Este invierno te enamorarás de Flandes y Bruselas

Porque una arquitectura de cuento late en el alma medieval de sus ciudades y recorrerlas, entre los canales y las altas agujas de sus monumentos, es emprender un viaje a su rico pasado y al mismo tiempo a su prometedor futuro. Y porque, sencillamente, es una de las regiones más bellas de Europa.

Viajar para Visitflanders
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Foto: Visitflanders

Al norte de Bélgica, haciendo frontera con los Países Bajos, está la región de Flandes. En un radio de apenas 50 kilómetros (que se pueden recorrer en coche, en tren o en bicicleta) se suceden Amberes, Brujas, Bruselas, Gante, Lovaina y Malinas, conocidas como las Ciudades del Arte, un claro indicativo de lo que podemos encontrar en ellas. Pero caminar entre sus monumentos, alzar la mirada hacia las afiladas agujas de su gótico florido o visitar sus museos es también un billete de regreso a la Edad Media. En estos meses de invierno encontraremos la belleza incontestable de la Navidad en Bélgica, de sus célebres mercadillos y la espectacular iluminación de sus plazas y edificios, pero también te enamorarás de otros de sus atractivos: 

 

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De sus siglos de arte

Si en algo ha despuntado Flandes a lo largo de la historia es en su acusada creatividad, producto de la mezcla cultural y su intensa vida comercial. Flandes cuenta con un legado cultural profundo y rico que se remonta a varios siglos. De aquí surgió la importante escuela flamenca de pintura. Durante más de 250 años, desde el siglo XV hasta finales del siglo XVII, Flandes estuvo en la vanguardia del mejor arte en Europa Occidental y fue la inspiración de las corrientes artísticas más populares de aquella época. Los artistas, conocidos por su destreza, creatividad e innovación técnica, convirtieron la ya rica y urbana Flandes en una de las regiones culturalmente más sofisticadas del mundo, con impresionantes obras tanto artísticas como arquitectónicas. Podrás pasear por el entorno histórico en el que vivió Rubens, atravesar los paisajes que inspiraron a Pieter Brueghel​ el Viejo y admirar sus pinturas en el lugar preciso para el que fueron creadas. La región ofrece una multitud de museos de primer nivel, galerías y centros de arte y un gran número de eventos artísticos a lo largo de todo el año. Entre muchas otras, este invierno podemos visitar el DIVA, el nuevo centro en el que se explica la historia y curiosidades del diamante en Amberes; o disfrutar del Festival cultural Amberes Barroco y seguir los pasos (y la obra de Rubens y los Maestros Flamencos); o del Festival December Dance en Brujas.

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De su innovadora gastronomía 

El amor por la comida está muy arraigado en el ADN de los flamencos. Viajando por su territorio descubriremos pronto que los belgas en general y los flamencos en particular saben cómo disfrutar de los placeres de la vida, muy especialmente de la buena mesa. La cerveza y el chocolate son, probablemente, los productos más célebres y también las patatas fritas, que se inventaron aquí en el siglo XIX. Pero la despensa flamenca ofrece también espléndidos mejillones, endivias, espárragos verdes, carnes y pescados que se ofrecen en infinidad de restaurantes. Con cerca de cien establecimientos con estrella Michelin, Flandes tiene una de las mayores concentraciones del mundo de restaurantes de primera categoría, pero también cuenta con una gran oferta para todos los bolsillos. Una joven generación creativa está insuflando vida a las tradiciones gastronómicas, con chefs jóvenes que están innovando en la cocina con locales comprometidos con la filosofía residuos cero, chocolateros están redefiniendo el clásico bombón y propuestas de comida callejera que están tomando las calles creando un ambiente cosmopolita que atrapa al viajero.

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De su cultura ciclista

En esta región se organizan numerosos eventos ciclistas que harán de esta tierra un paraíso para los aficionados a este deporte. Pero aquí las bicis son para todo el año. Su plana orografía está sembrada de carriles ciclistas que discurren entre la campiña, comunicando pueblos y ciudades, y cuya montaña más elevada alcanza los 287.5 metros. Flandes es ciclismo e invita a pedalear por los viejos adoquines de los antiquísimos cascos medievales, sortear los canales de puente en puente o elegir una de las muchas rutas bien señalizadas y con atractivos añadidos. Te sugerimos, por ejemplo, la ruta de la cerveza trapense, de 50 kilómetros, que discurre por los alrededores de Amberes y permite admirar un paisaje salpicado de molinos y castillos hasta llegar a la Abadía cisterciense de Westmalle, fundada en el siglo XII en el pueblo de Malle y que produce una excelente cerveza y un magnífico queso. Otra opción de las múltiples que hay, muy popular debido al idílico paisaje por el que transcurre, es la ruta de los castillos que nos lleva a visitar 10 impactantes fortalezas en 40 kilómetros.