkoa y Salazar, situadas en la Alta Navarra, la Selva de Irati no quiere saber de fronteras y salta la muga, para adentrarse en los valles franceses de Cize y Soule. Sus habitantes llevan ni más ni menos que cinco siglos explotando esta foresta infinita, pero apenas se nota y su estado de conservación muestra el respeto con que han gestionado sus recursos. Unido esto a un ambiente que mezcla los aires que llegan del cercano Atlántico con los montanos que residen en el Pirineo da como resultado un bosque salvaje y único. Sin querer abrumar con datos, Irati está considerado el segundo hayedo de Europa occidental y el segundo abetal del continente.

Raul Ortega Marinas / ISTOCK

Humanizado y silvestre a la vez, Irati desborda una retahíla de marchamos y lábeles de protección ambiental. Los justifican las decenas de especies vegetales que conserva, desde la emblemática haya a una singular planta carnívora, y también la variedad de su fauna, con especies en peligro de extinción del estilo de osos, desmanes, musgaños, pitos negros, águilas reales, peregrinos y hasta los increíbles quebrantahuesos.

ALFREDO MERINO

Dicho esto, queda claro que Irati es destino de naturaleza de gran tonelaje. Algo apreciado en extremo en estos tiempos pandémicos, llenos de viajes cortos y aireados.

Venir aquí es, en cierta manera, saltarse esa frontera, para pasar a un mundo donde no cuesta diez pasos olvidarse de donde venimos. Excursionear, montar en una bicicleta todoterreno, hacer rutas botánicas, ornitológicas, seteras y de otras variantes naturalísticas son los principales vehículos para este tránsito.

No hay sitio suficiente en estas páginas más que para sugerir algunas de las posibilidades que ofrecen. No es posible sin embargo dejar de lado la otra pata del mundo de Irati, la de sus famosas poblaciones. Algunas de ellas tienen plaza fija en las listas recurrentes de los pueblos más bonitos, con encanto, singulares y demás perlas de las listas viajeras, como es el caso de Ochagavía y Orbaizeta, que analizaremos en unas líneas. Y la verdad es que no les falta razón.

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Sus hechuras de proximidad, esto es, arquitectura tradicional de elementos locales, teniendo muy en cuenta las circunstancias ambientales, muestran ese desprecio que muestra Irati hacia las fronteras, en este caso la que tantas veces separa la naturaleza del hombre. Aquí los pueblos no son otra cosa que una continuación del paisaje. De allí proceden sus piedras, vigas, paredes, tejas y maderas. Son edificios de recios muros de piedra, para aislar del frío; tejados inclinados y planos, para evitar la acumulación de nieve; calles estrechas empedradas, caseríos recogidos en una ladera o depresión soleadas.

Un puente fotogénico

Dos entradas tiene Irati en su vertiente navarra. Ambas son por sendas poblaciones, las de Orbaizeta (situada en la merindad de Sangüesa) y Ochagavía (esta también en la citada merindad de Sangüesa, en el valle de Salazar). Famosa la primera por su antigua fábrica de armas, la Real Fábrica de Armas y Municiones de Orbaizeta erigida en el año 1784 y a la que dedicamos un destacado especial en este reportaje, la segunda se apiña en torno al Salazar, que salvan sus barrios por uno de los puentes de piedra más fotografiados de Pirineos, un puente medieval que se conserva en perfecto estado.

ALFREDO MERINO

En las estrechas calles que suben a la iglesia de San Juan Evangelista (monumental obra con restos de la época medieval ―hacia el año 1200― y de los siglos XVI y XVII que guarda tres retablos renacentistas de considerable valor), de vez en cuando se descubre sobre cualquier fachada un escudo donde aparece el dibujo de un lobo. Este alude al nombre vasco de la villa: Nido de lobos. Pero que nadie tema por estos carnívoros con mala fama, ya no quedan en el valle, aunque pueden entrar dudas cuando se ve a algunos de ellos degustar las especialidades de la zona.

La ruta de los paisajes sonoros

Muchas veces las propuestas innovadoras basadas en la naturaleza son el argumento principal para conseguir un desarrollo sostenible y equilibrado en zonas apartadas y solitarias. Es el caso de los valles pirenaicos navarros y en particular de la llamada Selva de Irati, el segundo mayor hayedo abetal de Europa occidental. Una buena gestión pública, junto a pequeñas asociaciones de turismo, ha convertido a este bosque del río Irati en un lugar único para el turismo de naturaleza. La Asociación Turística Irati Orreaga (Roncesvalles) agrupa a pequeños empresarios locales que ofrecen rutas por el bosque, por el Camino de Santiago en Navarra, por el Pirineo, por el patrimonio artístico, cultural y gastronómico y alojamientos rurales para familias y grupos. Recientemente han implantado la sugerente Ruta de los Paisajes Sonoros, un increíble recorrido a través de los sonidos que evocan los lugares y las gentes que han habitado Irati-Orreaga a lo largo del tiempo. Mediante podcasts sonoros se presentan las zonas más destacadas de la región contadas por un anciano pastor de la prehistoria, por un cantero romano, por una mujer que regentó un hospital de peregrinos en el siglo XVI o por jóvenes que hacían de contrabandistas o de barranqueadores. También es destacable el proyecto Irati Bosque de Bosques, una iniciativa transfronteriza entre los valles de Salazar, situado en Navarra, y de Soule, ya en territorio francés, con el objetivo de valorizar juntos un territorio y sus recursos mediante la creación y mejora de productos y servicios turísticos de calidad.